La arquitectura como experimento sociológico

Estatua de Lenin en Tiraspol (Transnistria)

Estatua de Lenin en Tiraspol (Transnistria)

“The Communist Tenant” [El inquilino comunista] es el nombre genérico que Dani Sirvent, arquitecto y profesor de la Universidad de Alicante, ha dado a su investigación sobre la vivienda obrera con espacios colectivos integrados. Recopilando datos sobre el terreno, Sirvent se ha centrado en 42 edificios de 32 países distintos, la mayoría de ellos del antiguo bloque soviético, que muestran las distintas transformaciones de esta tipología nacida para “el nuevo modo de vida socialista”. El resultado es un libro y una tesis doctoral que recoge una aventura de 160.000 kilómetros de viajes.

The Communist Tenant es el resultado de cinco años de investigación. ¿El interés por el tema es anterior al inicio de su tesis doctoral?

La curiosidad viene de antes, después se concretó en una investigación académica. Mi adolescencia transcurrió en la década de 1980, cuando el mundo estaba polarizado en dos bloques. Todo lo que había más allá del Telón de acero era un gran misterio. Nadie me explicó qué sucedía realmente al otro lado, así que, poco a poco, empecé a completar ese gran puzzle de forma autodidacta. 

Creo que una tesis doctoral es, además de un trámite, una oportunidad para realizar una investigación de envergadura. No existe una única versión de lo que fue la Unión Soviética, es un concepto que se forma de manera distinta en la mente de cada persona. Así que decidí iniciar esta serie de viajes para formarme mi propia imagen. 

 

Moscú

¿Con qué apoyos ha contado? 

La mayor parte de las expediciones y de la investigación la he gestionado personalmente. He contado con una inestimable ayuda no académica como han sido la gente que, a través del couchsurfing, me ha abierto las puertas de sus casas y me ha mostrado su ciudad desde otro punto de vista.

El contacto directo con las personas de cada ciudad aporta un conocimiento que no se encuentra en los libros, de un valor incalculable. De alguna manera, gracias a esta red social, tengo varios 'corresponsales' en distintas ciudades del Este. Sin ir más lejos, estoy valorando la inclusión de otro edificio en Zagreb gracias a Tanja, una joven arquitecta a la que ni siquiera conozco en persona.

 

Interior de un edificio, Moscú

¿Y de los colegios de arquitectos?

Por supuesto, ha sido muy valiosa su ayuda para datos más técnicos. En concreto, gracias a la Unión de Arquitectos de Letonia localicé el proyecto original del Sanatorio Liva, situado en Ķemeri. Con la ayuda de la Unión de Arquitectos de Moldavia pude contactar al arquitecto Oleg Vronsky y entrevistarlo. Es el responsable de una impresionante pero olvidada torre de viviendas con espacios colectivos en Chisinau, actualmente en un estado ruinoso.

¿Hay una relación inequívoca entre el diseño de una vivienda y la manera de vivir en ella?

En el caso de la Unión Soviética existe una relación directa: el triunfo de la revolución de 1917 trajo consigo la oportunidad de aplicar 'un nuevo modo de vida socialista' con el objetivo de transformar la sociedad. A efectos prácticos sirvió para investigar el tema de la vivienda mínima obrera y crear nuevas tipologías basadas en la colectivización de la vida doméstica.

 

La Habana (CU)

Es así como surgió el modelo de las casas comunales, que mantiene un curioso paralelismo con el modelo occidental de hotel. Consiste en crear espacios individuales mínimos mientras que el resto de necesidades y funciones domésticas se realizan de forma colectiva. Pero este período de investigación no se extendió más allá de 10-15 años tras la Revolución. Con la llegada al poder de Stalin se abandona definitivamente el proyecto.

¿Cómo hizo la selección de edificios?

Mi tesis doctoral arrancó con el primer viaje a Moscú, cuando estudié in situ el edificio Narkomfin (1928-1930). Era curioso tener delante la archiconocida Unité d’habitation (1947-52) de Le Corbusier, en Marsella, construida dos décadas después pero al otro lado del Telón de Acero. Ambas comparten muchas similitudes formales y constructivas pese a haber surgido en un entorno socio-político tan diferente.

 

Sanatorium Liva, hotel de descanso cerca de Riga (LV)

Además, en visitas a Cuba de años anteriores descubrí en La Habana el bloque residencial SP-72 (1972), que compartía similares principios compositivos y tecnológicos. Con estos tres edificios creé un hilo argumental centrado en el estudio de la vivienda obrera con servicios comunes integrados a ambos lados del Telón de Acero, desde los primero prototipos de finales del siglo XIX hasta la crisis del petróleo de la década de 1970.

La lista se fue ampliando con edificios de las bibliografías especializadas y luego también con descubrimientos sobre el terreno. Ésta ha sido la vía más interesante, ya que me ha permitido recuperar edificios olvidados que no aparecen en ningún libro o revista pero que tienen un indudable valor.

Actualmente la lista la forman 42 edificios, dos de ellos fuera de Europa (Focsa y SP-72, en Cuba). El resto de estudios de caso en América se han excluido para una posterior ampliación del estudio, como el conjunto habitacional Pedregulho en Río de Janeiro, la unidad residencial El Paraíso en Caracas o la unidad vecinal Portales en Santiago de Chile. En España he incluido la Casa-Bloc y Walden 7 de Barcelona.

 

Moscú

¿Qué detalles ha encontrado en común a pesar de las distancias? 

