Formas de hacer autostop en Rusia

Dependiendo de si bajas la palma de la mano o levantas el pulgar pagarás o no por tu viaje. Fuente: ITAR-TASS

Dependiendo de si bajas la palma de la mano o levantas el pulgar pagarás o no por tu viaje. Fuente: ITAR-TASS

Incluso Lenin parece estar haciendo autostop, con una mano en el bolsillo y la otra apuntando hacia el futuro, dice el escritor Serguéi Dovlátov.

El autostop es una forma de viajar pidiendo, algo así como turismo de limosna. Esta práctica de movilidad parece estar ganando popularidad en Rusia, de forma paralela a la desaparición de otras alternativas de viajar barato. Porque en Rusia hay muchas formas de autostop y no todas legales.

Por un lado está la forma tradicional, idealizada por la generación ‘Beat’ y los ‘hippies’; esa de levantar el pulgar y hacer cientos de kilómetros parando en ciudades con nombres imposibles y escuchando filosofía de cabina de camión.

Este tipo de autostop es el que describe el escritor Igor Saveliev, quien habla incluso de una época dorada del autostop… en Rusia.

“Una vez hice autostop para recordar los viejos tiempos. Tuve que quitarme el anillo de casado y contarle a todo el mundo que tenía 22 años y no 28. Si te recoge un camionero, de esos que recorren largas distancias, y resulta que tenéis la misma edad, la situación se vuelve embarazosa. Parece que él está trabajando para mantener a su familia, gastando en ti parte de su gasolina y que tú eres, bueno, lo que viene a ser un vago”, escribe.

Las enormes distancias, el clima hostil y las áreas poco pobladas no siempre son tomadas como razones disuasorias para hacer autostop en Rusia. Incluso pueden incentivar el intento, al intensificar lo que el antropólogo Patrick Laviolette describe como ‘conexión de lo íntimo y lo remoto a través de los sentidos’.

 Galería de fotos: La vida de los conductores de camiones en las carreteras rusas

Este profesor de la universidad de Tallin describe cómo las tecnologías están influenciando la práctica de autostop… pero no matándola, ya que ese proceso de búsqueda de uno mismo requiere una ruptura con las pautas cotidianas.

En este sentido, las tecnologías ayudan a preparar el viaje y también facilitan el camino, por ejemplo a mantener la comunicación con amigos o acceder a información sobre los parajes y ciudades que cruzas. Al mismo tiempo, la ubiquidad de las tecnologías es una de las razones para escapar y desconectar.

El autostop en sí es una práctica que conlleva soledad… y también ruptura de esa soledad. Además de ciertos comportamientos y pautas, el emprender autostop requiere una tendencia a la aventura y un punto de partida.

Igualmente, el hecho de depender de otros nos hace ser más humildes y alimenta el respeto. Asimismo, es una experiencia que siempre resulta única, por los diferentes encuentros y estados de ánimo en el camino.

Como nos cuenta Terje Toomistu, organizadora de la exposición ‘Soviet Hippies’, el autostop ya era parte de la ideología de los hippies soviéticos en los 70, quienes incluso tenían un ‘sistema’ de apoyo paralelo al oficial.

Según Terje, los conductores que recogían hippies en la URSS conseguían a veces tickets de gasoil extra. En la actualidad, hay unos diez clubes de autostop en Rusia, siendo el más antiguo fundado en 1978.

Terje habla con Rusia Hoy sobre sus viajes en autostop por Rusia (por el Cáucaso, los Urales y el noroeste): “Cada vez que levantábamos el pulgar era un punto que abría casi infinitas posibilidades. Cada vehículo en el que nos subíamos nos llevaba a nuestro destino vital. La vieja Rusia es un paraíso para el autostopista… Parece que a los rusos les gusta compartir su vida, enfatizando lo que tiene y no tiene valor para ellos; a veces suenan como filósofos”.

Ella viajaba con dos amigas, “lo que hacía el viaje más complicado, porque tres viajeras no caben en todos los vehículos. Aunque también nos hacía sentir más seguras que si fuéramos por separado”. Aun así, en su travesía de Komi a Moscú decidieron separarse, ya que perdieron la esperanza de que alguien llevara a las tres juntas.

