Cuando el camarada Lenin se llamaba tía Lena

Un paseo por los lugares de encuentro del colectivo homosexual en el Moscú soviético, de la mano del artista multidisciplinar Yevgeniy Fiks. Fuente: Lori / Legion Media

Un paseo por los lugares de encuentro del colectivo homosexual en el Moscú soviético, de la mano del artista multidisciplinar Yevgeniy Fiks. Fuente: Lori / Legion Media

¿Podía un homosexual vivir con normalidad en la antigua Unión Soviética? La respuesta no puede ser más elocuente: le endilgaban cinco años de trabajos forzados. La única opción era camuflarse, pasar desapercibido, ser invisible. El artista ruso Yevgeniy Fiks, afincado en Nueva York desde 1994, ha localizado los lugares moscovitas en que el colectivo homosexual se daba cita para mantener encuentros clandestinos durante la época soviética. La serie fotográfica Moscú aparece ahora en formato libro, cuando las leyes aprobadas en la Duma que limitan los derechos del colectivo LGBT se perciben como un retroceso en las libertades individuales.

El legado soviético y la transición de Rusia al sistema capitalista es la principal fuente de inspiración de Yevgeniy Fiks (Moscú, 1972), quien se define como artista postsoviético. En sus instalaciones, fotografías o pinturas analiza narrativas silenciadas que permiten construir una imagen más completa de la historia del país eslavo. En el conjunto de imágenes que componen Moscú dirige su mirada hacia las promesas frustradas de la Revolución de Octubre para la comunidad homosexual que, de la década de 1920 a la de 1980, se vio obligada a vivir en la sombra. “Este proyecto intenta devolver la dignidad a este colectivo e integrar sus historias en nuestra memoria colectiva, como forma de contrarrestar su marginalización”, explica Fiks. 

Gracias a estas imágenes, el artista crea un mapa de Moscú mediante la localización de las pleshki, los lugares de intercambio sexual en la jerga del colectivo gay, que transforman nuestra visión de lugares emblemáticos de la capital rusa. La subcultura homosexual en las urbes soviéticas, como en cualquier otro país, se apropiaba de los símbolos y de los espacios empapados de la ideología estatal y los rebautizaban: por ejemplo, a las estatuas de Lenin, presentes en el centro de todas las ciudades provinciales rusas, recibían el cariñoso nombre de “tía Lena”. Rusia Hoy charla con Yevgeniy Fiks sobre este proyecto y su recepción en el contexto de las actuales polémicas.

Fuente: Yevgeniy Fiks

El título del libro, Moscú, es genérico, a pesar de estar hablando de un tema concreto. De hecho, podría parecer simplemente un libro sobre el paisaje de la ciudad y algunos de sus espacios más conocidos. 

Sí, quise poner un título deliberadamente genérico, pero a la vez inclusivo. El libro habla de la represión de los homosexuales en la Unión Soviética, pero, al mismo tiempo, muestra la cotidianidad de las calles y parques de Moscú, su cara más prosaica. Con esto quiero decir que la historia homosexual moscovita es parte integral de la historia de esta hermosa y conmutativa ciudad. 

Yevgeniy Fiks (Moscú, 1972), vive y trabaja en Nueva York desde 1994. Fiks ha producido muchos proyectos sobre el diálogo postsoviético en el Este, entre ellos: ¿Un Lenin para tu biblioteca?, en la que envió por correo el texto de V. I. Lenin, Imperialismo: Fase superior del capitalismo a cien multinacionales como donación para sus bibliotecas corporativas; El Partido comunista en los Estados Unidos, una serie de retratos al óleo de militantes del PC de los Estados Unidos en su sede de Nueva York; Guía comunista de la ciudad de Nueva York, una serie de fotografías de edificios y espacios públicos que tienen una conexión con la historia del movimiento comunista. Fiks ha expuesto, entre otras instituciones, en la Galería Marat Guelman de Moscú, el Museo de Arte Moderno de Moscú, el Museo de Arte Moderno de Filadelfia, el Museo-Colección Berardo en Lisboa o la Sala de Arte Público Siqueiros de México D.F. Sus obras han participado en la Biennale de Arte Contemporáneo de Moscú (2011, 2009, 2007 y 2005), la Biennale de Sidney (2008) y de Tesalónica (2007)

En sus obras, muestra unos hechos de manera documental, se posiciona como testimonio de que existen o han existido para que luego sea el espectador el que proponga nuevas lecturas. 

