La plaza Manezh: la rueda del fuego y el dinero

A la plaza Manezh, no en vano, en la antigüedad la llamaban, 'el ombligo del mundo'. Y ahora precisamente en ese 'ombligo' se encuentra un círculo de hierro con una inscripción que reza: kilómetro cero. En todas las épocas la plaza ha representado el símbolo del éxito, el lujo y el poder. El pueblo le ha atribuido una fuerza misteriosa capaz de tanto enriquecer como de arruinar a cualquiera. La gente lo cree y los rituales mágicos que se realizan en este círculo atraen la riqueza.

En el centro de Moscú hay un lugar que puede traerle riquezas pero también arrebatarle todo . Haz click en la imagen para aumentarla. Fuente: Aleksander Vilf / Ria Novosti

Desde tiempos remotos esta plaza principal de la ciudad valía su precio en oro. Ardían fincas, las compraban, construían en su lugar otras nuevas, se arruinaban unos comerciantes y llegaban otros nuevos más exitosos y emprendedores. El dinero ardía aquí en el sentido literal de la palabra. En el mismo momento de su fundación, la plaza se hizo famosa por sus incendios. El fuego y el dinero se convirtieron en dos elementos inseparables del destino de la plaza organizados consecutivamente en una especie de círculo vertiginoso. 

En el siglo XIV este lugar reunía a comerciantes y artesanos. En el curso del día se realizaban miles de transacciones, el dinero pasaba de unas manos a otras. Parecía que una fuerza inexplicable hiciese gastar dinero a la gente, incluso en productos innecesarios.

Dramas amorosos e historias tristes, pasión, sentimientos, dinero y poder se entremezclaban en este territorio. 

Al lado de la plaza, en la calle Tverskaya se encontraba la residencia de una de las personalidades más brillantes del siglo XVII, el príncipe Golytsin. El lujo de sus palacios podía compararse al de los zares. Según los rumores, ahí tenían lugar las secretas citas entre él y la zarina Sofía. Cuando al trono llegó el joven Pedro, Sofía fue recluida en el monasterio de Novodévichi y al príncipe le arrebataron sus propiedades y lo expulsaron de Moscú. Pero no se fue sin pronunciar una maldición: “Pueden destruir mis posesiones, pero las llamas se apoderarán de todo”.

Se dice que la misma plaza obligó al príncipe a huir de este lugar. Se jactaba demasiado de su riqueza y guardaba excesivos tesoros. La plaza había ardido ya antes, pero desde entonces empezó a hacerlo con una fuerza especial. La ola de incendios destruyó todas las construcciones de madera de aquel entonces. 

En un tiempo existió ahí un auténtico cenagal y a menudo se veían hogueras que encendían los misteriosos habitantes del lugar. 

Fuego, dinero y caballos 

Según la leyenda, a la ciénaga situada justo delante del Kremlin, lanzaron  los tártaros, en venganza, el caballo preferido de Dmitri Donskói. El príncipe lo encontró flotando en el agua, degollado, y durante un tiempo el príncipe no salió por las puertas que daban a la ciénaga y asimismo lanzó al cenagal el oro recibido de los tártaros. La historia del caballo del gran príncipe quedó eternamente unida a este lugar. Desde ese momento, la plaza Manezh adquirió una especial fuerza energética que influye en el aura de la plaza y recibió el nombre de 'lugar de caballos'. 

El caballo en la Rus se consideraba símbolo de riqueza y éxito, así como también de destrucción completa. Por un lado, un domesticado amigo fiel; y por otro, un desenfrenado y fogoso corcel que arrasa lo que encuentra en su camino. 

También se habla de oro y otros tesoros de Iván el Terrible escondidos en los subterráneos bajo la plaza, riquezas que fueron conseguidas con métodos crueles y que proporcionan misteriosamente la afluencia y ausencia de dinero a la vez. 

Las estrellas de la cúpula del centro comercial de la Manezh no son casuales. Moscú se asocia con el signo de Tauro, el signo del dinero, de la actividad bancaria, todo lo relacionado con la acumulación de riquezas, Moscú es un centro económico y la Manezh es el centro de ese centro.

