La espeluznante calle Tverskaya

La calle Tverskaya de Moscú por la noche. Fuente: Archivo

La calle Tverskaya de Moscú por la noche. Fuente: Archivo

Tverskaya es la calle central de Moscú, en la que innumerables peatones y coches dejan sus huellas cada día. Pero esta calle, habitual en una gran ciudad, repleta de anuncios y lujosos escaparates, boutiques y restaurantes, esconde muchos enigmas extraños que le pondrán los pelos de punta.

Un buen día, en esta calle, se tomó la peregrina decisión de trasladar los edificios, y no precisamente piedra por piedra, sino de una forma mucho más original. Casas de varios pisos de un peso de miles de toneladas se levantaron de su fundamento y se desplazaron del sitio. Durante el proceso se le prohibió abandonar el edificio a la gente que se encontraba dentro. Lo que la multitud veía desde la calle produjo terror y a la vez entusiasmo. Lo veían como un milagro, pues con dificultad daban crédito a lo que los ojos presenciaban.

Y esta peregrina idea no podía venir de otro sino de Iósif Vissariónovich, Stalin, para los amigos. En 1935 se comenzó a efectuar el Plan General de Reconstrucción de Moscú con la intención de darle a la ciudad un nuevo aspecto más socialista. El primer objeto del complejo de reconstrucción era la calle Gorki, ahora Tverskaya, la que decidieron rectificar y ampliar. Las fachadas de los edificios debían ser de la misma altura y de un estilo homogéneo. Era imprescindible que la calle que conducía al Kremlin sirviera para los desfiles y fuera digna de ellos.

El creativo Iósif Stalin decidió que a ambos lados de la calle, se dibujaran dos líneas rojas que demarcaran el espacio que debía quedar libre para los desfiles, y los edificios que sobrepasaran esas líneas debían ser derribados o trasladados de sitio. Así de simple. Eran órdenes del caudillo de todos los pueblos y a nadie se le ocurrió discutírselo. No era fácil.

El arco de la casa número 6 en Tverskaya conduce a las dependencias del monasterio Savvino Storozhevski. Entre los residentes contemporáneos de Moscú son pocos los que conocen su existencia, pero en la Rusia anterior a la Revolución, este edificio fue uno de los más conocidos y venerados. Su pecado fue estar ubicado a la vista, a lo largo de la calle Tverskaya. Además, el edificio de las dependencias del monasterio no le gustaba especialmente al primer secretario del comité de la villa de Moscú, Nikita Jruschov. La fachada  estaba cubierta con azulejos de cerámica de colores y Jruschov era partidario de una arquitectura sin florituras. Durante la realización del Plan de Reconstrucción de la ciudad de Moscú, en 1938, insistió en que el edificio del monasterio de Savvino Storozhevski debía ser derribado. La razón: ocupaba demasiado sitio.

Al cabo de unos días, Jruschov, sumiso y entregado, cambia de decisión y decide que la casa simplemente se puede trasladar y no ve ningún problema en ello. Pero no llega a contar la verdadera razón de esta decisión.

Según cuentan, una noche se le apareció en sueños el venerable Savva Storozhevski, el cual le ruega que no derribe el edificio por lo que a cambio le ofrece y le promete éxito en la vida. Nikita Jruschov, no cree en las fuerzas superiores, pero aun así, sigue el consejo que le dan, pues sabe que según la leyenda, las predicciones de Savva se cumplen.

Finalmente, las dependencias del monasterio, no se demuelen sino que se trasladan a otro sitio. Durante unos meses, el sótano del monasterio Savvino Storozhevski  es una fiesta de fuegos, chispas y martillazos. Bajo el mismo fundamento del edificio, los constructores diseñaron doce largos canales en los que tendieron vigas y luego raíles. En las vías de los raíles colocaron tuercas de acero, resultando que el edificio permanecía sobre sus fundamentos solo en parte y el resto reposaba sobre una especie de patines de acero. Después de excavar doce canales, la operación se repitió. Y a la tercera vez, la casa definitivamente se levantó de su fundamento y quedó preparada para su traslado. Lo más importante era el movimiento sincrónico para realizar el traslado, para lo que había que calcular primero el peso de la casa. Y del peso dependía la cantidad de elevadores necesarios y la fuerza necesaria que había que aplicar. Y sin ordenadores, la cuestión, en aquel entonces, no era moco de pavo.

Para evitar el pánico entre los inquilinos les comunicaron que el traslado de la casa no estaba fijado y que incluso podía no llevarse a cabo.

Con el tiempo, a los propios residentes les empezó a parecer algo irrealizable, pues cómo iban a mover una casa de cuatro pisos aunque fuera medio metro. La noche del 4 de marzo de 1939 a las 2:40 de la madrugada un elevador de 20 toneladas se deslizó por los raíles bajo la casa en la que se encontraban en ese momento más de 500 personas.

Era muy importante que la base, sostenida bajo una plataforma, coincidiera con los raíles: cualquier error podía traer una desgracia. El edificio de un peso de 23.000 toneladas se separó de su base cincuenta metros, despacio y suavemente. Muchos de los habitantes se enteraron de este 'incidente' solo por la mañana. Al asomarse a la ventana no podían creer lo que veían sus ojos.

En total, en la calle Tverskaya se trasladaron una treintena de edificios y cada movimiento de casa representaba un espectáculo grandioso aunque la mayor parte de los trabajos tuvieron lugar de noche. Era algo insólito y casi fantasmal. Otros lo calificaron de milagro. Muchos de los que lo presenciaron no habían visto nada igual en su vida.

