“El comunismo, una vez vencido, no fue enterrado sino colonizado”

Después del derribo del muro de Berlín, del que se cumplen ahora veinticinco años, el comunismo se ha convertido en un fantasma que recorre Europa. Derrotado en el plano político, y casi como una venganza, el espectro de la otra mitad del antiguo sistema bipolar se ha refugiado en una dimensión estética mucho más cómoda y su aura exótica es explotada por el capitalismo, que la ha convertido en mercancía. Ésta es la tesis que defiende el ensayista Iván de la Nuez en su último título publicado, 'El comunista manifiesto'. “Después del fin de la URSS -se pregunta el autor de origen cubano- el problema ya no es que vengan los rusos, sino la incertidumbre de a dónde iremos a parar los occidentales”.

 Karl Marx en la cubierta del libro © Lázaro Saavedra

El ensayo El comunista manifiesto se publicó en octubre del año pasado y al mes siguiente estalló la crisis en Ucrania que, a fecha de hoy, sigue irresuelta. ¿Cómo sigue esta situación de enroque, que parece un viejo pulso Este-Oeste? 

Como puede imaginar, con mucho interés. Es una batalla entre la idea de Europa Occidental que sostiene la comunidad europea y la idea euroasiática de Putin, que viene siendo una Unión Soviética sin comunismo. Si en El comunista manifiesto hablo de una actualización estética del estalinismo, ésta lo sería desde el punto de vista estratégico.

Iván de la Nuez nació en La Habana (1964) y vive en Barcelona. Ensayista, crítico y comisario de exposiciones, fue el encargado de perfilar La Virreina-Centro de la Imagen, del que fue su primer director, y ha sido responsable de Actividades Culturales en el CCCB. Sus libros han sido traducidos a varios idiomas y entre ellos se encuentran La balsa perpetua, El mapa de sal, Fantasía roja. (Los intelectuales de izquierda y la revolución cubana), o Inundaciones. (Del Muro a Guantánamo: invasiones artísticas en las fronteras políticas). Sus proyectos de exposición –como La isla posible, Inundaciones, Parque humano, Banquete: Metabolismo y comunicación, Postcapital, Atopía o la retrospectiva de Joan Fontcuberta– han tenido asimismo una notable repercusión.

En todo caso, es casi obvio que un presidente ruso salido del KGB crea que es posible recuperar aquella esfera de influencia. No sé si es más preocupante la pujanza postsoviética o la debilidad de la Europa Occidental. 

Eugen Ruge, autor de En tiempos de luz menguante, ha comentado que los ciudadanos de la Alemania Oriental intentaron en un principio olvidar pero que ahora han empezado a reflexionar sobre su identidad, algo que quizá haya motivado en parte esa vuelta al Este por la vía de la estética. Como ha escrito en su ensayo, los hechos son tozudos tanto como los desechos. 

Que los hechos son tozudos es algo que decía Lenin. Lo que yo añado es que los desechos, entre ellos las ruinas, también lo son: al final se imponen sobre cualquier teoría. Algo de eso define ese revival del Este como una estética. Aunque por debajo de la melancolía lo que sucede es también una cierta humanización de todo aquello. Y una especie de nostalgia bucólica por un mundo manual, pre-digital, que se viene abajo con el comunismo. 

Cuando alude a la experiencia estética del Este cita como ejemplo el boom de las exposiciones sobre el arte y el diseño soviéticos, con un interés renovado. En cierto modo, ¿no es algo natural después de que hayan estado tanto tiempo en la sombra? 

Tiendo a sospechar bastante de lo que parece 'natural'. Como dice, es curiosidad, pero también oportunidad. Antes sólo unos privilegiados podían ver lo que pasaba al otro lado del telón de acero. Hoy, son millones los que pueden hurgar allí, buscar en Google y pasearse sobre las ruinas o riquezas del imperio derrotado. Como quien visita un museo, un viejo campo de concentración nazi, una ciudad de la antigüedad o un parque temático. No hay que olvidar, por otra parte, el saldo de patrimonio cultural que se amasó bajo el comunismo, en el que podemos encontrar a un Malévich y a un Tatlin, a un Eisenstein y a un Tarkovski. 

Señala la “fascinación por las ruinas de una epopeya desproporcionada” a partir de muchos ejemplos de recuperación del legado soviético por parte de artistas e investigadores. ¿Despiertan más curiosidad estas ruinas que las del capitalismo, desperdigadas por Detroit o por los países castigados por el boom de la construcción? 

A la gente de Occidente suele fascinarle las ruinas que no son las suyas. Detroit es un caso especial y ha atraído el interés de bastantes artistas. Existe un impresionante trabajo fotográfico de Stan Douglas. Y la verdad es que allí, además de las ruinas físicas, uno encuentra una ruina simbólica (Detroit como la meca de la industria automotriz), o una ruina cultural (Detroit como la meca de la Motown y la música negra). 

