De pipiolos a hipsters: nombres coloquiales para referirse a niños y adolescentes

Dibujado por Niyaz Karim

Dibujado por Niyaz Karim

A los niños pequeños les ponen apodos sus padres. Cuando crecen y se convierten en adolescentes, se unen a subculturas con sus propios nombres, sus propias reglas de comportamiento y su propia lengua.

La mayoría de apodos que los padres ponen a sus hijos nacen del amor. En las palabras “kroja” (criatura) y “maliutka” (chiquitín) se hace hincapié en el pequeño tamaño del niño, mientras que la palabra “karapuz” (“muñeco”) subraya su torpeza. También están las palabras “molokosos” (pipiolo, literalmente “que chupa leche”) y spinogryz (se sobreentiende que el niño “se sienta sobre el cuello” de los padres).

Por otro lado, algunos apodos suenan menos amorosos e incluso despreciativos: “sopliak” (mocoso), “schenok” (cachorro), shpingalet (literalmente “picaporte de la ventana”). Pero la palabra más neutral y extendida es “melki” (pequeño, menudo).

En la escuela a los niños se les iba distribuyendo poco a poco en diferentes grupos según sus progresos académicos. En Rusia a los que sacan un cinco (en un sistema de evaluación académica de cinco puntos) se les llama “otlichniki” (sobresalientes); a aquellos que van mal en los estudios, en cambio, se les denomina “dvoechniki” (de 2) y “troechniki” (de 3), es decir, estudiantes rezagados y alumnos regulares, respectivamente. 

Si un alumno no aprueba el curso y lo califican con varios insuficientes al año, el curso siguiente le toca repetir; se convierte en un repetidor (vtorogódnik). Los alumnos sobresalientes (otlichniki) son los preferidos por los maestros y sus padres, mientras que hay otros no tan queridos a los que llaman “botaniki” o “vyskochki” (trepas). Los adultos, a su vez, llaman a los alumnos desobedientes e incontrolables “juligani” (gamberros) y “shpani” (golfos, chusma).

En la época soviética el proceso educativo en la escuela iba acompañado de una politización total. En la primera clase (es decir, a la edad de 6-7 años) todos sin excepción se convertían en oktyabryata (en referencia a la Revolución de octubre de 1917, la Revolución bolchevique). A los diez años, los alumnos pasaban a ser pioneros. Oficialmente, sólo los mejores estudiantes podían ser miembros de la Organización de Pioneros, aunque a la práctica casi todos llegaban a serlo, con la excepción, tal vez, de los más gamberros.

A los 14, los niños se graduaban en la Organización de Pioneros y tenían la oportunidad de unirse a la Liga de las Juventudes Comunistas, el Komsomol, pasando a llamarse komsomolets. Aunque formar parte del Komsomol era opcional, la mayoría de adolescentes en Rusia se unían a la organización, convencidos de que no hacerlo podía suponer un obstáculo en su futura carrera social.

Hasta finales de la década de 1980, no se permitieron otras organizaciones juveniles en la Unión Soviética. Durante la perestroika, aparecieron varios movimientos juveniles alternativos, y a sus miembros se les llamó “neformaly” (informales). De hecho, muchos de esos movimientos llevaban existiendo por lo menos treinta años, pero eran ignorados o vilipendiados (por ejemplo, se burlaban de ellas en la prensa).

El primer movimiento que apareció en la década de 1950 fue el de los stilyagui, término que derivaba de la palabra “estilo”. Los stilyagui trataban de diferenciarse de la uniforme masa gris de los soviéticos vistiendo ropa brillante (preferiblemente occidental) y escuchando jazz y rock-n-roll.

Dado que era prácticamente imposible conseguir auténticos discos extranjeros, la música se copiaba empleando tecnología artesanal, a menudo radiografías: a esas grabaciones se las denominaba “música en los huesos”. Un popular eslogan propagandístico de aquellos años decía así: “Hoy toca jazz, mañana traicionará a su patria”.

En la década de 1970 los stilyagui fueron sustituidos por los hippies (conocidos por las palabras rusas “jipari”, “jippany”, piply”, “volosatye”), con sus largas melenas, sus prendas brillantes y coloridas y un gran número de accesorios (fenechki). Los hippies, más que cualquier otro movimiento, enriquecieron el lenguaje coloquial ruso, principalmente con préstamos del inglés.

Por ejemplo, un apartamento vacío que estaba libre para usar se llamaba “flat”. En estos lugares se podían organizar conciertos, dar permiso (“vpisku”) a los autoestopistas pasar la noche (“naitovat”). Las autoridades respondían al estilo de vida asocial de los hippies (así como a su inclinación a explorar estados de la conciencia alterados) encerrándolos para que recibieran tratamiento forzado en instituciones mentales (“durka” o “kreza”).

En la década de 1980 la lista de grupos informales fue en aumento: los más llamativos eran los punks (pankis), con sus característicos peinados, imperdibles, cadenas en la ropa y piercings en la cara, y los heavy metal (metallisti), que introdujeron palabras como trash y ugar en el lenguaje coloquial. El crecimiento de estas subculturas jóvenes, sobre todo en Moscú y San Petersburgo, provocó el surgimiento de otras corrientes como los “gopniki” o los “liuberi” (este último término derivaba del nombre de un suburbio de Moscú llamado “Liubertsi”). Eran adolescentes de los suburbios donde vivía la clase trabajadora que sentía un odio social por sus contemporáneos “modernos”.

El término “rocker” ha sufrido una interesante transformación. A finales de la década de 1980 se utilizaba para describir a aquellos que les gustaba la música rock, mientras que ahora “rocker” se emplea para designar a los miembros de clubs de motos y la edad media de quienes lo son está lejos de la adolescencia.

En la década de 2000 las subculturas más visibles fueron la de los emos y la de los góticos, que introdujeron el irónico adjetivo “gótico” (gotichni), empleado para referirse a algo que va parejo a la moda actual y que, de hecho, nada tiene que ver con lo gótico.

Y ya en nuestra década, la de 2010, los jóvenes intelectuales en las grandes ciudades de Rusia han empezado a denominarse hipsters. Llevan tejanos pitillo, zapatos deportivos, gafas de pasta y se interesan por la cultura independiente (indie) y en la fotografía amateur. Una habilidad que valoran positivamente es la de crear un look, suelen tomarse fotografías de cuerpo entero proyectando la imagen hipster adecuada y la cuelgan en las redes sociales.