La desaceleración económica frena al fútbol ruso

El brasileño Hulk, en un reciente duelo ante el CSKA. Fuente: fc-zenit-ru

El brasileño Hulk, en un reciente duelo ante el CSKA. Fuente: fc-zenit-ru

Ya no queda ningún equipo ruso vivo en competiciones europeas, después de la eliminación esta semana del Zenit y el Anzhi en octavos de final de la Champions y en la Europa League, respectivamente. Un resultado que viene a reflejar un cierto estancamiento del nivel del fútbol ruso, al menos puesto en perspectiva continental, después de varios años en franca evolución.

El motivo hay que buscarlo principalmente en el dinero. No es que el país esté en crisis, pero sí atraviesa una etapa de desaceleración económica, como reconoció el propio presidente Putin el pasado día 12, cuando anunció que el PIB había crecido únicamente al 1,3% en 2013, tras varios años moviéndose alrededor del 4%.

Dado que en Rusia la administración pública (ya sea local, regional o estatal) tiene un papel destacado en la financiación directa o indirecta del deporte, esa desaceleración en el crecimiento económico se ha reflejado necesariamente en las arcas de los clubes. Los presupuestos están congelados o en algunos casos directamente han menguado.

Otro motivo para el frenazo del fútbol ruso en Europa es que se ha dejado de fichar jugadores foráneos, que al fin y al cabo son los que más contribuyen de forma inmediata a la competitividad de los equipos. Después de varios cursos de adquisiciones lustrosas, como fueron Hulk, Eto'o, Willian, Witsel o Jurado, entre otros, de un año y medio a esta parte no ha llegado a la liga rusa ningún futbolista extranjero de renombre. Siempre habrá jugadores reticentes a mudarse a Rusia por prejuicios o por preferencias personales.

Pero en general la causa hay que buscarla de nuevo en la economía. Es norma del mercado que la cuantía de los salarios de los jugadores foráneos se estipule en euros o en dólares. Sin embargo, el origen del dinero con el que se paga es moneda local, el rublo, que se ha devaluado en más de un 20% en el último año.

Poniendo un ejemplo práctico, el sueldo anual de Hulk ha pasado de costarle al Zenit 200 millones de rublos a más de 250. Si sumamos la congelación de presupuestos a la caída del rublo, se puede afirmar que los clubes rusos han perdido no poca capacidad de contratación en el mercado internacional. Por eso, últimamente los principales fichajes de equipos rusos son cambios de cromos entre equipos de la propia liga nacional. Los latinoamericanos Ansaldi  y Rondón se mudaron del Rubin Kazán al Zenit. De las cenizas del Anzhi se alimentaron Lokomotiv y Dinamo. Román Shirókov, ha sido recientemente cedido al Krasnodar procedente del Zenit. Y así sucesivamente.

El caso paradigmático de esta desaceleración del fútbol ruso sería probablemente el del CSKA de Moscú, que pese a ser vigente campeón de liga y copa ha tenido que desprenderse de varios de sus mejores activos. Más que reducción presupuestaria al uso, el problema surge con el incumplimiento del contrato por parte de uno de los patrocinadores principales (la energética Rosseti, cuya publicidad luce en las camisetas), un convenio que para más inri fue firmado hace sólo diez meses.

La consecuencia es que el equipo ha tenido que (mal)vender a varias de sus estrellas: el japonés Honda y del brasileño Wagner Love salieron rumbo al Milán y al Shandong Luneng, respectivamente. Y al ruso Dzagoev, otro de los talentos que quedan en la plantilla, su agente ya le ha recomendado que vaya aprendiendo inglés, porque presumiblemente saldrá en verano. Lógicamente los resultados del equipo se han acabado resintiendo. Cayó fulminado en primera ronda de la Champions como último de grupo (no tuvo suerte en el sorteo, todo hay que decirlo), y en la liga nacional marcha quinto clasificado a siete puntos del líder.

El Zenit, por su parte, pasó de romper la banca del fútbol mundial en 2012 con los fichajes de Hulk y Witsel (que, por cierto, no están rindiendo al nivel esperado), a casi no fichar la temporada siguiente. Hasta suenan rumores de retrasos en los pagos de salarios en el club de San Petersburgo (recordemos, campeón de la UEFA en 2008).

Por otra parte el Anzhi, que era uno de los proyectos más ambiciosos y atractivos del fútbol ruso, se desintegró de la noche a la mañana. En su caso no tuvo que ver directamente con la desaceleración económica, sino con el hartazgo del dueño con la guardería en que se había convertido el vestuario. El dueño, el oligarca Kerímov, que de todas formas ha sufrido varios reveses financieros importantes en los últimos meses. Sea como fuere, la desintegración del Anzhi, colista destacado de la liga a día de hoy, contribuye también a la pérdida de competitividad del fútbol ruso en Europa.