Diccionario de 2014: balance léxico del año

Dibujado por Niyaz Karim

Dibujado por Niyaz Karim

A finales de año se suele hacer balance. Intentemos, pues, hacer un balance, por así decirlo, lingüístico. ¿Qué nuevas palabras y expresiones ha traído el año saliente a la lengua rusa? ¿Qué giros lingüísticos recordaremos?

En la red social Facebook, hace tres años que existe un grupo que lleva por nombre “El diccionario del año”; y sus miembros (más de 500) suman esfuerzos cada mes para componer las listas de las palabras más destacadas, esas que son el centro de la atención pública y están en boca de todos.

El tema dominante de este año han sido los acontecimientos en Ucrania; y por eso, en el “Diccionario del año” han entrado algunos topónimos: Crimea (donde en marzo hubo un referéndum sobre su independencia), Odesa (donde el 2 de mayo se produjeron acontecimientos trágicos que se cobraron numerosas víctimas) y Novorossiya (nombre histórico general para designar las regiones del Sudeste de Ucrania).

El "derivado" más popular a partir de un nombre geográfico fue la expresión "Crimea es nuestra" (Krym nash), que nació después de la anexión de Crimea a Rusia. Enseguida pasó a formar una sola palabra, convirtiéndose en una especie de meme, y ya en abril se incluyó en el “Diccionario del año” la variante krymnash.

La declaración “Crimea es nuestra” conlleva una valoración positiva de este acontecimiento por parte del hablante; el neologismo krymnash pasó a expresar más bien la relación irónica respecto a este concepto por parte de los adversarios de la anexión de Crimea. Entre los que consideran que la anexión de Crimea a Rusia fue un error domina una actitud de resignación sarcástica. “Los precios suben, pero Crimea es nuestra”, “en el país hay crisis, pero Crimea es nuestra”. Respectivamente, la palabra krymnash se convirtió en algo así como una etiqueta negativa para nombrar a aquellos que se alegraron de este hecho histórico. Ahora es fácil oír la frase “Él es un krymnash” o “allí se reunieron varios krymnashi”.

En general, la aparición de etiquetas ofensivas y despectivas es una triste tendencia de este año que está a punto de irse. A los opositores ucranianos ya en el invierno pasado empezaron a llamarlos banderovtsi (en honor de Stepán Bandera, líder de los nacionalistas ucranianos que en los años de la Segunda Guerra Mundial luchó contra la Unión Soviética), y para referirse a la oposición rusa en marzo aparecieron términos como “traidores nacionales” y “quinta columna".

En primavera, en Ucrania, se hicieron populares para designar a los milicianos del Sudeste las palabras “separatistas” y vátniki (de la palabra vátnik –chaquetón acolchado-, que se asocia con el uniforme invernal de Rusia).  Y en otoño los vátniki se convirtieron en el deshumanizado vata (guata). Esta palabra se convirtió para muchos ucranianos (especialmente en las redes sociales) en un término general para referirse a todo lo negativo que se atribuye al carácter nacional ruso: la inercia, la pasividad, la incapacidad para tener un pensamiento independiente.

Contra las “sanciones” (otra de las palabras de este año) económicas impuestas a Rusia se tomaron medidas a modo de reacción: por ejemplo, la restricción de importar productos alimenticios  de países de la Unión Europea.  Como consecuencia, en la lista de palabras del año entraron “parmesano" y "jamón": los nombres de estos productos, que han desaparecido de las estanterías de los supermercados, se convirtieron en algo parecido a una suerte de símbolo de las restricciones, que ha padecido ante todo la clase media rusa, ya acostumbrada al consumo de estos alimentos.    

Un ejemplo de préstamo, acompañado de una creación de palabra, ha sido la transformación en sustantivo del apellido de la representante oficial del Departamento de Estado de los Estados Unidos Jen Psaki: en mayo apareció la combinación léxica “psaki fresco", que se emplea para aludir a una información no del todo cierta a la que se le confiere el estatus de verdad incontestable, y en junio, apareció el verbo correspondiente psaknut (es decir, promulgar esta información).

Y todavía otra palabra, que tiene relación con la tergiversación de la información y la manipulación de la opinión pública, se convirtió en la líder indiscutible entre el resto de nuevas palabras de 2014. Nos referimos al préstamo fake, calco directo del inglés, y que significa “falso, fraudulento, falsificado, ficticio”. Los comunicados y las noticias televisivas, que deberían servir como prueba fehaciente de lo que ocurre, a menudo no transmitieron la realidad tal como era; sobre todo, tuvo que ver con la ilustración de diferentes episodios del conflicto ucraniano.  

Se ha difundido mucho también el género provocativo del fake, en el que cierta información originariamente fundada en hechos reales (y que por ello suscita confianza) deriva premeditadamente hacia el absurdo, y resulta que el destinatario que es capaz de creerse cualquier mentira. Justamente la palabra fake, por desgracia, puede considerarse una especie de símbolo del año 2014.

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