El comunismo vencido lo que hace es proporcionarnos, como nunca antes en la historia, unas ruinas en tiempo real. Ruinas de un imperio vencido cuyo tótems tecnológicos no pueden enchufarse en el resto del mundo. Más que por obsolescencia, son ruinosos por incompatibilidad. 

El hecho de que una parte de la población y de la intelectualidad europea mirara para otro lado por lo que respecta a las sombras de la utopía comunista, ¿ha facilitado la fetichización del comunismo como mercancía? 

Desde luego, ésa es una parte importante del problema. 

 Iván de la Nuez, autor del ensayo 'El comunista manifiesto'. Fuente: archivo personal

Pero la fundamental, creo, es que esa fetichización procede de algo que no se nos ha dicho. Y es que el comunismo, una vez vencido, no fue enterrado, sino colonizado, y en el paquete entraron muchos activos, no sólo los culturales: desde el autoritarismo hasta el plutonio. Creo precisamente que la actitud del intelectual debería ser la de negarse a jugar con las cartas marcadas. 

¿Siguen las ideas utópicas del comunismo circulando con otras formulaciones en esta nueva etapa de defensa de derechos, vista la brecha enorme que se ha acentuado como nunca entre ricos y pobres, y todo ello en un nuevo contexto de control y gestión de datos personales? 

Estamos viviendo un emplazamiento del capitalismo clásico, que es el que no tiene máscaras. Un capitalismo que es, cada vez más, sólo para capitalistas y que ni siquiera hace ver que es bueno para todos, como ocurría en las décadas de 1950 a 1970. Este capitalismo que parte en dos a la sociedad va a crecer, pues sin Estados del bienestar no hay socialdemocracia ni clase media que valgan. El modelo económico es autoritario y el político también lo es. El triunfo de la seguridad sobre la libertad me parece muy peligroso y pone en entredicho la democracia occidental, que por otra parte resulta que es minoritaria en el mundo. 

La demolición del Estado del bienestar aparece como una de las grandes víctimas de la caída del Muro. Era la cara amable que se mostraba a la otra mitad para provocar el deseo de pertenecer a él. La lucha de la sociedad civil ahora es, precisamente, volver a recuperar lo desmantelado y desactivar los discursos que lo justifican. 

El fin del Estado del bienestar no será el último de los desmantelamientos. Primero fue el comunismo, después la socialdemocracia y no tengo dudas de que el próximo paso será un golpe muy frontal contra el liberalismo como lo entendemos hoy. Avanzamos hacia una implantación mundial del modelo chino, en el que democracia y mercado se han divorciado ante el aplauso de casi todas las superpotencias, las viejas o las emergentes. También avanza una especie de 'emiratización' de muchos países, con leyes para nativos y leyes especiales para inversores. Ése es el camino a la vista. ¿Se le podrá seguir llamando a eso capitalismo? 

Precisamente es en las formas contemporáneas del comunismo, como en China, donde los modelos se alían para convertir el sistema político en un engranaje todavía más refinado. ¿Adaptarse o morir? 

El comunismo se parece más al capitalismo de lo que solemos creer. En uno se sublima el Estado. En otro se sublima el Mercado. Pero ambos son latencias de una pugna entre dos modelos de llevar a buen puerto eso que una vez llamamos modernidad. Los dos creen, asimismo, en el valor de las doctrinas, aunque en uno prime la mercancía y en otro la ideología. Ése es el motivo de mi afirmación de la caída del muro hacia el capitalismo, pues éste pierde el paso sin su pareja de baile. La confirmación la tenemos en China y en otros países emergentes, que serán las potencias del siglo XXI. 

También el terrorismo islámico, que ya no plantea un conflicto basado en reglas de juego modernas, como la guerra, el pacto, la tregua, etc. Para combatir el comunismo, el capitalismo tuvo a la socialdemocracia, que en buena medida vino determinada por las luchas trabajadoras de todo un siglo. La socialdemocracia vendría a ser lo mejor de los dos sistemas. Pero lo que ha vencido es el modelo de China, que toma lo peor de ambos. La innovación de China no es el Estado autoritario y unipartidista, sino que eso case perfectamente con el mercado a gran escala. 

La investigadora Babette Scurrell ha declarado que el sentimiento de decepción posterior a la caída del Muro fue porque se esperaba una “tercera vía”. ¿Se siente nostalgia del sistema anterior o bien de ese momento en el que parecen posibles otras opciones? 

Es cierto que la decepción es hoy evidente. Incluso tiene un género para nombrarla, Ostalgia, la melancolía por la promesa que no fue. Pero igual de fuerte, o más, fue la euforia. La gente se ha decepcionado porque el comunismo totalitario fue sustituido por un capitalismo autoritario e insensible donde prima el mercado sobre la democracia. 

