El cónsul, la profesora y cincuenta poemas de amor

Masha Diakovski. Dibujado por Albert Edelfet

Masha Diakovski. Dibujado por Albert Edelfet

Por primera vez se publican juntos y en edición bilingüe los poemas del intelectual granadino Ángel Ganivet dedicados a su profesora de idiomas, la rusa Dasha Diakovski.

Un joven diplomático español llega a Helsinki en 1896. Ha sido nombrado cónsul en la capital del Gran Ducado de Finlandia, dependiente del Imperio ruso. De Amberes, donde ha ejercido cuatro años como vicecónsul, ha hecho escala en Berlín, Königsberg y San Petersburgo.

En la entonces Helsingfors lleva una vida solitaria consagrada a la lectura y el estudio. Escribe para la prensa española las series Cartas finlandesas y Hombres del norte que descubren los países nórdicos a la España abocada a la crisis existencial de 1898.

“España es una nación absurda y metafísicamente imposible”, dice en una carta. El aprendizaje de idiomas es una de las causas de su destierro voluntario. Se ha acostumbrado a pensar en francés, domina el latín y el griego y ahora quiere aprender ruso, sueco y alemán. Gracias a esta habilidad desdobla sus ideas y sentimientos.

Lee en un anuncio clasificado: “Clases prácticas de alemán, inglés y ruso, a cargo de M. Bergmann, de soltera Diakovski”. La profesora es la joven viuda de un oficial de la marina rusa, Masha Diakovski, mujer bella, culta e independiente. El futuro alumno es el granadino Ángel Ganivet, predecesor para unos, miembro de pleno derecho para otros, de la Generación del 98. El autor de Idearium español se enamora de su profesora y le inspira un torrente poético incontrolado en francés. El poeta Manuel García firma la traducción y la edición crítica de Cancionero de Masha Diakovski.  

  Retrato de Ángel Ganivet

“Mi muy querida y bella viajera…”

“Masha Diakovski era una gran mujer que quiso ser (y fue) musa de intelectuales –explica Manuel García a RBTH-. Lo fue del pintor Albert Edelfelt y del también pintor y actor ruso Aleksandr von Heirot, con el que se casó y tuvo un hijo. Sus otros dos maridos fueron importantes escritores y periodistas gracias a los cuales entró en contacto con el mundo artístico europeo.

Pero también fue una mujer de ideas feministas. Tocaba el piano de forma profesional, tradujo literatura y escribió teatro”. Esta independencia y cierto desdén hacia Ganivet, acostumbrado a las conquistas fáciles, avivó más si cabe la curiosidad del granadino. Sus poemas y correspondencia dan cuenta del terremoto sentimental que originó Diakovski. “Pero sin pruebas documentales no sabemos lo que sintió ella por Ganivet: desgraciadamente en los minuciosos diarios de Masha, faltan apuntes sobre esa época”, comenta Manuel García.

"Poemas melancólicos y salvajes"

Conocí a una mujer de bondad tan cruel

a la que le gustaba liberar los pájaros,

pero que, con precisos recortes de tijera,

antes de liberarlos les cortaba las alas.

Lo que hizo inviable la relación de partida fue que Ángel Ganivet tenía ya pareja, Amelia Roldán. La valenciana de origen cubano era la antagonista de Dasha Diakovski. “Roldán era una morena de rompe y rasga, una belleza racial cubana, absolutamente dependiente y sumisa a nivel económico y social”, explica el traductor.

Las dos mujeres no se cruzaron cuando Roldán viajó a Helsinki para reunirse con Ganivet. El espíritu práctico de Diakovski puso punto final a seis meses de efímera relación con un viaje de seis meses por Europa. La escena de celos de Amelia Roldán al descubrir una fotografía de Diakovski enviada desde Montreux como parte de la correspondencia mantenida a escondidas hizo el resto.

Amelia montó en cólera, cogió a su hijo y volvió a España. “He traicionado a Amelia y Amelia me ha abandonado”, confiesa Ganivet a una amiga.

Poesía modernista e ignorada

Más interesante que conocer si el amor de Ganivet fue correspondido o no es lo que Diakovski suscitó en él. De ello dan prueba su abundante correspondencia y este ciclo de poemas, todo perfectamente fechado.

“Los poemas se publicaron sueltos en distintas revistas y publicaciones universitarias con cuentagotas, sin llegar a recogerse en un solo volumen como hemos hecho hasta ahora”, comenta Manuel García, cuyo trabajo de recopilación y edición ha requerido tres años de buceo bibliográfico.