“Un camionero me recogió y tuve con él conversaciones increíbles en dirección a Moscú. Después me fui a dormir a la parte de atrás. A pesar de que él se había ganado mi confianza, yo fui lo suficientemente precavida de esconder un spray pimienta en mi ropa interior. Por supuesto nada malo pasó y él fue muy amable conmigo”, cuenta Terje.

“Hacer autostop en Europa Occidental puede ser más complicado ya que siempre te mueves de gasolinera a gasolinera. No está permitido en autopistas y en Europa del Este es raro encontrarse con ellas, así que puedes parar los vehículos en cualquier lugar, lo que hace el viaje más flexible y más divertido”, y añade: “Posiblemente, la gente todavía se acuerda de los viejos tiempos del autostop, cuando todavía tenía ese gusto por lo colectivo, la responsabilidad ambiental y el apoyo al vagabundear… lo cual hace que la gente todavía recoja a viajeros en el carretera”.

Aun así, los hippies no inventaron el autostop. Ya antes de la Segunda Guerra Mundial era una práctica relativamente común en Estados Unidos. Incluso Clark Gable lo hace en una película de Hollywood de 1934.

Asimismo, la variedad de prácticas de autostop en Rusia va más allá del pulgar y los largos viajes. Por ejemplo, el autostop urbano ha sido muy común durante los últimos veinte años, tanto para explorar gratis las ciudades como para moverse pagando.

La diferencia está en la señal que haces al borde de la carretera, la primera con el pulgar en alto y la segunda con la palma de la mano hacia abajo. 

 

Fuente: Reuters / Vostock Photo

En el autostop pagado existen también varias opciones. Desde los ‘bombili’ rusos (taxis sin licencia) a los conductores espontáneos, a los cuáles les pilla de camino y te llevan para sacarse un sobresueldo. Aun así, todavía no se han asentado en Rusia programas de viaje conjunto como el alemán Mitfahrgelegenheit.

En Moscú existen unos 9.000 taxis funcionando con licencia y unos 40.000 taxis ilegales. Desde septiembre de 2011 se ha emprendido una campaña municipal para eliminar los ‘bombili’, con chequeos policiales y multas de 150 euros (entre marzo y septiembre de 2012, 680 conductores fueron multados y 416 coches confiscados).

Fue en 1925 cuando los moscovitas vieron un taxi por primera vez. Eran Renaults y Fiats, que en 1932 fueron remplazados por los coches domésticos Gaz-A.

Este tipo de autostop urbano era la norma cuando yo vivía en Moscú; cada día cogía uno de esos coches para moverme por la ciudad. Las anécdotas son numerosas. Recuerdo una vez que salí del Propaganda (un club del centro de Moscú) a las 3 de la mañana. Estaba un poco perjudicado y me quedaban sólo 120 rublos (3 euros) en el bolsillo. Para colmo llovía.

Intenté durante 20 minutos que alguien me llevara a Prospekt Vernadskogo, al suroeste de la ciudad, pero nadie quería hacerlo por ese precio. Al final alguien accedió en un Lada medio destartalado. En mitad del camino el coche se quedó sin gasolina. El conductor me dijo que no le quedaba dinero y que si quería ir a algún lado tenía que pagarle por adelantado. No sólo eso, tuvimos que empujar el coche durante media hora hasta la próxima gasolinera.

La música popsovy y la chanson rusa predominan en los 'bombili'. Los conductores suelen ser inmigrantes que se ganan la vida como pueden. Ksenia, una amiga de San Petersburgo, describe como una aventura sus viajes de Kupchino al centro de la ciudad (‘no hace falta que te pongas el cinturón, soy un buen conductor’).

También cuenta Ksenia cómo una vez se metieron seis amigos (cuatreo sentados detrás y dos tendidos) en un coche oficial con dos agentes… esa fue la primera sorpresa, la segunda vino cuando les pidieron dinero al llegar.

Como dice Serguéi Dovlátov, en Rusia incluso Lenin parece estar haciendo autostop, con una mano en el bolsillo y la otra apuntando hacia el futuro.

En twitter: @fm_fronteraazul