El atletismo ruso, joven pero sobradamente preparado

Lashmanova y Kirdyapkina, oro y plata en los 20 kms. marcha. Fuente: mos2013.ru.

Lashmanova y Kirdyapkina, oro y plata en los 20 kms. marcha. Fuente: mos2013.ru.

Más allá de la victoria en el medallero, algo engañosa, con un oro más que EE UU pero 8 preseas menos, la mejor noticia para el atletismo ruso en los Mundiales que ayer concluyeron en Moscú fue la escenificación del relevo generacional, de que ha vuelto para quedarse.

Rusia calcó los resultados de hace 12 meses en los JJOO de Londres con 17 medallas y siete oros, pero muchos de los protagonistas han cambiado. Un año más tarde la edad media de los medallistas rusos en estos mundiales no ha crecido sino que ha bajado en dos, de 27 a 25, además sólo siete de los 17 repiten medalla respecto a los JJOO. Destacan sobre manera tres medallistas de oro por debajo de 22 años: Menkov, Lashmanova e Ivanov.

La marcha ha sido la disciplina más productiva para Rusia en estos Mundiales, dos oros y dos platas con una edad media de 21 años. A esa cosecha se podía haber sumado un bronce de no ser por la desafortunada descalificación de Vera Sokolova en la prueba femenina de 20 kilómetros al ver su tercer aviso a escasos metros de la meta, dentro ya incluso del estadio.

De todas formas, sus compatriotas Lashmanova y Kirdyapina ratificaron pronósticos copando los dos primeros peldaños del podio. “Las rusas son inalcanzables”, avisaba en la previa la hispano-húngara Julio Takacs. Y así fue. El dominio ruso resultó casi obsceno, aventajando en más de un minuto a la tercera clasificada, la china Liu.

En la prueba masculina las apuestas no eran tan claras. Alexander Ivanov, que con 20 años debutaba al máximo nivel mundial, tenía la difícil tarea de suplir a su compatriota Valeri Borchin, oro en los 20 kilómetros marcha en las dos últimas ediciones y baja por lesión para la cita de Moscú. El joven Ivanov, con una plata en el mundial junior del año pasado como único bagaje previo, respondió al reto y se colgó el oro en una prueba marcada por las descalificaciones. Aunque nacido en Nizhni Tagil, en los montes Urales, Ivanov reside en Saransk, capital de la región de Mordovia. Uno de sus compañeros de entrenamiento allí es su compañero de quinta, Mijaíl Ryzhov, 21 años, que redondeó la cosecha rusa en marcha con una plata en los 50 kilómetros.

El otro gran hito de Rusia en estos mundiales de atletismo sea quizá el oro de Alexander Menkov en salto de longitud, una prueba que nunca antes en la historia había ganado un ruso. Este siberiano de solo 22 años, que a diferencia de algunas compañeras de selección tiene bastante alergia a los focos, corroboró todo lo que venía apuntando desde hace cuatro años en categorías inferiores y en mítines, entre otros, ganador de la Diamond League la temporada pasada.

En Moscú se llevó la final con relativa holgura, 27 centímetros de diferencia, gracias a un soberbio salto de 8,56m con el que pulverizó su mejor marca personal, aunque su entrenador confiesa que en entrenamientos ha llegado a saltar 8,70m.

Rusia ha conseguido en estos mundiales varias medallas en pruebas de velocidad, especialmente meritorias dado que por cuestiones de tradición y genética suelen ser coto privado de estadounidenses y caribeños. El cuarteto femenino, oro en relevo largo tras una memorable y reñida final, es relativamente veterano.

Sin embargo, el equipo masculino que obtuvo el bronce también en el relevo largo (Vazhov, Mosin, Krasnov y Kenig) cuenta una media de edad de tan sólo 22 años, así que Rusia tiene relevo masculino para rato. El siberiano Serguéi Shubenkhov, también 22 años, dio el lunes una de las sorpresas de la delegación con su bronce en 110 metros vallas, otra prueba históricamente esquiva para el atletismo ruso.

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Dimitri Tarabin, de 22 años, de origen moldavo pero pasaporte ruso, está llamado a dominar el lanzamiento de jabalina en los próximos años. Con todos los grandes nombres de la disciplina ya en la treintena (Thorkildsen, Pitkamaki y Vesely) el futuro es suyo, aunque también el presente. Se lleva el bronce de los mundiales de Moscú a pesar de una final agridulce, firmando 86.23m, a más de dos metros de su mejor marca del año, con la que hubiese ganado el oro. En la última jornada de los campeonatos se dejó ver en el fondo norte de Luzhnikí, casi a pie de pista, siguiendo la final femenina de jabalina, en la que obtuvo el bronce Masha Abakumova, su pareja sentimental, cuatro años mayor que él.


Las 17 medallas de Rusia en los Mundiales no han sido casualidad, tampoco el repunte pasajero asociado al organizador de este tipo de eventos, son sencillamente el reflejo del nivel actual del atletismo en el país. Hubo alguna medalla sorprendente, pero también decepciones, entre ellas algunas jóvenes, que volverán a ser opciones claras de medalla en próximos campeonatos, como la heptatleta Tatiana Chernova, la saltadora de longitud Darya Kilshina o la lanzadora de peso Eugenia Kolodko. Las Isinbáyeva, Chicherova y Antyuk han encontrado sucesoras, el futuro del atletismo ruso en la elite está garantizado.