Los cincuenta poemas de amor que la editorial Point de Lunettes ha recogido con el título Cancionero a Masha Diakovski, reflejan todo el proceso íntimo del poeta accidental: enamoramiento, ruptura, recuerdo y melancolía.

“Estos poemas –opina su traductor- rompen con la estética patriótica del 98 que ha marcado la lectura de Ganivet y lo sitúan en un ámbito más europeo y modernista en la honda de José-María Heredia y Paul Verlaine”.

A pesar de su inexperiencia como poeta, más cómodo en el territorio del género ensayístico que, junto a Unamuno, inaugura en España, Manuel García destaca que “las ideas y los impulsos poéticos son magníficos”, repletos de “seducción, combate y desahogo, de violencia, incorreciones y reproches, así como de una importante tensión erótica”.

Y es que la imagen de gravedad existencialista de Ganivet parece no casar con al romanticismo parnasiano y arrebato adolescente que aflora en este poemario, cuyo único fin es enamorar a una mujer. No lo consiguió en vida pero sí en la literatura.

Mis caricias son fuertes y tan frágil

es tu cuerpo, que vivo con el miedo

de que hacerte feliz completamente

será hacerte morir entre mis brazos.

“La breve relación con Masha revolucionó espiritualmente a Ganivet hasta el momento de su muerte. Nos consta que en los últimos libros que publicó estuvo traduciendo al español algunos poemas dedicados a Masha en francés para incluirlos a su novela Los trabajos del infatigable creador Pío Cid, además de incorporarla  como personaje (la duquesa doña Soledad de Almadura), con escenas de amor apasionadas entre Pío Cid (Ganivet) y la duquesa. Ganivet nunca pudo olvidar a su musa nórdica”.

Una historia y dos destinos

Ganivet se suicidó dos años después en las plomizas brumas de Riga, su siguiente destinación diplomática en la entonces tercera ciudad más importante del Imperio ruso, después de San Petersburgo y Moscú. Se lanzó dos veces al río Dvina por razones todavía desconocidas. Al principio se creyó que fue un atentado porque en sus cartas decía que lo espiaban. Luego se ha contemplado que la causa del suicidio fue una mezcla de desesperación por una parálisis progresiva recién diagnosticada y los celos por las infidelidades de Roldán.

Esa mañana, precisamente, iba a su encuentro. Tenía que cruzar el río en un pequeño barco para ir de su residencia al centro de la ciudad. Cuando la embarcación alcanzó el centro del río, de repente, se arrojó al agua. Aunque consiguieron sacarlo vivo, se soltó y volvió a tirarse con el resultado fatal. Los restos mortales fueron trasladados a Granada en 1925 y yacen en el cementerio de esta ciudad, junto a la misma lápida que tenía en Riga, escrita en cirílico.

Masha Diakovski, hija de médico ruso de origen polaco y madre alemana, continuó su vida al margen de Ganivet. Desde la súbita muerte del padre, se había acostumbrado a buscarse la vida y lo hizo sobre todo aprovechando su destreza con los idiomas.

Después de su primer corto matrimonio, del episodio con Ganivet y de otros amoríos, se casó con Wentzel Hagelstam en 1899, escritor que le abrió las puertas tanto de los círculos intelectuales europeos como de los nacionalistas finlandeses que conspiraban contra el zar ruso, razón por la cual la pareja tuvo que emigrar de Helsinki.

En uno de sus viajes para ver a su madre, Diakovski conoció al pintor ruso Alexander von Heiroth (Shura), con el que se casó en 1908. Vivieron en Florencia una vida bohemia no exenta de penalidades económicas. Este tercer matrimonio también se disolvió y, a su regreso a Helsinki, se casó con el empresario y escritor Arthur Travers-Borgström, de quien era su secretaria.

Como se lee en la introducción a Cancionero de Masha Diakovski, a la vista de los “cuatro matrimonios, tres divorcios y varios amantes a través de varios países, Ganivet parece una breve anécdota”. Sin embargo, el recuerdo del español no se extinguió del todo.

Con la colaboración necesaria de Masha, Wentzel Hagelstam publicó en dos ocasiones traducidos textos, cartas y poemas de Ganivet. “Además, ella guardó entre sus diarios y papeles con celo un cancionero con los poemas de amor de Ganivet le escribiera, un retrato del granadino y sus cartas”, recuerda Manuel García.

Más información en Point de Lunettes. www.pointdelunettes.com

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Las imágenes cedidas por la editorial Point des Lunettes