En la primavera de 1940 se planeó trasladar de su base una clínica oftalmológica. Este caso era más difícil de creer pues el edificio contaba con más de cien años. Tras la clínica se encontraba un edificio de múltiples pisos, por lo tanto, no solo debía moverse de su base sino además girar sobre ella más de 90 grados. La clínica existe hasta el día de hoy y de generación en generación se ha ido transmitiendo el relato de cómo se trasladó el edificio. Incluso durante el traslado se estuvieron llevando a cabo en la clínica operaciones y cuentan que nada se movió de su sitio, ni siquiera los recipientes que contenían líquidos. Los pacientes que pudieron ver el espectáculo por las ventanas casi se desmayaron. Se trataba de mover 30.000 toneladas. A pesar de lo increíble, se consiguió y el edificio se colocó en el nuevo emplazamiento previsto. Pasó de estar perpendicular a la calle Tverskaya a estar paralelo a la misma. Una realidad, pero un milagro. La gente, que conocía la clínica, quedó de un insólito perplejo cuando la vio 90 metros más lejos de donde estaba originalmente.

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Y no solo eso, sino que ocurrió algo mágico: algunos de los diagnósticos de los pacientes antes y después del traslado del edificio resultaban diferentes. En algunos casos la operación ya no era necesaria. Y algunas enfermedades se habían curado por sí solas. Cuentan incluso que durante la Gran Guerra Patria, en Rusia, la clínica siguió funcionando como clínica oftalmológica y con sorprendentes éxitos. Casi el 90% de los soldados salían de la clínica completamente sanos. Incluso los ojos se curaban de las enfermedades más graves. Y no solo gracias a la maestría de los médicos. Parece que sin planearlo, la clínica se movió a una ubicación que, por alguna razón, provocaba estos éxitos en la curación.

El cambio de ubicación de los edificios que se trasladaron en la calle Tverskaya influyó en el destino de sus residentes, pero en algunos casos la vida de los residentes de las casas trasladadas no cambió a mejor, sino que su convivencia pacífica se ensombreció. Algunas casas no pudieron ser trasladadas y no todas las que se trasladaron cambiaron su energía a positiva.

Un extraño cambio lo experimentó el edificio más relevante de la calle, el Ayuntamiento de Moscú, entonces llamado Mossoveta. En 1939 el edificio del Mossoveta era de tres pisos y no de cinco como ahora. El traslado no fue fácil, se movió junto con el sótano. Los raíles para moverlo se instalaron a 4 metros de profundidad. En 41 minutos el edificio se movió 13 metros y ocupó su nueva ubicación. La misma en la que se encuentra ahora. Después de mover el edificio, en el obelisco de la revolución de Octubre, con la estatua de la libertad que estuvo situado durante más de veinte años en la plaza Sovétskaya, como se llamaba entonces, ahora, plaza  de Tverskaya, empezaron a aparecer grietas. El obelisco requería una reforma urgente pero decidieron no hacerlo. El 21 de abril de 1941 derribaron el monumento: no armonizaba con la estética de la plaza. Y en 1954 apareció en la plaza ceremoniosamente otro monumento, Yuri Dolgoruki, el fundador de Moscú. Pero... ¡Ay! No todo podía ser perfecto. En cuanto los moscovitas empiezan a acercarse al monumento, ante ellos apareció una amenaza inesperada. Los viejos bolcheviques e historiadores del partido acosan al Mossovet con la petición de liberar a la plaza de la capital socialista del monumento de un representante de las clases explotadoras. Se pidió trasladar al príncipe Dolgoruki a la plaza cercana al monasterio de Novodévichi. El callejón Stoleshnik que iba a dar a la plaza del monumento hoy en día está dividido en dos partes, la lujosa y chic y la de los mendigos; la lujosa llena de boutiques de renombre y la parte de los mendigos rodeada de casas decadentes y medio en ruinas.

El Ayuntamiento de Moscú y el monumento a Yuri Dolgoruki. Fuente: www.strani.ru

No solo el traslado de los edificios resultó ser la causa de insólitos casos en Tverskaya y sus callejones. El cambio de lugar de uno de los monumentos más legendarios de Moscú a su vez influyó en la relación de los residentes hacia él.

El monumento a Pushhkin es el lugar de encuentro más popular entre los moscovitas y los turistas, pero hubo un tiempo en el que el interés hacia él fue prácticamente nulo. En 1950 se tomó la decisión de trasladar el monumento por causas difíciles de determinar. Al cambiarlo de sitio volvió a ser uno de los lugares más visitados de Moscú. Las leyendas dicen que si los enamorados se besan al lado del monumento cuando el sol ilumina la figura del gran poeta de las letras rusas, les traerá alegría y tendrán una vida familiar larga y sin preocupaciones.

Monumento al poeta ruso Pushkin en Moscú. Fuente: liveinmsk.ru

El último edificio trasladado fue el Teatro de Arte de Moscú, MJAT. Hasta ahora se considera uno de los acontecimientos más insólitos de esta calle, lo que parecía increíble, se realizó. Pero no todos los edificios eran susceptibles de tal movimiento y los que movieron y cuyos inquilinos fueron testigos, no lo olvidaron nunca e incluso, en algunos casos, se convirtió en una tragedia personal.

Pero no teman, hoy en día, lo que se mueve es más bien el tipo de negocio que alberga cada local. Pueden pasear tranquilamente y entrar en cualquier edificio público de la calle Tverskaya que deseen, no se moverán del sitio, esperemos...