Josepho, el emigrante ruso que inventó el fotomatón

Una historia de película que va de Omsk a Broadway.

 

Josepho en el fotomatón - publicada en 1928 en la revista Modern Mechanics

Las primeras noticias sobre máquinas fotográficas automáticas en espacios públicos datan de 1890 en París. Ernest Enjalbert la presentó en la exposición universal de la capital francesa, emplazándola posteriormente en el Jardin d’Acclimatation. El mago Bosco inventó un mecanismo similar y en 1893 la llevó a la feria de fotografía amateur de Hamburgo, paseándola después por varios parques de atracciones.

Estos prototipos duraban poco y sus daguerrotipos eran de mala calidad. De hecho, el modelo de fotomatón que conocemos ahora no fue inventado hasta los años 20… por un emigrante ruso.

Su creador fue Anatol Josephewitz (Josepho), nacido en Omsk en 1894 e hijo de una próspera familia de joyeros. Por entonces, las cámaras Brownie habían hecho la fotografía accesible para las clases medias. Fascinado por estos artilugios, Josepho compaginó sus estudios de ingeniería con la fotografía.

Con 15 años, ahorró algo de dinero y se fue a Berlín para aprender cómo hacer retratos y las nuevas artes de revelado. Después de encontrarse con varios norteamericanos, Josepho decidió probar suerte en Nueva York en 1912. Sin embargo, tras unos meses buscando trabajo sin éxito, volvió a Europa, abriendo un estudio de fotografía en Budapest.

Fue allí donde Josepho diseñó los primeros bocetos el fotomatón, y también donde le pilló la primera guerra mundial. Intentando volver a Rusia, el fotógrafo fue apresado en la frontera y puesto en un campo militar. Tras el armisticio, Josepho consiguió sobornar a un guardia húngaro, escapando de la prisión hacia Odesa. Desde allí intentó ir a Omsk y en el camino fue apresado otras dos veces más por el nuevo poder Bolchevique.

Finalmente se reencontró con su padre en 1920 y de Omsk emigró a Shangái, donde abrió un estudio fotográfico y perfeccionó los mecanismos del fotomatón. En 1923 vendió su estudio y emigró a San Francisco. Tras varios meses deambulando por Estados Unidos llegó a Nueva York con 30 dólares en el bolsillo.

 Foto del autor tomada recientemetne en un fotomatón

A partir de entonces vivió de pleno el llamado sueño americano. Después de conseguir un préstamo de 11.000 dólares (el coste de 5 casas), Josepho abrió el fotomatón en Broadway en septiembre de 1925, ofreciendo una tira de 8 fotos por 25 céntimos. 

Según las crónicas de la época, unas 2.000 personas al día pasaban por el fotomatón, siendo particularmente popular por la noche. Quince meses más tarde el empresario y político Henry Morganthau le pagaba un millón de dólares por la patente (equivalentes a 12.5 millones de dólares en la actualidad).

Josepho donó la mitad del dinero a obras benéficas y se casó con la actriz de cine mudo Ganna. En veinte años, el número de fotomatones en Estados Unidos pasó de 1 a 30.000, con un boom favorecido por los soldados que iban a la guerra y querían dejar una foto a su amada.

En la actualidad, las fotos analógicas de fotomatón se han vuelto a poner de moda. En gran medida, como reacción retro a la omnipresencia de dispositivos digitales de fotografía y conexiones a Internet.

Los fotomatones propician una experiencia colectiva y material, además de ofrecer fotos analógicas irrepetibles, inalterables y cargadas de cultura y sorpresa. Son además un escenario urbano, donde los que nos hacemos fotos ejercemos de actores, escritores y audiencia simultáneamente.

De acuerdo con la web Photobooth.net en Rusia sólo hay un fotomatón analógico funcionando en la actualidad, situado en el centro Winzavod de arte contemporáneo de Moscú. Con suerte, este artículo servirá para encontrar más.

Libros recomendados:

Chéroux, Clément 2012. Derrière le Rideau. L'Esthétique Photomaton. Paris. Actes Sud.

Goranin, Näkki 2008. American Photobooth. New York: W.W. Norton.

Kneen, Orville 1928. ‘Penniless Inventor Gets Million for Photo Machine’. Modern Mechanix November 164-168.

Pellicer, Raynal 2010. Photobooth. The Art of the Automatic Portrait. New York: Abrams Books.