Oligarca, biudzhetnik, loj: argot ruso para hablar de ricos y pobres

Dibujado por Niyaz Karim

Dibujado por Niyaz Karim

En las dos últimas décadas el dinero se ha convertido en un criterio clave para valorar el estatus social de las personas en Rusia. Esto ha llevado a que aparezcan nuevas palabras y a que otras antiguas adquieran un nuevo sentido.

Una palabra popular en el registro coloquial actual de la lengua rusa es oligarca. Antes su uso quedaba restringido a los libros de historia y hoy en día forma parte del vocabulario cotidiano de Rusia. Además, su significado se ha ampliado: una persona ya no tiene que estar en el gobierno para ser calificada de oligarca sino que también se emplea para referirse a personas que son simplemente muy ricas: industriales, empresarios de éxito y propietarios de grandes empresas.

La clase social de los oligarcas también tiene su propia jerarquía. Los más ricos poseen miles de millones de dólares y a los que aún tienen que conseguir sus primeros mil millones a veces se les llama irónicamente “oligarcas light”. Para los rusos cualquier oligarca que se precie está obligado a poseer una mansión a lo largo de la carretera Rublevskoe, a las afueras de Moscú. El distrito de Rublyovka se ha convertido en sinónimo de “lugar de residencia de la nueva élite”.

Y no sólo es una práctica exclusiva de los oligarcas: la gente adinerada que no puede permitirse una mansión en Rublyovka construye sus casas residenciales a lo largo de la carretera Novorizhskoe. La palabra Novorizhskoe suena parecida a nouveau riche, que significa “nuevo rico” en francés, lo cual se ajusta bien a la realidad de este exclusivo distrito.

Las elitistas zonas de Rublyobka y Novorizhskoye están situadas fuera de los límites de la capital, separada de los suburbios por la carretera de circunvalación de Moscú, cuyo acrónimo en ruso es MKAD. 

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Quienes residen más allá de la MKAD reciben el nombre de zaMKADyshi, una palabra que tiene un cariz despectivo, pues así se denomina a los que no pueden costearse una vivienda en la capital.

En sentido estricto, Rublyovka también está ubicado más allá de la MKAD, pero llamar a sus habitantes zaMKADyshi  sería el colmo del absurdo. Esta paradoja se explica por el hecho de que, además de sus mansiones en Rublyovka, los oligarcas también son propietarios de apartamentos en el centro de Moscú.

La lengua rusa moderna posee un abanico mayor de palabras coloquiales para referirse a las personas con menos recursos. Por ejemplo, en los diccionarios la entrada “nischebrod”  (mendigo) va acompañada de la marca “en desuso”, pero ahora vuelve a estar de nuevo en boga. Calificar a alguien de “nischebrod”  es un modo presuntuoso de indicar que la persona en cuestión está en un nivel económico inferior del hablante. Por ejemplo, un multimillonario podría despachar a un millonario llamándole “nischebrod” conforme a un popular chiste ruso: “¿Quién quiere ser millonario? Todo el mundo salvo los multimillonarios”.

La vieja palabra “loj”, que equivale a “bobalicón” o “pringado”, es probablemente la más utilizada para insultar a los pobres. “Loj” tiene una connotación particular: indica que la persona es pobre debido a su inocencia y porque resulta fácil engañarla. Un “loj” no es alguien que no pueda ganar dinero porque sea vago o le falte iniciativa. Es más bien alguien con quien es fácil ganar dinero arrebatándole lo poco que tiene.

Otra palabra bastante neutral para referirse a individuos con bajos ingresos económicos es “biudzhetniki”. Significa empleado estatal, personas que cobran de los fondos del presupuesto. Por lo general, cobran mucho menos que los trabajadores de empresas privadas, por no hablar ya de sus propietarios. La palabra “biudzhetnik” es casi sinónimo de “pobre” (al igual que el adjetivo “biudzhetni” es sinónimo de “barato”.

Cabe señalar que la categoría de “biudzhetniki”incluye a un gran número de personas con una gran formación educativa y profesionales que trabajan duro, como médicos y profesores, cuyos salarios pagados por el Estado son bajos.

Tradicionalmente en Rusia no hay una asociación directa entre trabajar mucho y hacerse rico. Hay un famoso proverbio ruso que dice “no crece el río con agua limpia”. La riqueza se consigue por un golpe de suerte, mediante ardides o por una feliz coincidencia. Los protagonistas típicos de los cuentos populares rusos son Yemelya, un holgazán de pueblo que pesca un pez mágico que cumple sus deseos e Iván el Tonto (Ivánushka-durachok) que se casa con una princesa y recibe como dote la mitad de un reino.

Hacerse rico es ganar en un juego; no es casualidad que otra palabra rusa muy popular para referirse a un pobre sea “luzer” (del inglés, “loser”, perdedor). Por el contrario, “delets”, una de las palabras rusas para designar a un hombre de negocios, tiene connotaciones muy negativas. Un “delets” es un tramposo, un estafador, alguien que obtiene dinero con engaños.

Hay cierta parte de verdad en la sabiduría popular rusa. A nadie se le escapa que muy pocos de los actuales oligarcas ganaron su dinero mediante un trabajo honesto. La mayoría de ellos se hicieron con “un buen trozo del pastel” de las antiguas propiedades del Estado soviético durante el proceso de privatización hace veinte años. Es elocuente que uno de los eslóganes publicitarios rusos más populares sea “vsio i srazu”: “Lo quiero todo y lo quiero ahora”.

La nueva generación de jóvenes estudiantes cada vez sueña menos con ser de mayor científico o artista, por no hablar ya de ser médico o profesor. Quieren ser burócratas del gobierno. Parecería una paradoja: ¿es que los empleados estatales no son "biudzhetniki", es decir, pobres? El truco es que la relación de los burócratas con las arcas del Estado no se limita a recibir el salario del presupuesto estatal. Son ellos quienes deciden cómo se gastan los fondos presupuestarios. Esto les brinda oportunidades lucrativas para gastar el dinero público de manera que acabe repercutiendo en su propio beneficio. Hay en ruso una palabra particular para referirse a estas jugarretas de fundar compañías especiales para desviar fondos estatales: esa palabra es “esquema”.

No es casual tampoco que otra palabra “osvoit” (asimilar, apropiarse de) haya adquirido toda clase de connotaciones negativas. En el lenguaje burocrático significa “apropiarse de los fondos estatales”. Así, por “osvoit” se sobreentiende “agenciarse algo, apropiarse de algo”. Por lo demás, éste ya no es un tema de investigación para los lingüistas, sino para la policía.

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