Kolómenskoye: el tenebroso barranco de Veles

El museo-finca de Kolómenskoye, antigua residencia de zares rusos, es un lugar con una historia secular. Los visitantes de esta antigua finca en el centro de una megalópolis moderna no abandonan una inexplicable sensación: la de que en cualquier momento aquí, uno puede atravesar una ventana del tiempo. En el barranco de Veles, el lugar más misterioso de la finca de Kolómenskoye, el espacio se une y el curso del tiempo se ralentiza.

Fuente: Daria González

En el verano de 1571 una enorme tropa de jinetes tártaros asedió Moscú, y tras una cruel batalla, consiguieron salvarse y huir. Sin deshacer la lucha, la horda bajó por un gran barranco y desaparecieron. Y volverían, pero solo 50 años después...

En 1621 en Kolómenskoye, cerca del palacio del zar, apareció de repente una caballería tártara. Y realmente fue “de repente” porque los tártaros no se veían por estos parajes desde 1571. Apresaron a la tropa y el zar Miguel I de Rusia (Mijaíl Fiódorovich Románov) ordenó abrir una investigación. Durante los interrogatorios, los tártaros reconocieron, que para salvarse de las tropas rusas, habían descendido por el barranco de Veles, en el fondo del cual divisaron una extraña niebla verdosa tras la que consiguieron zafarse. Como resultó por las consecuencias, salieron de la niebla solo 50 años después.

Los investigadores modernos intentaron averiguar de dónde pudo salir esa tropa tártara con armaduras y uniformes antiguos, y no descartaron la existencia de mundos paralelos, en los cuales  es posible caer, lo que dicen que sucede ante liberaciones energéticas gigantes.

No se excluye que uno de esos puntos de transición en los que nuestro mundo se cruza con el paralelo se encuentre en Kolómenskoye. Por eso, la tropa de jinetes tártaros consiguió burlar todos los puestos de vigilancia. Se presupone que salieron de otra dimensión a espaldas de los guardianes del palacio. 

Kolómenskoye es un punto estratégico importante que protege del acceso a la ciudad. Por el norte, la finca está rodeada por pantanos; por el sur con barrancos; y por el este, por el río Moskova. Es casi invulnerable para el enemigo.

El barranco que la gente prudente hasta el día de hoy intenta evitar, se llama barranco de Veles. Desde una perspectiva aérea se ve bien la fractura gigante que cruza Moscú y pasa precisamente a través del barranco de Veles, y según los expertos, en los lugares donde hay fracturas geológicas suelen ocurrir sucesos anormales. A los antiguos habitantes de Kolómenskoye de hace 400 años no les parecían increíbles tales historias, sabían que los casos extraños en los barrancos no eran una excepción, sino una regla.

El nombre del barranco proviene del nombre de un antiguo dios pagano, Veles, el dios de la tierra, las aguas y del mundo subterráneo. En el fondo del barranco yacen dos piedras que servían de altar a este dios. Directamente bajo el barranco hay una profunda falla subterránea donde se encontraron huellas de actividad de antiguos volcanes. 

Una enigmática cultura

En 1864 hubo un sensacional descubrimiento, en el territorio de Kolómenskoye, encontraron huellas de una antigua civilización que existió en estas tierras, los diakovtses, cuyo nombre provenía de una aldea cercana, Diakova. Casi un siglo y medio de investigaciones sobre esta enigmática cultura trajeron más preguntas que respuestas. Se sabe que se dedicaron a la caza, a la pesca y a la artesanía. Pero lo más sorprendente es que no se encontró ninguna tumba, ni ningún tipo de resto humano. Parece que esta gente desaparecía misteriosamente o simplemente, se iban.

Ante este tipo de fenómenos anormales, dicen que una especie de niebla de color extraño es un indicador de transición entre los mundos paralelos. Y se supone que la niebla del barranco de Veles se tragó en medio siglo no solo a los jinetes tártaros sino a un pueblo entero, pues la ausencia de tumbas no es el único enigma de la civilización de los diakovtses. Estas misteriosas gentes vivieron en las afueras de Moscú casi 1500 años antes del siglo VII-VIII de nuestra era. Sin embargo, no hay ningún dato de los diakovtses en ningún manuscrito. La causa de la desaparición no se determinó. La única hipótesis es que los diakovtses encontraran la técnica de moverse en mundos paralelos y que no se dirigieran ahí casualmente, al igual que las tropas tártaras, si no completamente conscientes de lo que hacían.