Salvo la perestroika de Gorbachov, no creo que se plantease en el Este un término medio. Cuando Occidente invade con terapias de choque o se permite disminuir su democracia porque ya no tiene al enemigo tras el telón de acero, la gente que vivió bajo el comunismo entra en un trauma importante. Aparte de que pasan de ser habitantes de un imperio a seres alojados en un mundo menor que tiene como máxima aspiración una Comunidad Europea que va perdiendo peso geopolítico a marchas forzadas. 

Cita recuperaciones literarias importantes procedentes del Este, especialmente Vida y destinode Grossman con su mensaje humanista. Sin embargo, se publican básicamente clásicos y poca literatura contemporánea. ¿Es exagerado pensar que la literatura rusa se puso hace poco de moda en España como una especie de exotismo? 

El 80% de la cultura actual está marcada por la frivolidad, así que no es descabellado unir el Eastern, la pasión por el Este de la cultura occidental, que yo describo con el exotismo del que habla Todorov o el orientalismo del que habla Said. Pero creo que hay que ser justos: recuperaciones como las de Vida y destino nos hablan de una preocupación sincera por el horror, por la zona sacrificial de las sociedades comunistas. No puede frivolizarse el Gulag en la Unión Soviética, la UMAP en Cuba, ni maquillar emplazamientos represivos de ese calibre. Y por eso es importante la recuperación del debate sobre lo siniestro. Pero, en todo caso, no estoy de acuerdo en universalizar aquellas experiencias, por mucho que expongan la condición humana. 

Hablando de cultura actual, ¿son el panfleto y las redes sociales una pareja bien avenida? 

Las redes sociales, como fin, no me interesan, como tampoco el ciberfetichismo. Sublimar el medio, o el soporte, no es una política en sí. ¿Las redes como canal idóneo para el panfleto? Sí, pero también ha tenido mucho éxito en la edición tradicional en papel, como nunca antes creo. De hecho, desde el punto de vista del tanteo que representa todo ensayo no panfletario, es más interesante la existencia de esas redes desde las que se puede testimoniar o compartir o discutir el proceso de su escritura en tiempo más o menos real. Es lo que hice con mi blog y con las ideas de El comunista manifiesto. 

En su ensayo afirma que lo que vende el panfleto es certeza y no duda. ¿Existe algún paralelismo con el discurso de los líderes? No me imagino a una figura como Putin vendiendo otra cosa que no sean certezas. 

Algo de eso hay. Aquí, en España, tenemos líderes -o cargos- que ni siquiera nos dan certezas, sólo incertidumbres.

En todo caso, no sé si eso, vender certezas, es lo que se le pide a los líderes políticos. En todo caso, es lo que no tiene que hacer un ensayista. 

El ensayo está repleto de anécdotas, datos, detalles de la política y de la cultura de masas que al alinearlos en el texto aportan nuevos significados. Imagino que después de poner el punto final se han quedado cosas en la recámara. Después de la lectura del libro, por ejemplo, al ver la película Gravity reparé en el detalle de que todos los problemas a los que se enfrentan los astronautas norteamericanos están causados por la basura espacial rusa. Más desechos          

Después del punto final me han perseguido más datos o eventos, algunos ciertamente extravagantes. Apunto dos: Richard Branson, el multimillonario fundador de Virgin, se disfrazó de Che Guevara para vender teléfonos móviles por las calles de París, y luego, en la casa de subastas británica Dreweatts & Bloomsbory se subastó la camisa ensangrentada de Orwell, herido en la Guerra civil. 

¿Qué le pareció la polémica de la publicidad de Louis Vuitton en la Plaza Roja, el lugar donde se encuentra uno de los grandes paradigmas de la Rusia actual, la momia de Lenin? 

Lo de Louis Vuitton al lado de Lenin en la Plaza Roja es como la subasta de la camisa de Orwell o la emisión de una MasterCard con el rostro de Marx… Son buenos resúmenes del postcomunismo. 

 Para leer un fragmento de El comunista manifiesto haz click en la imagen

Cita de Marx que los hombres se parecen más a su época que a sus padres. ¿Se está diluyendo también el concepto de época? 

Lo que parece que no encontramos es la definición de la época que estamos viviendo. Pero eso es culpa de nuestra incompetencia, no de la época, que considero sumamente interesante. 

Recurre a Limónov para hablar del impacto del anonimato en la transición del comunismo al capitalismo. ¿Por qué? 

Limónov echa por tierra la idea de que el aplastamiento de la individualidad sea sólo un asunto exclusivo del comunismo. La normalidad capitalista puede también con ella, algo que Kafka ya puso en su sitio mejor que nadie. Pero lo más interesante de Limónov es que representa un fenómeno trágico. El de una contracultura que no tenía lugar bajo el comunismo y que es asimismo arrasada con el advenimiento de la transición poscomunista. Sueño con esa exposición sobre la contracultura bajo el comunismo.