La responsabilidad compartida de Rusia y la UE en la seguridad internacional

Herman Van Rompuy, presidente del Consejo Europeo; Vladímir Putin, presidente de Rusia y Jose Manuel Barroso, presidente de la Comisión Europea. Fuente: AP

Herman Van Rompuy, presidente del Consejo Europeo; Vladímir Putin, presidente de Rusia y Jose Manuel Barroso, presidente de la Comisión Europea. Fuente: AP

En estos momentos en que las relaciones entre Rusia y la Unión Europea se ven empañadas por la situación política en Ucrania, ante la negativa de este país a suscribir el acuerdo de asociación con Bruselas, es importante recordar que la colaboración bilateral abarca múltiples cuestiones de interés común, como la cooperación en el mantenimiento de la paz y la seguridad allá donde los intereses coinciden.

El actual nivel de la cooperación

El marco general de cooperación en materia de seguridad y mantenimiento de la paz está claramente establecido, e incluye el Acuerdo de Cooperación y Asociación de 1994, el 'espacio común' de seguridad exterior de 2003, y la hoja de ruta de 2005 que lo desarrolla, con cinco áreas principales: lucha contra el terrorismo, no-proliferación de armas de destrucción masiva, refuerzo de los regímenes de control de armas, cooperación en gestión de crisis, y cooperación en la esfera de la protección civil.

A su vez, esos acuerdos se basan en principios como el multilateralismo eficaz, la cooperación regional, el establecimiento de una Gran Europa libre de líneas divisorias y basada en valores comunes, el respeto a los principios de la Carta de las Naciones Unidas y, como colofón, la creación de las condiciones externas favorables para asegurar la seguridad y prosperidad de Rusia y de la UE.

Por otra parte, las consultas políticas entre Rusia y la UE se desarrollan con regularidad en múltiples foros: en la Asamblea General de la ONU, entre el ministro de Exteriores Lavrov y la alta representante Ashton y los restantes ministros europeos, así como en las reuniones que mantiene el representante permanente de Rusia ante la Unión con el director del Comité Político y de Seguridad de la UE.

En el plano militar, existe un grupo de trabajo ad hoc en el que oficiales de ambas partes debaten sobre los aspectos prácticos de la cooperación en gestión de crisis. Un efecto adicional de estas reuniones es el contribuir a la confianza mutua, reforzada por actuaciones concretas como la participación de expertos rusos en la misión de policía en Bosnia (2003-06), el despliegue de un contingente ruso en la operación EUFOR-Chad/República Centroafricana (2008-09), o la actual interacción de los buques rusos con la operación EUNAVFOR-Atalanta de lucha contra la piratería marítima.

Los problemas en la relación

Pero la colaboración también arroja notables sombras. De entrada, Alemania y Rusia propusieron en 2010 la constitución de un Comité de Política Exterior y de Seguridad que, sin suplantar las competencias de los organismos actualmente existentes, fuera el marco en el que adoptar decisiones conjuntas en este ámbito, propuesta que no ha sido desarrollada.

Tampoco se dispone de un marco legal específico para la contribución de Rusia a las misiones que la UE desarrolle como parte de la Política Común de Seguridad y Defensa (PCSD). Moscú elaboró en 2012 un borrador bajo el largo título de 'Marco conceptual de cooperación entre la Federación de Rusia y la Unión Europea en la esfera de la gestión de crisis, incluyendo las operaciones de mantenimiento de la paz', pero las limitaciones que los Estados-miembro imponen a los negociadores comunitarios hacen difícil su aprobación.

El hecho es que esa indefinición tiene consecuencias prácticas. Así por ejemplo, en el mencionado caso de EUFOR-TCHAD/RCA, cuyo comienzo se retrasó varios meses por desacuerdos sobre la cantidad a pagar por la participación de los helicópteros rusos, la participación rusa finalizó en marzo de 2009 sin que la Duma y el Presidente Medvédev hubiesen aprobado oficialmente el despliegue, ante la falta de procedimientos legislativos ágiles y estandarizados.

Posibles soluciones

Las medidas ya citadas, como el Comité Político y de Seguridad y el acuerdo de cooperación en gestión de crisis, así como la intensificación de los contactos entre Estados Mayores y un marco financiero por el que la UE pudiera hacer uso de capacidades militares rusas de las que carece, como el transporte aéreo estratégico, son claves para el mantenimiento de la seguridad en un vecindario común cada vez más complejo.

Así por ejemplo, cabe recordar la siempre presente amenaza del terrorismo islamista, cuyas actuaciones han sido especialmente graves tanto en Rusia (Beslán 2003) como en la UE (Madrid 2004 ó Londres 2005). El reciente acuerdo sobre el programa nuclear de Irán es otro ejemplo de un reto en el que la UE y Rusia han ido de la mano, como también lo es la lucha contra el crimen organizado o la ya mencionada operación contra los piratas somalíes.

Si a ello se suma el progresivo desentendimiento de Estados Unidos de la región euroasiática, centrado cada vez más en Asia-Pacífico, se comprueba que la cooperación entre Rusia y la UE debería reforzarse. Pero en lugar de ello se constata una progresiva degradación de las relaciones en todos los ámbitos, que cabe achacar principalmente a las divisiones internas de la propia Unión.

Y es que mientras que los países de la vieja Europa (Alemania, Francia, Italia o España) son, en general, partidarios de una relación pragmática con Rusia basada en los muchos intereses comunes, los países del antiguo bloque comunista que entraron en la UE en 2004 (Polonia, República Checa, las Repúblicas Bálticas) adoptan posiciones obstruccionistas ante todo lo que proceda de Moscú, arrastrando al conjunto.

Por ello, y como ocurre en otros ámbitos, es posible que en el futuro inmediato proliferen las iniciativas de grupos de pioneros en la PCSD, en las que no participen los 28 Estados-miembro y que queden por tanto más abiertas a la aportación rusa. En el actual entorno estratégico, con crisis tan graves como la producida por las revueltas árabes, esa es una responsabilidad que Europa no puede seguir eludiendo.