Como mi juventud ha estado marcada por la cultura soviética, me siento incómodo ante cualquier tipo de propagada o aproximación didáctica. Por eso, no pretendo presentarme como un activista, sino como un observador que intenta comprender el objeto de estudio. Creo que el artista debe situarse entre la contemplación y la participación. Mi propósito es desvelar narrativas históricas reprimidas y dejar que los espectadores saquen sus propias conclusiones.  

La serie Moscú nos habla del pasado pero la actualidad ha vuelto a poner de actualidad el tema de los derechos de la comunidad LGTB en Rusia. ¿Es un problema no resuelto? 

Tomé las fotografías en 2008, mucho antes de la actual crisis. Inicialmente mi idea era mostrar estos antiguos lugares de la ciudad donde se practicaba el intercambio sexual como espacios de duelo y protesta, dando voz a las generaciones de gais reprimidas y represaliadas de la era soviética. Por supuesto, con el clima actual el proyecto se aprecia de otra manera, porque se puede pensar que se cerró en falso. Sin duda, la Rusia postsoviética ha encontrado sus propios métodos de represión e invisibilidad forzada hacia este colectivo. 

¿Qué sucede cuando colisionan las libertades sexuales con algunos sentimientos patrióticos? Durante la Guerra fría, en Estados Unidos se intentó relacionar homosexualidad y comunismo, y en la Unión Soviética pasaba justamente lo contrario, se identificó la homosexualidad como una degeneración del capitalismo. 

Desafortunadamente, el colectivo LGTB siempre se ha encontrado en tierra de nadie, en algún lugar entre la izquierda y la derecha del espectro político. 

Define este trabajo como una manera de “desvelar y exponer historias reprimidas”. ¿Es la manera de dar pasos firmes hacia el futuro? 

Siempre se considera sospechoso intentar hablar de la ‘verdad’, con mayúscula. Si alguna vez conseguimos acercarnos a esa ‘verdad’ es por medio de aquellas narrativas o microhistorias que parecen desdeñables o poco importantes. 

¿En eso le ha ayudado a fijar su residencia en el extranjero? 

Sí, vivir fuera ayuda mucho. La distancia geográfica y temporal me ha aportado un cierto espacio mental que permite ver las cosas con más claridad.

¿Estas microhistorias son una manera subversiva de relativizar lo relatos que emanan del poder? 

Sin duda. Incluso en las situaciones más represivas, las personas se apoderan de los lugares y los símbolos del poder y les confieren otros significados. Por ejemplo, el Marx de la estatua situada en la plaza Sverdlov se llamaba, en la jerga gay, el director de la Pleshka. Pleshka era el nombre que se le daba en ruso coloquial a los lugares destinados a intercambios homosexuales clandestinos. De este modo, los símbolos estatales se deconstruían y pasaban a tener connotaciones homosexuales. Las microhistorias son subversivas, porque suelen ser verdades incómodas que cuestionan la narrativa histórica oficial. 

¿La historia de Rusia siempre ha tratado de la misma manera al colectivo LGTB? 

No ha existido un movimiento gay propiamente dicho en la Unión Soviética hasta principios de la década de 1990. Sin embargo, no debemos olvidar que la homosexualidad se descriminalizó en los primeros compases de la Revolución Rusa, mucho antes de que se hiciera en otros países occidentales. Este es un hecho histórico importante porque significa que la homofobia no es un rasgo natural de la cultura rusa. Los rusos tendrían que estar orgullosos de su historia progresiva, aunque esta quedara interrumpida. 

¿Qué reacciones esperaba ante su trabajo Moscú? 

No estaba muy seguro, la verdad. Es un proyecto artístico enmarcado en la tradición del arte conceptual. Quería que el mundo del arte lo reconociera como tal. 

¿Por qué se sintió especialmente involucrado con este tema? 

Las personas merecen una historia. El colectivo LGTB lo forman personas, luego merecen que su historia sea contada. 

Más información www.yevgeniyfiks.com