El World Press Photo según la óptica rusa

Fuente: Schilt Publishing

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La vida y la muerte no descansan, son actividades enfrascadas en un trasiego incesante. Desde su nacimiento, la fotografía siempre ha intentado atrapar ese misterio en una fracción de segundo. Un libro recoge el mejor fotoperiodismo soviético y ruso galardonado con el más prestigioso premio de la profesión, el World Press Photo. Una forma distinta de revivir seis décadas de historia.

Mientras los tíos de Suhaib y Muhammad Hijazi, de dos y cuatro años respectivamente, llevan sus cadáveres a la mezquita para celebrar el funeral en Gaza, un participante de la ancestral carrera de vacas Pacu Jawi, en Indonesia, llega a la línea de meta, unas trabajadoras sexuales nigerianas esperan clientes al raso en un descampado a las afueras de Roma, una mujer se cubre el rostro con la mano después de un ataque del ejército en Siria en el que su marido y dos hijos han perecido y un joven con unas alas de ángel tatuadas en la espalda observa, desde un mirador, una favela de Río de Janeiro. Es imposible que una única fotografía muestre todo lo que sucede en el mundo en un instante, ni siempre hay alguien para dejar constancia. Esa es la tarea que se imponen los fotógrafos, una mezcla de testigo, artista y aventurero. 

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Desde 1955, la fundación World Press Photo organiza el certamen más prestigioso de fotoperiodismo que, en sus distintas categorías, busca sintetizar en imágenes los episodios ocurridos en 365 días, tanto los más asombrosos como los más execrables. WPP también elige la instantánea del año, convertidas la mayoría en un recordatorio perenne: una niña corriendo desnuda bajo las bombas de napalm al sur de Vietnam (Nick Ut, 1972), los machetazos marcados en el rostro de un joven hutu (James Nachtwey, 1994), o los dedos de un niño desnutrido que sellan los labios de una madre durante una gran sequía en Níger (Finbarr O´Reilly, 2005). Todas ellas nos interpelan para que no seamos indiferentes.

En estas seis décadas, el fotoperiodismo soviético y ruso ha tenido una presencia destacada en el palmarés del WPP. El libro World Press Photo Laureates from Rusia and the Soviet Union 1955-2013 (Schilt Publishing)no solo recoge los logros de los fotorreporteros rusos se incluye al final las biografías de los 118 fotógrafos premiados y las imágenes ganadoras de 136 medallas, 46 de ellas con el primer premio, también incluye textos de la época, recuerdos de los protagonistas e informaciones suplementarias. La suma es una historia emotiva a veces, desoladora otras, de 58 años de Rusia y del mundo visto por ojos rusos.  

El mundo no es sólo triste

El WPP nació en Holanda por iniciativa de una asociación de fotoperiodistas sin ánimo de lucro con sede en Ámsterdam. Para celebrar su 25º aniversario, la asociación organizó un primera exposición internacional con 300 obras. Al año siguiente se presentaron 200 autores procedentes de 20 países. Desde entonces, el número de obras presentadas al concurso no ha dejado de crecer y la exposición con los ganadores viaja por todo el mundo (del 6/11 al 8/12 en Barcelona).

Desde 1958, editores gráficos o fotógrafos soviéticos participaron como miembros del jurado del WPP. En 1962 fue el turno de Marina Bugáeva, editora de la revista Sovetskoye Foto, que viajó a Ámsterdam junto con una selección de fotografías para ser presentadas a concurso. El contenido de las imágenes no compartía el enfoque de la mayoría de material de los fotoperiodistas occidentales, ni despertaba el interés del resto del jurado: primaban los desastres naturales, las guerras y la destrucción.

Según cuenta en el libro Victor Akhlómov, fotógrafo de Izvestia, esta actitud sorprendió a Bugáeva, quien no entendió “por qué no se prestaba atención al amor, a la belleza, a la música, a la pintura, a la poesía, a una mirada alegre sobre la vida”, y amenazó con volver a la Unión Soviética junto con las imágenes que había traído consigo.

La cuestión no fue a más, y la fotografía de Maya Okushko, La novia, se llevó una medalla en la categoría 'Vida cotidiana'. La mirada ilusionada de una joven novia hacia su prometido contrasta con la escogida como fotografía del año, un monje budista quemándose a lo bonzo en Saigón (Malcom W. Browne). La actitud de Bugáeva abrió un debate en el seno de la fundación que, edición a edición, fue dando más interés a la cara menos dramática de la realidad, a las muestras de superación personal o de confraternización.

El interés soviético por mostrar un mensaje positivo y optimista en las fotografías no estaba exento de una voluntad ideológica: exhibir los logros de un modelo social en los campos de la ciencia o la cultura para esconder aspectos más incómodos. Esta actitud empezó a relajarse en la década de 1980, cuando los fotoperiodistas empezaron a acceder a lugares hasta entonces vedados: los correccionales para chicas menores de edad (Anatoli Iolis, 1989) y chicos (Igor Gavrilov, 1987), los hospitales psiquiátricos (Pável Krivtsov, 1988) o el accidente de la central de Chernóbil (Valery Zufarov e Ígor Kostin, 1986).

Los galardonados soviéticos y rusos, a partir de la glásnost, se alzaron con la medalla con imágenes que mostraban la inestabilidad política de la Unión Soviética, su disolución y colapso económico, las catástrofes naturales o las consecuencias del terrorismo y la guerra.  

