El amor y sus demonios, de San Petersburgo al Cáucaso

El escritor y periodista carioca Bernardo Carvalho aterrizó en San Petersburgo como participante de un inusual proyecto, “Amores expresos”, una iniciativa del productor cinematográfico Rodrigo Teixeira. Al igual que otros dieciséis colegas brasileños, Carvalho escogió una ciudad del mundo para pasar allí un mes y escribir, antes de un año, una novela. El tema a explorar era el amor, la ciudad escogida tenía que servir de telón de fondo. Carvalho seleccionó la ciudad eslava porque sabía muy poco de ella y nada de ruso, de esta manera podría sentirse un completo extraño. El robo de su portátil durante los primeros días y el descubrimiento de “Vida y destino” de Vasili Grossman lo orientaron, sin querer, hacia un amor particular, el amor materno -personificado en el Comité de Madres de Soldados-, y hacia una forma de plasmarlo: un caleidoscopio de personajes confluyen en un punto, San Petersburgo.

El miedo y la extrañeza son generadores de sentido. Estos sentimientos son habituales cuando nos enfrentamos a una ciudad desconocida cuyo idioma, además, supone una barrera. Entonces la imaginación coge el timón. Este era, más o menos, el plan de trabajo de Ricardo Carvalho (Río de Janeiro, 1960) cuando llegó a su ciudad escogida en el proyecto “Amores expresos”: diecisiete escritores, diecisiete ciudades, un mes en el extranjero, un año de trabajo, diecisiete novelas. El hilo conductor: el amor y la ciudad seleccionada. En el caso de Carvalho fue San Petersburgo, y su primera intuición consistía en descubrir una historia de amor mezclada con algo terrible. Y encontró una primera pista en un libro de Anna Politkóvskaya

Antes de tirar del hilo tendido por la periodista rusa, Carvalho tuvo primero que enfrentarse a un contratiempo. Unos desconocidos lo siguieron por la avenida principal de San Petersburgo, la Nevski, y le robaron su ordenador personal a plena luz del día. El autor entró en pánico.

Por contrato no podía volver a casa. “El miedo es un motor creativo y literariamente permite medirse con la incertidumbre”, ha dicho Carvalho en la presentación de la traducción española de Hijo de mala madre que publica Edhasa.

Pero no todo fue negativo en la ciudad del norte. Descubrió un referente literario que guió la estructura de esta novela: Vasili Grossman. Le interesó de Vida y destino -primero con la lectura de la novela y luego en la adaptación teatral de Lev Dodin- que un gran número de personajes convergiera en un único punto espacial, Stalingrado. Él estaba en San Petersburgo, en el siglo XXI. La solución literaria pasaba por Chechenia.

Entre los libros que consultó Carvalho había uno de Anna Politkóvskaya que hablaba del Comité de las Madres de Soldados, una organización civil que se ha dedicado ha exigir transparencia y denunciar las condiciones de vida en el ejército ruso. Fue especialmente activa durante las dos guerras chechenas pero ha vuelto a hacer oír su voz en el actual conflicto con Ucrania. Una cosa son las afirmaciones y declaraciones oficiales y otra es la realidad de la acciones bélicas, los silencios también oficiales.

Esta organización, con sedes en distintas ciudades rusas, ha venido haciendo todo lo contrario: plantar cara al discurso oficial. “Las mujeres rusas son socialmente más activas y psicológicamente más fuertes que los hombres. En cuanto surge un problema, los hombres abrazan la botella”, declaraba una veterana activista, Valentina Mélnikova, a la Agencia Efe.

Para Carvalho, en el amor incondicional de las madres hacia los hijos está el fundamento de los grupos, los clanes, los pueblos, las naciones. Todo la estructura recae en el posesivo “mi” hijo, que lo diferencia de todos los demás y por el cual se está dispuesto a todo. El resto de hijos son una amenaza. Y ésta ha sido la lógica en muchas ocasiones en las relaciones internacionales o los conflictos étnicos, con la distinción entre los míos y los otros. Por eso Carvalho, en Hijos de mala madre, escogió situarse desde la perspectiva del caucásico, el “extranjero”.

Lo que despertó el interés de Carvalho por el Comité de Madres de Soldados fue la subversión del principio “el hijo propio por encima de todos los demás”. Lo que ha hecho esta incómoda organización no gubernamental ha sido romper ese vínculo viciado sobre el cual se ha sustentado el nacionalismo.

“Ser madre es un tipo de fanatismo “, ha declarado el escritor brasileño. Las madres de este Comité no sólo luchan por sus hijos, también por los hijos de otras madres, incluso no rusas.

Para la escritura de Hijos de mala madre, Carvalho se entrevistó con la presidenta del Comité de Madres de Soldados de Moscú, Valentina Mélnikova, y la de San Petersburgo, Ella Poliakova, y situó el escenario en la ciudad de Pedro I en las vísperas del tricentenario de su fundación.

Allí, dos mujeres se dan cita en un café después de treinta años sin verse. Rusia vive una guerra descarnada en Chechenia cuyas consecuencias se expanden como un virus, infectando a miles y miles de familias. Un puñado de esas historias personales se dan cita en San Petersburgo formando un complejo entramado de sentimientos ambiguos: una madre que vuelve a ver a un hijo repudiado, otra se enfrenta a la muerte del suyo, una más cruza todo el país para rescatar al hijo... instinto, culpa, valentía ciega, cualquier sentimiento es útil para ponerse en acción ante una situación que las desborda.

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Fuente: Adriana Vichi

Bernardo Carvalho

Bernardo Carvalho. Nació en Río de Janeiro en 1960. Es periodista, traductor y escritor. Fue corresponsal en París y en Nueva York del diario Folha do Sao Paulo. Ha publicado obras de teatro y novelas, entre ellas Aberración (1993); Onze (1995); Nueve noches (2002, Edhasa 2011) ganadora del Premio Portugal Telecom; Mongolia (2003), ganadora de los premios APCA y Jabuti y Reprodução (2013), que será publicada en 2015 en esta colección. Sus libros están traducidos al español, inglés, francés, alemán, sueco, griego, islandés, noruego, italiano, serbio y esloveno.

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