¿Por qué fracasaron los intentos de solución del conflicto en Ucrania?

Fuente: Reuters

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Desde que comenzó el conflicto en el este de Ucrania han sido varios los intentos de negociación entre los mediadores y las partes implicadas.

El cambio de Gobierno en Kiev, sucedido como consecuencia de las revueltas violentas del Maidán, supuso un varapalo para los ciudadanos rusófonos en la parte este del país.

La reestructuración gubernamental de los nuevos actores, proclamados en Kiev, supuso colocar en la parte más industrial y minera de Ucrania a determinados oligarcas que no fueron bien acogidos en esta región, típicamente obrera.

Para colmo, las primeras leyes que aprobaron en la nueva Rada Suprema (Parlamento ucraniano) estuvieron encaminadas a menoscabar el uso del ruso, un idioma ampliamente utilizado en el país, sobre todo en el este,  hecho que acabó por enervar los ánimos de sus ciudadanos hasta el punto de salir a la calle para pedir un modelo de Estado federal, en el que se tuvieran en cuenta sus intereses.

El Alto Comisionado de la OSCE para las Minorías Nacionales, ya advirtió a Ucrania de los peligros de adoptar este tipo de leyes que tendían a dividir a la nación cuando lo que tenían que hacer en palabras del organismo era unirla.

Sin embargo los planes del nuevo Gobierno en Kiev estaban lejos de la recepción de propuestas por parte de otras regiones. En seguida planificaron un modelo de Estado férreamente centralizado, a la manera jacobina francesa, donde no se observaba la más mínima autonomía para ninguna de las regiones que componen Ucrania. El conflicto empezó a estar servido a partir de entonces.

Estos ciudadanos del este de Ucrania empezaron entonces a ocupar edificios gubernamentales y ante la amenaza reiterada de desalojo por la fuerza, por parte de Kiev, comenzaron a armarse. Así comenzó todo… y así empezaron las armas a hablar.

Después de cierto desconcierto, las autoridades ucranianas, iniciaron lo que denominaron como una operación antiterrorista  contra sus propios ciudadanos, disconformes con las medidas puestas en práctica por su propio Gobierno.

Acto I. El inicio de la contienda

Las hostilidades dieron comienzo en abril con la entrada del Ejército ucraniano en las regiones donde la población se manifestaba contraria a las leyes del nuevo Gobierno improvisado, y como siempre suele pasar en todas las guerras, las primeras víctimas fueron civiles desarmados. A ello hay que añadir la fatídica masacre en Odesa en la que murieron más de 40 personas partidarias de las federalización  a manos de una multitud de exaltados nacionalistas ucranianos, que acabó por arrinconarlos, prendiéndoles fuego -la mayoría fueron quemados vivos- en la Casa de los Sindicatos de Odessa donde se resguardaron de los continuos cócteles molotov que les lanzaban los jóvenes proucranianos.

Presumiblemente, el Gobierno ucraniano pensaba que solventaría el problema de forma rápida, en ningún caso pensó que se iba a encontrar con una amplia resistencia organizada de forma efectiva y en tiempo récord; cuantos más civiles morían, más gente se alistaba tanto en las regiones del este del país como en Rusia donde a título personal y motivados por la hermandad en la defensa de un idioma y de una cultura compartida se unían a la causa.

Y en todo ello, Moscú no tuvo nada que ver, de hecho el Gobierno ruso dio muestras desde el principio de que un conflicto así en sus fronteras no interesaba a nadie, precisamente porque intuía que el precio a pagar podía ser muy alto. En cierta medida, se les escapó de las manos tanto como al Gobierno ucraniano.

Acto II. Referéndums y elecciones bajo el fuego cruzado

El 11 de mayo, siguiendo el ejemplo del pueblo de Crimea, los ciudadanos de las regiones de Donetsk y Lugansk convocaron un referéndum de independencia que fue apoyado por el 89% de su población, sin embargo ningún país, incluido Rusia, acabó por reconocer a los dos nacientes Estados.