Fuego, dinero y caballos son tres símbolos de la plaza Manezh. 

El mismo edificio de la Manezh que dio nombre a la plaza, apareció en memoria de la victoria sobre Napoleón, en el lugar del incendio de 1812. Una obra magistral de la arquitectura de esa época, del ingeniero español Agustín de Betancourt. Un enorme espacio interior: 160 por 45 metros y ni una sola columna de apoyo, destinado a la doma de caballos y desfiles. 

La Manezh ha ardido en su historia dos veces. La primera en el siglo XIX y la segunda en nuestros días, en el 2004, durante la inauguración de Putin. Ardió por completo. Un año antes de esto, en el 2003, el fuego alcanzó otro edificio de la plaza, el hotel Mosková y ardió exclusivamente del lado que da a la Manezh. En 1997 hubo una explosión en el centro comercial subterráneo de Ojotny Riad. Y en el 2003 hubo otra explosión en el hotel Nacional al lado de la plaza Manezh. 

Para los astrólogos la plaza está programada para los incendios. La fecha oficial de inauguración de la plaza fue el 30 de noviembre de 1817, fecha en la que el sol se encontraba en Sagitario y Sagitario lanza fechas de fuego, así que tarde o temprano tendría que ocurrir. Y ocurrió el 14 de marzo del 2004. Se puede decir que de la plaza no quedó absolutamente nada. 

La inauguración de la nueva Manezh el 18 de abril del 2005 hace que se encuentre otra vez bajo la influencia del elemento del fuego. El sol de la nueva Manezh cae bajo el signo de Aries, también un signo de fuego. Consecuentemente, por una parte, esto conserva la antigua tradición. Un signo de fuego y otro signo de fuego refuerzan el potencial de la plaza, por lo que no se descarta un nuevo incendio. 

Hay otras presuposiciones sobre la fuerza destructiva de la Manezh y es que no lejos de ahí durante unas excavaciones se encontró una necrópolis en el territorio del antiguo monasterio de Moiséyev del siglo XVI-XVIII. Se encontraron restos incorruptos de los enterrados que se trasladaron a otro cementerio y los hábitos de los religiosos y las cruces al Museo Arqueológico. 

Según los parapsicólogos esto hizo que fluyera una enorme cantidad de energía negativa. Y las llamas no representan ninguna maldición, sino una salvación, afirman otros investigadores de fenómenos anormales. El fuego, realmente aparece en aquellos sitios impregnados de energía negativa, como si intentara limpiar el espacio del mal acumulado y malos pensamientos y acciones. Una sesión no es suficiente, por eso los incendios se repiten una y otra vez.

En las hogueras rituales de brujos y hechiceros prendían y traían ofrendas a las fuerzas superiores, oro, joyas y la cabeza de un caballo, pues se consideraba que proporcionaba riqueza y suerte. 

Hasta el día de hoy, la plaza recibe el nombre de 'lugar de caballos', todo está relacionado: el caballo favorito de Dmitri Donskói que se ahogó en la ciénaga, el comercio de caballos, el adiestramiento de caballos y la moderna decoración de la fuente con caballos.

Durante un tiempo en la Manezh existió una cuadra. Después de la revolución de 1917, sustituyeron los caballos reales por otros de hierro y se convirtió en un garaje. Y a pesar de la vigilancia continua de los coches y las periódicas revisiones técnicas, continuamente surgían problemas y tenían accidentes. Entre estos coches se encontraban los de los zares, incluido el coche preferido de Nicolás II en el cual fue, a su vez, arrestado. 

Hay cierto misterio y paralelismo entre el caballo de Dmitri Donskói, arrojado a la ciénaga, y el coche preferido de Nicolás II, que se encontró en el mismo sitio que el caballo, una vez arrestado el zar. Parece como si la plaza intentara advertirnos de que estos sucesos pueden repetirse cíclicamente.  El coche acabó en manos de Lenin. Y en el momento en que el líder del proletariado mundial se encontraba en el salón de coches, sufrió un atentado. 

Hasta el día de hoy, los caballos que pasan por la plaza Manezh, sienten el efecto del hechizo de este lugar y se dice que perciben una extraña sensación ultramundana.