La irrupción del color

Es interesante observar el momento en el que el color da sus primeros pasos en el género del fotoperiodismo y el reportaje, siendo el blanco y negro el tipo de película hasta entonces inseparable del género. Según el historiador Michel Frizot, la fotografía en color ha provocado una “extrañeza” o discrepancia entre la imagen y su modelo, razón por la cual muchos fotorreporteros se han decantado por el blanco y negro, que, según el editor gráfico de origen ruso Alexander Liberman, era la escuela para practicar los valores esenciales de la fotografía: sentido, emoción, composición, estilo. 

 Dmitri Baltermants, maestro de la fotografía soviética de vanguardia

No fue hasta la década de 1960 cuando aparecieron las primeras películas de 35 mm, aptas para el uso profesional. Por esa razón en 1966 se incluye en el WPP una categoría específica para el color, aunque los primeros pasos fueron algo decepcionantes. “En esta 11ª edición, el jurado a señalado el alto nivel general de la fotografía en blanco y negro, mientras que el nivel de las fotografías en color era bajo y no colmó las expectativas de los organizadores”, comentó en un artículo F. Nosov, editor jefe de ITAR-TASS.

A partir de la década de 1980, ambas opciones tienen una presencia equilibrada, y el color consigue demostrar toda su fuerza en imágenes como la de Svetlana Savitskaia, durante su paseo espacial. Las cámaras digitales han acabado imponiendo el color. El más brillante exponente en esta faceta es Yuri Kozyrev, ganador en cinco ocasiones de una medalla del WPP, con reportajes en Osetia del Norte, Irak, Chechenia y Libia. Precisamente su foto premiada de 2012 en la que aparece un grupo de rebeldes asaltando una refinería de petróleo en la costa libia es la escogida para la cubierta del libro. La película tradicional de color, e incluso el gran formato, siguen presentes en algunos trabajos individuales, como la obra de Alexander Gronsky, a quien Rusia Hoy entrevistó cuando el fotógrafo estaba realizando su serie Pastoral, tercer premio en la categoría Vida cotidiana. 

La importancia del instante

Gracias al trabajo documental del equipo editor, el libro trasciende lo fotográfico. La selección de textos de la época que reseñaban cada edición nos permiten comprender la recepción de estos premios en la Unión Soviética y el impacto que supuso, por ejemplo, la primera exposición del WPP en suelo soviético. También los recuerdos y testimonios de los fotógrafos rusos sobre las historias que se esconden detrás de cada instantánea nos descubren el misterio de las miradas presentes en ellas.

Max Alpert recuerda el estado de consternación del cirujano Nikolái Amosov, después de perder un paciente en la sala de operaciones, a punto de acometer otra intervención. Ígor Kostin, de RIA Novosti, firma el relato más extenso. Cubrió entre abril y diciembre de 1986 los trabajos de eliminación de material radiactivo en Chernóbil. Lo mismo hizo Victoria Ivleva en 1991, para la agencia FOCUS. “Un aspecto negativo de la verdad era que era completamente opuesta a la versión oficial”, sentencia en su relato Ivleva.

A veces, para que la fotografía más importante surgiera era una cuestión de paciencia, otras de perspicacia. Así lo relata también uno de los fotoperiodistas rusos más importantes y entrañables, Serguéi Vasiliev, cuya labor en la apartada Cheliábinsk no fue impedimento para convertirse en el fotógrafo ruso más laureado. Nunca le permitieron viajar a Holanda para recoger el trofeo. “Si quieres viajar –le dijeron las autoridades-, haz un tour por nuestro Anillo de Oro”, recuerda con ironía. Dos de sus trabajos premiados, El nacimiento de un hombre (1977), sobre el alumbramiento de un bebé en un hospital de Cheliábinsk, y Entre rejas (1990), fruto de la visitas a 30 cárceles y colonias penitenciarias,  resumen la variedad de situaciones a las que el fotoperiodista debe enfrentarse con el mismo respeto y humanismo.

A veces arriesgan sus vidas, otras cruzan la línea invisible del compromiso y crean un vínculo emocional. Vasiliev no se lo pensó dos veces y se unió al equipo del hospital cuando estaba en el tramo final de su reportaje El nacimiento de un hombre. Cogió la mano de Tatiana, la primeriza que acababa de llegar a urgencias y no se separó de ella. Todo fue bien pero sentía que todavía no tenía 'la fotografía'. “Ya era Año Nuevo y fui otra vez al hospital. Estaba tomando un té con las enfermeras cuando apareció el padre del recién nacido al otro lado de la ventana y pidió ver a su hijo. Me levanté esperando su reacción. Y fue como preví. Levantó el dedo pulgar y sonrió de oreja a oreja. Ésa era la fotografía. Me pidieron que fuera el padrino de Oleg”, recuerda Vasiliev.

Las frases

“La fotografía es un lenguaje esópico. Interpretamos un gesto accidental como un símbolo”. Lev Sherstennikov

“Lo que pasó después fue demasiado rápido para el ojo humano, pero no para la cámara”. Alexéi Bushov

“Cualquier movimiento se compone de una serie de fases, y algunas de ellas son tan inesperadas y significativas que podrían denominarse una especie de revelación psicológica”. D. Donskói

“A veces surge la pregunta de cuál era el objetivo detrás de una fotografía: ¿reprochar y humillar una vez más a alguien que aparece en la imagen o intentar comprenderlo e intentar ayudarlo?”.

“La estética de la fotografía puede conllevar muchas dificultades, pero por muy grandes que sean esas dificultades, nunca deben robar a la imagen su elemento artístico”.

“Cuando observas las fotografías de los grandes maestros te das cuenta de que la fuerza de la fotografía recae en su exclusividad, en una cualidad inherente que desafía cualquier cálculo o predicción”. Pável Krivtsov

“Mirar a través de la lente de la cámara es como mirar a un escenario donde todos los actores y espectadores participan por igual”. Wilhelm Mijailvoski

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