El 25 de mayo y con el país totalmente enfrentado, se celebraron en Ucrania elecciones presidenciales que fueron ganadas por el llamado 'rey del chocolate' -en referencia al imperio de negocios relacionados con el dulce- del actual presidente Petró Poroshenko, renombrado oligarca ucraniano.

Apenas dos meses después de estos hechos la ONU sacó un informe en el que cuantificaba en 1.129 personas las personas muertas a causa del conflicto y tan solo un mes después en agosto era rectificado el numero hasta llegar a las 2086, casi el doble. Aún más, dos meses después esas cifras se volvían a duplicar y hoy suponen ya las 4.300 víctimas, cifra que previsiblemente aumentará en el próximo informe.

Acto III. Negociaciones frustradas

El primer intento de negociación tuvo lugar el día 17 en abril en Ginebra y participaron  los ministros de Exteriores de Rusia, Ucrania, EE UU y la UE donde se pusieron de acuerdo en Ginebra para mandar una misión especial de la OSCE con el objetivo de intentar reducir una posible escalada de la tensión, que visto con la perspectiva actual no obtuvo ningún resultado, ya que los víctimas mortales no pararon de aumentar desde ese momento hasta hoy.

Otros puntos acordados fueron el desarme de las milicias en Donbass, el respeto del ruso como lengua en el este del país y cierta autonomía que les permitiera a la ciudadanía de la región participar en los asuntos políticos que les afectasen directamente.

Sin embargo, Rusia pecó de ingenuidad al pensar que lo acordado iba a ser admisible para las milicias en Donbass, porque en cierta medida se otorgó a sí misma el derecho legítimo de representación de esa región ucraniana. El resultado fue que los acuerdos no fueron reconocidos por las milicias, que expresaron su rechazo a unas negociaciones en  que se hicieron al margen de ellas, actores esenciales del conflicto. Fue tan surrealista como, por poner un ejemplo, si en el conflicto israelí-palestino se hubiera pretendido firmar los Acuerdos de Oslo sin la firma ni la presencia de la representación palestina.

En septiembre se volvieron a reunir los mismos actores pero esta vez con una cuasi representación de las milicias. La no aceptación de las milicias como parte real en el conflicto implicó elaborar una estratagema "legal" que permitía su presencia en las negociaciones sin la admisión explícita de su reconocimiento como parte legítima implicada. Según Occidente y Ucrania lo contrario sería reconocer la existencia de ese Estado no reconocido a nivel internacional.

El resultado fue la firma de una tregua el 5 de septiembre que en la práctica no se cumple -todos los días hay enfrentamientos y muere alguien a causa de los ataques de uno y otro bando-. Otra negociación frustrada.

Si no se afronta de verdad una solución, mucho me temo que estaremos ante un conflicto enquistado, para que el lector se haga una idea valga recordar el estado de "guerra permanente" en el que se encuentran las dos Coreas que firmaron también hace 62 años un armisticio que selló de facto las fronteras en el paralelo 38.

Epílogo. Una propuesta para resolver el conflicto

Entre los problemas de los fracasos en las negociaciones está el considerar como mediadores a estados con claros intereses geoestratégicos en el asunto (EE UU, UE y Rusia), todos ellos no son imparciales sino partidarios de uno u otro bando. Este es el formato utilizado en el conflicto entre árabes e israelíes que ha mostrado una permanente ineficacia a través de su dramática historia.

Para resolver el dilema habría que aplicar una negociación a dos bandas Ucrania y Donbass con la mediación de un equipo de personas versadas en la resolución de conflictos y ampliamente avaladas por su absoluta neutralidad e imparcialidad, que fuesen aceptadas por ambas partes. Este es el modelo que permitió solucionar el conflicto del Ulster y es el único válido para una salida duradera a este contencioso.

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