El concepto existenzminimum [vivienda mínima para la clase obrera] se estudió en el famoso congreso CIAM de 1929, en Frankfurt, un foro internacional de arquitectura que tuvo una gran influencia. Los expertos acudieron desde ambos lados del Telón de Acero, por eso no es extraño que existan similitudes puesto que el denominado Estilo Internacional tuvo gran predicamento en los dos bloques sociopolíticos.

En el fondo los distintos modelos no se diferencia tanto. Lo curioso del asunto es el diferente enfoque que se dio para justificar estos modelos formales: si en los países socialistas el objetivo era influir en los modos de vida para adaptarlos a la ideología del 'nuevo hombre socialista', en los liberales occidentales esta tipología estaba destinada a los sectores más desfavorecidos de la sociedad y así mejorar las condiciones higiénicas de la viviendas.

 

Ciego de Avila (CU)

¿En los países satélites de la Unión Soviética se intentó dotar estas viviendas con algún rasgo autóctono?

Si bien existen pequeñas diferencias regionales propias del clima y la idiosincrasia de cada región, lo cierto es que los modelos de vivienda estaban muy centralizados y fuertemente sometidos a la serialización, sobre todo a partir de la década de 1960.

Las viviendas socialistas se repartían entre la población en base a unos estándares de superficie o metros cuadrados por persona. El Stroikom [Comité de construcción] diseñaba los distintos modelos que posteriormente se exportaban a todos los rincones de la Unión Soviética.

Eso explica el poco margen de maniobra y la tremenda uniformidad existente. El caso más conocido son las jruschovki. Por eso ha sido tan importante para mí los edificios que se salieron de la norma, que presentan características individuales, una historia alternativa. 

 

Narkomfin, Moscú (RU)

¿Qué falló en este modelo?

Al principio se quiso romper la estructura de la familia tradicional, considerada un fraude y una limitación para el desarrollo femenino, para establecer, en su lugar, una forma de vida en comunidad, relegando la privacidad de cada individuo a una pequeña célula habitacional. Este modelo se implantó solo en ciertos colectivos, como el de los estudiantes, uno de cuyos más importantes ejemplos es la obra de Iván Nikoláiev para el Instituto textil de Moscú.

Los responsables del Departamento de Estandarización del Stroikom, que empezó a percatarse del rechazo masivo hacia esta forma de vida, crearon los llamados “modelos de transición” a finales de la década de 1920, que pretendían ser un paso intermedio en el camino hacia la colectivización de la vida doméstica. Incluyeron cocinas pequeñas y aseos privados en células de 30-40 metros cuadrados. La mayoría fueron construidos en Moscú (Narkomfin, Dukstrói, Sabolovka, RZSKT…).

 

Corredor de acceso a habitaciones Sanatorium Liva, Kemeri (LV)

Con Stalin se abandonaron los experimentos sociales, es decir, fracasaron antes incluso de ser implantados, dada también la animadversión social a unos cambios tan profundos.

¿Cómo se perciben estos edificios hoy?

Un cuarto de siglo después de la caída del muro de Berlín, ahora son los propios habitantes de las ciudades y de estos edificios los que tratan de hacer una relectura, una revisión crítica de sus ciudades pobladas por construcciones de hormigón anodinos. En países como Polonia, Hungría o Eslovaquia el único contrapunto en su rehabilitación es pintarlos con vivos colores, quizás de una forma un tanto inocente. El resultado no es que mejore sustancialmente la imagen de estos barrios.

En lugares como Bulgaria, los procesos son mucho más anárquicos a los ya de por sí decadentes distritos de viviendas obreras.

 

Llegando al control policial de acceso a Poliske, (UA)

En zonas con pocos recursos como Rumanía o Ucrania, los bloques grises están cubiertos por una negra capa de polución, creando una intensa sensación apocalíptica que no invita al viajero neófito a adentrarse en los distritos periféricos de las grandes ciudades.

¿Qué encontró en sus interiores?

Descubrir los interiores fue la experiencia más interesante de toda la investigación. Incluso tuve la oportunidad de alojarme en ellos en Litvinov, Klaipeda, Kemeri, Budapest u Odessa y conocerlos de primera mano. Es muy interesante ver cómo un mismo espacio o tipo de vivienda puede generar atmósferas tan diferentes en función de la persona que lo habita. Esto confirmó una de mis hipótesis de partida: es el inquilino el que condiciona los modos de habitar en función de sus hábitos de vida y no la arquitectura.

  

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¿Cuál es el estado de conservación general?

El estado general es pésimo. La sensación es de estrechez y agobio: las viviendas son muy pequeñas, las estancias están repletas de objetos y, por lo general, suele vivir mucha gente en ellas. La falta de mantenimiento es evidente: muchos servicios domésticos no funcionan, las fachadas necesitan una reparación… pero no hay presupuesto para ello. 

¿Cuál es la percepción de los actuales moradores?

Me resultó especialmente curiosa la reacción de unos inquilinos de un gran bloque de viviendas tipo SP-72 en Pinar del Río, Cuba; al preguntarles sobre la impresión que tenían de su casa, si les gustaba, ellos no entendieron la pregunta. Tras mucha conversación, comprendí que nunca se habían planteado este tipo de preguntas, simplemente porque no pueden elegir su propia casa, sino que es el Estado quien se la asigna.

Los únicos parámetros que valoran son las dimensiones -en función del número de personas que viven en ella-, y su ubicación -más o menos alejada del centro-, pero no se cuestionan si su vivienda es mejor o peor, si les gusta más o menos, porque simplemente es la que les ha tocado y está fuera de su alcance el poder elegir, por lo que la pregunta carece de sentido en este caso.

 

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Todas las imágenes cedidas por Dani Sirvent

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