Rusia avanza en movilidad urbana

Fuente: Getty Images/ Fotobank

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El acceso equitativo a bienes, servicios y actividades es la base de la buena vida urbana. La obsesión de dos décadas y la compra compulsiva de coches en los últimos años han privatizado y entorpecido la movilidad en las ciudades rusas. Pero hay herencias fantásticas y tendencias incipientes que pueden darle un giro.

Hoy, como el primer lunes de octubre de cada año, se celebra en todo el mundo el Día Mundial del Hábitat. La fecha está consagrada a reflexionar sobre el estado de las ciudades y recordar la responsabilidad compartida en el logro de un futuro sostenible para todos en ellas.

Este año, las Naciones Unidas eligieron el tema de la movilidad urbana. Como recuerda el barcelonés Joan Clos, director ejecutivo del Programa de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (ONU-HABITAT), para la agencia del sistema especializada en ciudades, la movilidad es “el corazón del acceso equitativo a bienes, servicios y actividades básicas, como el trabajo, la educación, la atención sanitaria y las compras, y el habilitador de la participación en la vida cívica”.  

Atascos legendarios

En Rusia el día cae como anillo al dedo. Moscú se ha convertido en la última década en la ciudad con más atascos del mundo, según TomTom, la empresa líder en navegación GPS. De acuerdo con Marat Jusnulin, teniente alcalde de la capital encargado urbanismo y obras públicas, las vías de la ciudad están congestionadas casi seis horas diarias, lo que hace que cada conductor tarde casi dos horas para ir y volver del trabajo.

Los atascos de Moscú no son, en todo caso, sino la punta del iceberg de un problema que se extiende también a otras ciudades del país. No en vano, la Federación se convirtió en agosto en el primer mercado automovilístico de Europa, tras tres años con un crecimiento superior al 10% y ventas cercanas a los 3 millones de coches el año pasado. Con números per cápita todavía internacionalmente bajos, las proyecciones dan miedo: de seguir la tendencia, en 2014 se sumarían 3,4 millones, que podrían aumentar a 4,2 en 2020, según el Ministerio de Industria y Comercio del país.

El desarrollo de las vías y la mejora en la gestión del tráfico no han ido a la par y son claramente insuficientes para acoger el creciente parque automotor. En Moscú, por ejemplo, la demanda de los automovilistas supera en un 30% la capacidad de las vías, según Alexander Shumski, director del Centro Moscovita de Lucha contra los Atascos.  

Desincentivar el coche

La solución no pasa, sin embargo, por construir más vías, sino por ofrecer alternativas de transporte a quienes usan el coche, privilegiando con la inversión pública otras formas de movilidad, como el transporte público, las bicicletas o caminar. El 30 % de demanda no satisfecha tiene un corolario, afirma Shumski: “Hay que sacar de las calles un tercio de los coches”. Quizás incluso más, recuperando espacio para bicicletas y peatones.

Afortunadamente, Moscú y otras ciudades están avanzando en esa dirección. Aunque hay todavía un largo camino por recorrer en la desincentivación del coche particular, revelando el coste que supone para la sociedad, la capital está dando pasos importantes. En junio, por ejemplo, se inauguró un sistema de aparcamientos de pago en el centro, de manera que quien quiera ir en coche a trabajar deberá abonar un dólar y medio por hora, unos 13 al día.

El primer mes la nueva política había reducido entre un 20 y un 25 % el número de coches, según Igor Kuznetsov, el director general del organismo responsable. Aunque habría que extender el sistema y considerar otros mecanismos, como la tasa de congestión que se aplica en Londres u Oslo.

Fortalecer el transporte público

Al tiempo que comienzan a desincentivar el automóvil, muchas ciudades rusas fortalecen su envidiable herencia de transporte público. Famoso por su belleza arquitectónica, muy antiguo y extenso, el de Moscú es el segundo metro con más pasajeros del mundo, con más de 2.400 millones al año y cerca de nueve millones al día. Según Jusnulin, el 77 % de los moscovitas usa el transporte público en hora punta.

Los planes son ambiciosos. La capital planea cerrar 2013 con 14 kilómetros más de vías y siete nuevas estaciones. En el futuro se prevé construir casi 70 kilómetros y 33 nuevas estaciones, con una inversión cercana a 17.000 millones de dólares. Más de 600 kilómetros de tranvía están también previstos para 2030.

Pero no es solo Moscú. Con ayuda del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Kazán y Krasnodar están robusteciendo la planificación integrada de sus sistemas de transporte público, junto con la instalación de flotas más limpias.

Bicicletas

Aunque la cultura de las dos ruedas es muy incipiente y la infraestructura todavía muy precaria, se están haciendo esfuerzos por potenciar también el uso de bicicletas. En Moscú se ha instalado recientemente un sistema de alquiler público con puntos de aparcamiento automatizado similar al que funciona en otras ciudades europeas.

El Ayuntamiento también ha movido ficha con la construcción de carriles bici y la instalación de estacionamientos para estas. Hasta la fecha, se han construido cerca de 20 kilómetros. Aunque hay protestas sobre su magnitud y diseño, el Ayuntamiento planea crear una red interconectada de tres carriles y más de 2.000 aparcamientos.

Peatonalizaciones

Pero el gran problema de movilidad de Moscú y otras ciudades rusas es el escaso flujo peatonal. En un estudio reciente, el gurú del urbanismo Jan Gehl, contratado por la capital, se sorprendía de lo desiertas que están en comparación con las de otras ciudades las calles de Moscú. La razón principal es la precaria calidad de sus atributos urbanos, abandonadas durante los últimos 20 años ante la obsesión de la política pública por facilitar el tráfico rodado.

Pero también en este punto las cosas parecen estar cambiando rápidamente, para sorpresa del propio Gehl. En mayo, el alcalde Sobianin anunció un programa a gran escala para la construcción de una red de áreas peatonales, la creación de zonas verdes y la repoblación de jardines y parques, impulsado por el éxito del Parque Gorki. Antes de finales de año está prevista la inauguración de 30 nuevas calles peatonales.

Planeación urbana

Pero aunque es necesario repensar los medios de transporte que se usan, la clave está, afirma Clos, en la planeación y el diseño urbano. Este se debe centrar “en cómo unir personas y lugares, logrando densidades y accesibilidades óptimas”, sostiene. 

Las ciudades compactas (densas y con mezcla de usos) y bien diseñadas no sólo son más limpias y tienen un impacto menor en el medio ambiente, sino que explotan también mejor las ventajas de las zonas urbanas y estimulan la inversión y la oportunidad. “Tenemos que asegurar a las ciudades un futuro bien planeado, sostenible y accesible para todos”, asegura Clos.

Este es un punto que merece definitivamente en Rusia mayor atención. Una de las principales causas de los atascos de Moscú es, de hecho, su estructura urbana, con más del 80 % de la actividad laboral concentrada en el centro y la mayor parte de los moscovitas durmiendo en la periferia. Aunque el gobierno apuesta en teoría porque sea compacta, no parece la estrategia más acertada debido a los 2.500 km² de extensión de la ciudad y los grandes desafíos existentes.