Cuatro coproducciones cinematográficas México-Rusia

Si la memoria no me falla, durante todo el siglo veinte sólo se filmaron cuatro coproducciones cinematográficas entre Rusia y México. Sin embargo, aunque el número es reducido, cada una de ellas contribuyó de manera importante en las buenas relaciones entre los dos países. Ello, no sólo cinematográficamente hablando, sino también en lo cultural y social. Las cuatro coproducciones resultaron ser hitos en la historia cinematográfica de ambos países, al igual que en la historia del cine mundial. Veamos por qué.

Primera coproducción

En 1931, Serguei Eisenstein filmó en territorio mexicano Que Viva México (Da Zdrasvuite Meksika). El famoso director soviético, junto con su camarógrafo Eduard Tissé y su asistente Grigori Alexándrov, recorrió el país plasmando imágenes en celuloide de extraordinaria belleza y profundo significado, las cuales han maravillado al mundo entero hasta el día de hoy. La película nunca fue terminada, pero el material en bruto que se conservó es de tal fuerza expresiva que ha pasado a ser una de las obras maestras del cine mundial. Esas imágenes le permitieron al público soviético conocer el lejano, legendario y mítico país que era México; asimismo, marcaron el camino para que la naciente cinematografía mexicana tomara un rumbo hacia una expresión visual y una estética única y universal, que marcaría originalidad y llegaría a asombrar al mundo entero.  En realidad, según los cánones modernos de lo que es una coproducción, Que Viva México no lo es. Mas lo cierto es que en 1931 todavía no existía la modalidad de la coproducción entre dos o varios países. Sin embargo, fue tan fuerte y profunda la colaboración entre los cineastas soviéticos y los artistas e intelectuales mexicanos que podemos afirmar que la película fue definitivamente, una auténtica coproducción. El que el dinero haya venido de los Estados Unidos es secundario…


Fotograma de la película Que viva México. Fuente: Tumblr/roserosett

Segunda

Pasaron los años y el cine mexicano se exhibía constantemente en las pantallas de las salas soviéticas. Por otra parte, a partir de la famosa semana de cine soviético que se celebró en el cine París de la Ciudad de México en 1959, el público mexicano comenzó a interesarse por el cine de ese país. En esa semana se exhibieron las primeras películas del 'deshielo' soviético como La Balada del Soldado, Seriosha, El Destino de un Hombre, Cuando Pasan las Cigüeñas, entre otras. Formando parte de la nutrida delegación de cineastas soviéticos, se encontraba el director y actor Serguéi Bondarchuk. Este cineasta eminente se enamoró de México y creo que a partir de ese viaje comenzó a germinar en él la idea de filmar en coproducción con México una película sobre las revoluciones de ambos países. Ese sueño se hizo realidad en 1982 cuando llegó a nuestro país a realizar la coproducción Campanas Rojas, México en llamas (Krasnie Kolokala, Meksika vo Ognie)  basada en el libro de John Reed México Insurgente sobre la revolución mexicana. La segunda parte la filmaría en Rusia basándose en otro libro de Reed: Diez Días que Convulsionaron al Mundo.    

Bondarchuk y yo nos conocimos y entablamos amistadcuando yo estudiaba en el Instituto de cine de la URSS (VGIK). En virtud de ello, al llegar a México me propuso que fuera el codirector de la película por la parte mexicana, pero yo —aunque durante el rodaje le ayudé en lo necesario— decliné señalándole que era proyecto suyo únicamente. El cineasta soviético salió airoso en la muy difícil tarea de filmar en México, tratando de entender los vericuetos surrealistas de los mexicanos y su revolución. La película tuvo un reparto multitudinario de actores mexicanos y extranjeros (Ursula Andress, Franco Nero) y el camarógrafo fue el famoso artista del pueblo Vadim Iusov. Bondarchuk también obtuvo ese nombramiento cuando realizó su gran epopeya fílmica Guerra y Paz basada en el libro de Lev Tolstói. Fue, sin duda, gran cineasta, gran maestro, pero fundamentalmente gran persona.

México en llamas. Campanas rojas. Película completa en español

Tercera

En 1986 comencé a rodar mi propia coproducción con la URSS (Sovinfilm-Lenfilm) y México (Conacine-Churrubusco) , Esperanza (Nadeshda). Se basó en un guion escrito por Valentin Eshov (La Balada del Soldado) y yo, y contó con la  fotografía de Anatole Mukacei (El Espantapajaros). Ahora sí, realizaba mi propia película sobre las dos revoluciones, la rusa y la mexicana,  desde mi personal punto de vista; narrando libremente la vida de mi padre personificado por el muy conocido actor ruso Dimitri Jaratian.  Esta película ganó en México el premio “Ariel” de la Academia mexicana de artes y ciencias cinematográficas a la mejor película del año más ocho premios más por diversas especialidades. Esperanza evoca la historia, las culturas y las costumbres de ambos países desde 1917 hasta 1988. Fue una coproducción al 50% por país y filmada en locaciones muy variadas.  En Rusia: Pskov, Kiev, Moscú, Suzdal y Leningrado; en México: Ciudad de México, Veracruz, Real del Monte y Pachuca. Espectadores rusos elogian la parte mexicana y espectadores mexicanos elogian la parte rusa. En otras palabras, la película gustó aquí y allá.

Captura de pantalla de Esperanza de Sergio Olhovich.

Cuarta

En 1999 se estrenó en Rusia y México mi segunda coproducción En un Claroscuro de la Luna (Pod Lunoi). En esta ocasión fue una coproducción entre dos empresas privadas de televisión, Televisa-México y TV Center-Rusia.  Fue basada en un guión mío escrito con la participación del guionista ruso Vladímir Valutski y el mexicano Sergio Molina.  El fotógrafo fue otra vez el laureado Anatole Mukacei y el reparto lo encabezaban por Rusia el muy querido actor Piotr Vielamidov, por México la maravillosa Arcelia Ramírez y por España Jorge Sanz. El filme fue filmado en Rusia en un la Karelia invernal y la Ciudad de San Petersburgo, así como en México en diversos lugares del tropical estado de Tabasco. ¿La Trama?: unos años después de la desaparición de la Unión Soviética un ruso que emigró al finalizar la Segunda guerra mundial al estado de Tabasco en México, regresa cincuenta años después a Rusia, en compañía de su hija enferma a su pueblo natal en Karelia. El reencuentro con diversos personajes como su hermano, su novia de entonces, su enemigo político y otros nos llevan a reflexionar sobre el valor de la vida y el amor. La película obtuvo varios premios internacionales como el especial del jurado y fotografía en el festival de la ciudad de Viborg-Rusia y del público en Huelva-España y Guadalajara- México.

Cuatro coproducciones cinematográficas, cuatro  estrellas en la aportación a la cultura universal de parte de Rusia y México. 

 

Captura de pantalla de la película de Olhovich, En un Claroscuro de la Luna