La distribución del cine ruso se limita a los festivales

Como viene siendo la norma, cuando un filme ruso se proyecta en España es porque el comité organizador de un festival o el responsable de un ciclo en una filmoteca o museo lo ha incluido en la programación. Si del circuito comercial dependiera solo se estrenarían títulos premiados en certámenes de renombre como Cannes, Venecia o Berlín. Por esta razón el espectador debe contentarse con unos pocos nombres consagrados internacionalmente como Alexander Sokúrov o Andréi Zviáguintsev. Para mejorar la visibilidad del cine ruso, la solución puede que pase por las plataformas digitales en streaming.

El director Andréi Zviáguintsev competirá en la sección oficial de la 67ª edición del Festival Internacional de Cannes, cuyo jurado preside la directora neozelandesa Jane Campion. Su cuarta película después de Elena, ganadora hace tres años en la sección Un certain regard, se titula Leviatán, una historia del santo Job en la Rusia actual.

Por muy ajeno que pueda parecer el argumento a priori para un español, es posible que tenga una pequeña cuota de distribución gracias a que se trata de un autor reconocido internacionalmente y con importantes premios en su palmarés.

El resto de directores, especialmente los noveles, tienen difícil el salto al circuito internacional. Su principal caballo de Troya son los festivales. Es la forma más efectiva de darse a conocer a un público especialmente receptivo a las nuevas propuestas y las filmografías de culturas ajenas a la suya. Tal es el caso de dos festivales que se celebran actualmente en España.

La cuarta edición del Festival de Cine de Autor que se desarrolló la semana pasada en la capital catalana con una selección del mejor cine independiente combinado con las más recientes producciones autóctonas.

El festival trata de ofrecer un panorama de la mejor narrativa audiovisual contemporánea que sirva a su vez como telón de fondo de la nueva filmografía estatal. En la sección “Talentos”, dedicada a los realizadores noveles y emergentes que pisan más fuerte, el equipo del festival ha incluido la película The Major, del director ruso Yuri Bykov, que también firma la edición, banda sonora e incluso aparece en una violenta escena de la película recibiendo una paliza por parte de la policía. Estrenada en Rusia en 2013, este título también visitó Cannes fuera de su sección oficial, y ahora se proyecta por primera vez en territorio español.  

The Major es un thriller que cuenta la historia de un episodio de corrupción policial que rodea el encubrimiento de un delito cometido por un oficial fuera de servicio. Serguéi Sobolev (Denís Shvedov), el oficial en cuestión, conduce su automóvil por las carreteras heladas del sudeste de Moscú en dirección al hospital donde su mujer está dando a luz.

Pero en el camino se cruza un niño de siete años que acaba siendo víctima mortal de su conducción. En lugar de atender al niño y a la madre que ha presenciado el accidente, Sobolev rapta a ésta y llama a uno de sus compañeros para que limpie la escena. A partir de entonces se desata una espiral de violencia en la que se involucran otros compañeros del departamento, que tratan de cargar el delito a la propia madre de la víctima.

 

Fuente: youtube / D'A - Festival Cinema d'Autor de Barcelona

En la capital española, por su parte, estos días se está celebrando el festival Documentamadrid 14, dedicado en exclusiva al género del documental.

En la sección oficial, entre las películas en competición encontramos un título ruso, Nepal Forever de Aliona Polunina, mención especial del jurado en la 8ª edición del Festival de cine de Roma y el Festival internacional de cine de la UNAM. Polunina escoge la comedia para tratar el comunismo en el siglo XXI.

 

Fuente: youtube / artdocfest

Dos miembros de la Organización no gubernamental “Comunistas de Rusia”, Serguéi y Víktor, como dos personajes quijotescos, deciden viajar hasta Nepal para intentar limar las asperezas entre las dos facciones, la leninista y la maoísta, del movimiento comunista de la región. Gracias a la apariencia de la historia como un gran gag es posible que el anónimo viaje a la utopía de estos dos convencidos y simpáticos comunistas petersburgueses no caiga en el anacronismo y los tópicos.

Es una lástima que estos ejemplos de la nueva cinematografía rusa estén circunscritos a un contexto tan determinado que sólo puede ofrecer unos pocos pases a los espectadores interesados. Una parte del público potencial puede que no se entere de la información acerca del evento o simplemente no pueda acudir dados los horarios, muy poco flexibles.

Puede que una de las soluciones para que la cinematografía rusa se dé a conocer en el extranjero sea impulsando su presencia en plataformas de cine en streaming, que abarataría mucho su distribución (la principal inversión se destinaría al subtitulado en los idiomas más importantes) y ampliaría enormemente el público, más allá de las grandes ciudades y las citas especializadas. Mientras, el espectador tendrá que seguir con atención los festivales y cuadrar su horario con el de sus programaciones.

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