“No me interesan las mujeres rusas, sólo el fútbol”

Choe Myong-Ho y Li Kwan Mena, en el banquillo; en medio, el ‘intérprete’. Fuente: fc-camara.ru

Choe Myong-Ho y Li Kwan Mena, en el banquillo; en medio, el ‘intérprete’. Fuente: fc-camara.ru

Pese su juventud, la liga rusa de fútbol es una verdadera Torre de Babel, en 21 temporadas de historia han pasado jugadores de 95 nacionalidades diferentes, algunas de ellas verdaderamente exóticas, aunque la palma se la llevan tal vez los tres norcoreanos que militaron entre 2006 y 2010.

Cronológicamente los primeros en llegar a Rusia fueron Choe Myong-Ho y Li Kwan Mena, que en 2006 recalaron en el mismo equipo, el Krilia Sovetov de Samara, un club con cierta querencia a importaciones exóticas. En su aventura les acompañó un traductor, ‘el camarada Chen’, que en realidad era un “mastín” de la Agencia Nacional de Seguridad encargado de controlar las declaraciones y movimientos de los jugadores, y cuya presencia dio lugar a situaciones absurdas, como que firmaba los autógrafos por ellos: ‘traductor de la RPDC’.

Durante su estancia en Samara ambos futbolistas llevaron un estilo de vida espartano, se les tenía prohibido ir a restaurantes con sus compañeros de equipo y apenas concedieron un par de entrevistas, siempre bajo la aprobación del camarada Chen.

“Corea es el mejor lugar del mundo, sentí mucha nostalgia en mis primeras semanas en Rusia. Mis padres son maestros y mi hermana trabaja en el ejército. Al salir del país me dijeron: aprovecha la oportunidad y aprende, en el largo plazo el fútbol coreano se beneficiará de tus conocimientos y habilidades adquiridas”, explicó a su llegada Choe Myong-Ho, formado en el Club Deportivo de Trabajadores de la Industria Ligera, donde le apodaban ‘el Ronaldo de Pyongyang’.

El fichaje de dos norcoreanos levantó gran revuelo en los medios locales, pero lo cierto es que su repercusión deportiva fue meramente testimonial. Se incorporaron al club ya comenzada la temporada debido a problemas burocráticos y ambos fueron enviados directamente al filial porque estaban muy verdes. Únicamente Myong-Ho, tras destacar entre los jóvenes, llegó a debutar con el primer equipo en partido oficial. Jugó un solo encuentro, pero al menos consta en las hemerotecas.

"El fútbol es el deporte número uno en Corea del Norte. El general Kim Jong Il dirige personalmente su desarrollo", narra Li Kwan Mena, centrocampista, que regresó a su país pasados unos pocos meses, tras haber jugado únicamente 150 minutos en el equipo filial.

Sólo nueve futbolistas norcoreanos han pisado en toda la historia el fútbol occidental, de los cuales los otros seis lo hicieron en ligas menores: Serbia, Dinamarca y Suiza.

 

Hong Yong-Jo abandonó el Rostov en 2010 en extrañas circunstancias. Fuente: fc-rostov.ru

Aunque los precedentes no eran buenos, en 2008 otro compatriota fichó por un club ruso, el habilidoso mediapunta Hong Yong-Jo, que recaló en el Rostov, por entonces en segunda división. En su caso llegó con mejor cartel que los dos anteriores, sin apodo pero como MVP de la liga norcoreana (41 goles en cuatro temporadas) y capitán de la selección. Ni que decir tiene que en su aventura le acompañó un ‘intérprete’, el camarada Chang Dal Hon, que al parecer hablaba un ruso paupérrimo.

Los compañeros describían a Hong como un tipo callado y tranquilo, que vivía en un sobrio apartamento que le facilitó el club a menos de diez minutos del campo de entrenamiento. Titular más o menos habitual, se ganó el favor de la grada gracias a su buen hacer en el césped y a su peculiar forma de celebrar los goles, saludando a cámara.

En su primera temporada en Rostov el equipo subió a primera división. “No me interesa el dinero, no ha sido un factor relevante en mi fichaje, sino la posibilidad de fortalecer la credibilidad de Corea del Norte en el mundo”, explica Hong.

En el club estaban convencidos de que en realidad desconocía su salario, pues se le pagaba en una cuenta de su país, probablemente a nombre del Partido de los Trabajadores. Preguntado sobre la belleza de las mujeres rusas comentó: “No me interesan, sólo el fútbol y el Partido”.

Transcurridas dos temporadas, el paso de Hong por el fútbol ruso marchaba viento en popa: “Me encanta la ciudad y el equipo. El nivel de la liga es alto, igual que las expectativas de los aficionados, espero responder al reto”, declaró a comienzos de 2010. Pero aquel verano la historia se torció cuando acudió a defender los colores de su selección en la Copa del Mundo de Sudáfrica.

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Corea del Norte hizo un importante ridículo en ese campeonato, eliminada en primera ronda tras perder todos los partidos por goleada, como por otra parte era lógico. "No parecía la misma persona desde que regresó del Mundial”, explicó el director general del Rostov, Alexander Shikunov, el día que anunció la rescisión del contrato de Hong por el club, 1 de noviembre de 2010.

“Cuando le fichamos en 2008 todo iba de perlas, un jugador muy útil y un trabajador incansable. Pero tras el Mundial no tuvimos noticias suyas, regresó a su país en vez de reincorporarse al club. Apareció hace dos semanas sin dar explicaciones, pero no era el mismo. Su contrato vencía en julio de 2011, pero me rogó entre lágrimas que lo rompiese, para que pudiese regresar a su país. Como no es nuestra intención torturar a nadie, así lo hice”.

Medios internacionales publicaron que el Partido de los Trabajadores castigó a los jugadores de la selección de vuelta a su país tras el ridículo en ese Mundial. La falta de transparencia dio lugar a todo tipo de rumores y leyendas. La FIFA abrió una investigación que no arrojó luz sobre el asunto, aunque la versión más extendida y verosímil es que se obligó a los futbolistas a trabajar durante tres meses en una mina de carbón. Nunca se volvió a saber de Hong Yong-Jo en el fútbol occidental. Regresó a su país y desde 2011 milita oficialmente en el club ‘A-25’ de Pyongyang.