5 frases del rock ruso que se han hecho populares en el lenguaje cotidiano

Dibujado por Niyaz Karim

Dibujado por Niyaz Karim

Ciertas frases de populares temas de rock ruso de las últimas décadas se han integrado en el uso corriente de la lengua. Cuando alguien quiere expresar una emoción fuerte (alegría, amargura, sorpresa) o explicar cierta realidad vital puede citar simplemente una de estas canciones y todos lo comprenderán al instante.

“Una generación de porteros y vigilantes” (Pokolenie dvórnikov i storozhéi)

En las décadas de 1970-1980 muchos músicos, artistas y escritores se negaban a comprometerse con el poder soviético y a seguir los dictados ideológicos. Preferían obtener un trabajo no cualificado, lo que les permitía disponer de más tiempo libre para dar rienda suelta a su creatividad.

Los puestos de trabajo más comunes eran los de portero, vigilante y fogonero de una sala de calderas. El horario solía ser dos o tres días libres por cada día de trabajo entero. Este fenómeno social se bautizó en 1987 gracias a la canción Una generación de porteros y de vigilantes de la banda Aquarium. Su líder, Borís Grebenschikov, sabía lo que cantaba. Él mismo trabajó como vigilante en la década de 1980. Y en su tiempo libre daba conciertos y grababa su propia música.

Fragmento de la película de Alekséi Uchitel, Rok, (1987)

“Todo va según lo previsto” (Vsio idiot po planu) 

Un auténtico himno de varias generaciones del movimiento underground de Rusia. El líder del grupo Grazhdándskaia Oborona, Yegor Letov, escribió este texto a finales de la década de 1980 como una expresión del absurdo anticomunista: “La llave para la frontera se ha roto por la mitad. Y nuestro padre Lenin está muerto. Se descompone en moho y miel de tilo. Y la perestroika continúa según lo previsto…”.

Es interesante que en la década de 1990, después del derrumbe de la URSS, Letov cambió radicalmente de convicciones políticas, pues abandonó el movimiento anticomunista underground para abrazar el anticapitalista. Con todo, la canción se convirtió en un símbolo de la lucha estoica ante cualquier “establishment”. Hoy la cantan también adolescentes en las calles, opositores en los mítines políticos y los viejos hippies en sus cocinas. La expresión “todo va según lo previsto” viene a corroborar una constatación amarga: “Nada depende de nosotros”. El “plan” al que se refiere Letov es la matriz de la vida política rusa.  

“¡Deséame suerte en la batalla!” (Pozhelái mne udachi v boiú!)

Esta frase pertenece a la canción “Gruppa krovi” [Grupo sanguíneo] de la banda musical Kino. Es otro “himno adolescente”, pero no social, sino más bien individualista, pues canta al heroísmo de la participación personal, de tipo “samurái”, durante una lucha noble: “Un grupo sanguíneo en mi manga, un número de serie en mi manga. Deséame suerte en la batalla, deséame suerte…”.

Es la frase que se suele decir cuando uno debe ir a hacer algo importante, decisivo, peligroso, a veces incluso perdido de antemano. Con esta canción acaba La aguja (1988), película de culto de Rashid Nugmanov, protagonizada por el líder de Kino, Víktor Tsoi. Interpreta el papel de una especie de Bruce Lee ruso. Apuñalado casi hasta la muerte por un mafioso, milagrosamente se pone en pie y empieza a plantar cara a los tipos malos con técnicas de lucha marciales.

El auténtico protagonista era lacónico, seguro de sí mismo, inflexible. Durante la cínica y nihilista década de 2000, el énfasis de finales de los años 80 tan característico de Tsoi fue objeto de burla de Serguéi Shnurov, líder de la banda Leningrad, que cantó: “¿Puedes callarte aunque sólo sean cinco minutos. O deséame muerte en la batalla. Grupo sanguíneo es mi canción preferida. ¡Y cuando estoy mal la canto!” 


Fragmento de la película La aguja.  

“Un auténtico indio se encuentra bien siempre, en todas partes” (Nastoyáschemu indeitsu zavsegdá vezde nishtiak)

El “auténtico indio”, de la canción de Fiódor Chistiakov, líder del grupo Nol, era en realidad un tipo ruso normal y corriente, que “necesita muy poco” y que siempre se siente bien: puede “fumar un cigarrillo” (para aclararse la cabeza) o “cantará sobre cierta hierba joven” y “agujas de pino y conos”. 

De todas las bandas rusas de la década de 1980, Nol fue probablemente la más atrevida; también la que expresó más vívidamente la esencia del carácter nacional ruso. Los críticos musicales comparaban a Fiódor Chistiakov con Jim Morrison. Es cierto: la música de Nol a veces recuerda el espíritu de The Doors, pero con carácter ruso. Otra frase popular de una canción de Chistiakov es “voy andando y fumo”. Se habló de ella hace un mes, cuando Rusia aprobó una ley que prohíbe fumar en lugares públicos.

“¡Qué dolor!” (Kakaia bol!)

La popularidad de esta frase es completamente ilógica. Hace algún tiempo, Chaif, una banda de Ekaterimburgo, escribió una canción reggae sobre un partido de fútbol del Mundial de 1998, con un estribillo simple que expresaba las emociones de los aficionados: “Qué dolor. Qué dolor. Argentina - Jamaica: 5-0”.

Los rusos se involucraron de una forma poco habitual con las pasiones futbolísticas de un continente alejado. El dolor de Jamaica se convirtió, de alguna manera, en el dolor ruso. Desde entonces la expresión irónica “Qué dolor” ha pasado a formar parte del léxico cotidiano.

Se emplea a menudo cuando la gente se queja de problemas insignificantes: “Estuve sin poder moverme por la congestión del tráfico durante una hora. Qué dolor”.

 

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