Los diakovtses, asentados en las afueras de Kolómenskoye, no son el único pueblo que desapareció misteriosamente. El ejemplo más conocido es el de los mayas, los antiguos habitantes de México. Tampoco se excluye que el punto de transición entre las épocas lo conocieran también los antiguos romanos, e incluso algunos afirman que Kolómenskoye lo fundaron los legionarios romanos, pues en 1916 se encontraron inscripciones en latín.

Piedras curativas

Las piedras que se encuentran en el barranco de Veles reciben el nombre de piedra Caballo y piedra Doncella de un peso de algunas toneladas cada una. Según la leyenda, estas piedras se formaron como resultado del combate entre Jorge de Capadocia (Gueorgui Pobedanósets), patrono de Rusia, con el dragón. El dragón rasgó la tripa del caballo y las entrañas cayeron convirtiéndose en piedras, así se formó la piedra Doncella; y la cabeza del caballo, se convirtió en la piedra Caballo. 

Estos restos del caballo convertidos en piedra ya eran reverenciados desde los tiempos paganos, se consideraba que en ellos habitaban espíritus.  Aquí se llevaban a cabo rituales, se adoraba a las divinidades y les ofrecían sacrificios.

En nuestros días se considera que poseen una fuerza inusual. La piedra Caballo cura a los hombres y la piedra Doncella, las enfermedades femeninas.  Y además, cumplen los deseos y traen alegría, solo hay que aproximarse a ellas y atar una cinta en el arbusto más cercano.

Zonas verdes y rojas

En Kolómenskoye hay zonas de energía buena y otras que se diferencian de estas por poseer una energía oscura. En los lugares santos erigieron templos. La iglesia de la Ascensión, símbolo de Kolómenskoye es uno de los lugares más venerados del siglo XVII.

Del otro lado del barranco de Veles, se levanta la Iglesia de la decapitación de Juan el Bautista, construida en honor al ascenso al trono de Iván el Terrible. No se descarta que precisamente en los sótanos del templo se encontrase Liberia, la famosa biblioteca de Iván el Terrible con 800 tomos, entre los cuales, había obras de antiguos autores e  incunables libros mágicos.

Para determinar en qué tipo de zona nos encontramos, los chamanes utilizan una técnica antigua misteriosa mediante la cual entran en trance y localizan los flujos energéticos que emanan de la tierra. Estos flujos los determinan  por medio de reflejos de luz. Los destellos rojos son energía agresiva, pocos lo perciben sin recibir daños. Las zonas rojas no son agradables, se pueden sentir sin métodos chamánicos, simplemente agarrándose a un árbol. Las plantas también sufren por la acción de la energía oscura. De hecho, en esta parte de Kolómenskoye no se ha construido nada nunca. La fuerza de la energía negativa se pierde en las alturas, se debilita. Para los chamanes estas zonas se revelan a través del color verde. Son zonas propicias para la vida. La mayoría de los monumentos conservados de Kolómenskoye se encuentran en la zona verde cuya mayor parte está ocupada por la iglesia de la Ascensión y las puertas del palacio del zar. Y las zonas de color amarillo y anaranjado representan la fuerza de la vida, la cual, precisamente se concentra alrededor de la piedra Doncella. Sin embargo, el lugar por el que los tártaros entraron en el barranco de Veles, se determina como una zona roja, la zona más negativa.

El barranco de Veles en Kolómenskoye une mágicamente el pasado y el futuro, por eso, si de repente divisa una niebla verdosa, piénseselo tres veces antes de dar un paso adelante. Pues puede que desaparezca por mucho tiempo o puede que quizá para siempre...

P.D. Cómo encontrar el barranco de Veles y las piedras mágicas

Al caminar a lo largo del río Moskova encontrará un puente en el punto exacto donde un arroyo va a parar al río, formando una pequeña cascada. Aquí se encuentra la boca del barranco.  De la cascada sale un sendero que se extiende a lo largo del arroyo. 500 o 600 metros más adelante, a la izquierda, más o menos en medio de la pendiente se puede ver la piedra Doncella y unos 50 metros más hacia el fondo, yace la piedra Caballo.

También se puede bajar por unas escaleras de madera.