El Instituto de Traducción ruso de visita por España

La conferencia tuvo lugar en Barcelona en la sede del Gremio de Editores de Cataluña. Eugene Reznichenko (a la izuierda), director del Instituto, María Skachkova (centro), Yulia Dobrovolskaya (a la derecha). Fuente: Instituto de Traducción

La conferencia tuvo lugar en Barcelona en la sede del Gremio de Editores de Cataluña. Eugene Reznichenko (a la izuierda), director del Instituto, María Skachkova (centro), Yulia Dobrovolskaya (a la derecha). Fuente: Instituto de Traducción

Gracias a los traductores, puentes entre culturas, la literatura rusa es universal. Consciente de ello y de que los grandes escritores rusos son la mejor carta de presentación del país eslavo, el Instituto de Traducción está impulsando un ambicioso programa de ayudas y de actividades centradas en el desarrollo teórico y práctico de la traducción literaria. Conversamos en Barcelona con su director, Eugene Reznichenko, en compañía de Maria Skachkova, coordinadora de los programas de ayudas, y de la traductora y agente literaria, afincada en la ciudad condal, Yulia Dobrovolskaya.

¿Cómo nació el proyecto?

En la Rusia que surgió tras la disolución de la Unión Soviética no existía la práctica de ofrecer ayudas a editoriales extranjeras para que tradujeran obras rusas a otros idiomas. Las traducciones se hacían desde las asociaciones de escritores soviéticas y las editoriales estatales, que contrataban a su vez a traductores para verter las obras literarias a otros idiomas. Así que, de alguna manera, el Instituto de Traducción ha tenido que iniciar su labor desde cero. 

¿Esta iniciativa abraza otros aspectos de la cultura rusa?

 La acción cultural la lleva a cargo, de forma más amplia, la Fundación Ruskiy Mir, que sería el equivalente del Instituto Cervantes, el British Institut o la Alliance Française. El Instituto de Traducción es una institución muy joven -el pasado 31 de mayo cumplió dos años- y está exclusivamente centrada en la traducción y en la promoción de la literatura. Es importante subrayar que nos referimos a todas las lenguas que se hablan en la Federación de Rusia, no sólo al ruso. 

¿Quién está detrás del Instituto de la Traducción?

Somos un equipo pequeño, de cuatro personas, para un trabajo inmenso. En esta primera etapa nos centramos en consolidar el proyecto, hacer el máximo de difusión y contactos en el extranjero. Si tuviera que mencionar a una persona en particular que ha dado con la fórmula para este organismo y conseguido un nivel óptimo de financiación y apoyo institucional ha sido Vladímir Grigoriev, subdirector de la Agencia Federal de Prensa y Medios de Comunicación.

¿Cuáles son los principales retos para una institución tan joven?

La prioridad es estructurar el sistema de financiación del Instituto, una institución sin ánimo de lucro con participación estatal y en la que también están involucrados doce de los más prestigiosos organismos culturales rusos.

A principios de año tenemos una idea del presupuesto disponible, pero no cuándo se hará efectivo. Esto nos crea algunas dificultades de planificación, así que este año nos hemos propuesto alcanzar unos objetivos mínimos a fin de poner las bases para el futuro. También es prioritario darnos a conocer.

Además de tener un sitio web, estamos presentes en las principales ferias del libro del mundo y los agentes literarios y traductores también nos ayudan con el boca a boca. Es un esfuerzo inicial necesario. 

Siendo una institución que lidia con la diversidad de la Federación Rusa, ¿existe buena sintonía con el resto de lenguas que no son el ruso?

De entrada no tenemos ninguna cortapisa ideológica en cuanto a las lenguas, todas son igual de importantes respecto al ruso. Nuestro principal objetivo es única y exclusivamente apoyar la traducción sin importarnos, por ejemplo, dónde reside el autor. El único criterio es que el libro esté escrito en una lengua de la Federación Rusa y sea una obra de calidad. Pienso en Mariam Petrosyam,  que vive en Armenia, o Mijaíl Shishkin,  que es ciudadano suizo.

 

Fuente: Instituto de Traducción

¿Se está trabajando en establecer acuerdos con los organismos de apoyo a la industria editorial de cada país?

Por supuesto. Nuestra idea es afianzar los principales dominios lingüísticos, que, para nosotros, son el español, el francés, el inglés, el portugués, el chino, el árabe, el alemán y el japonés. En cada uno de ellos se establecerán acuerdos de colaboración permanente con organismos autóctonos que nos ayudarán a ejecutar nuestros programas.

A la hora de establecer estos contactos nuestro principal criterio es la excelencia y la profesionalidad. Aparte de los organismos públicos de cada país, también es importante la colaboración con personas que ya llevan a cabo un relevante papel de difusión de la literatura rusa, como puede ser el caso en España de la agencia de derechos ELKOST y, en particular, de Yulia Dobrovolskaia, o del eslavista Ricardo San Vicente.

Dentro del grupo de lenguas prioritarias que ha menciona, ¿con cuáles se ha avanzado más?

Hoy por hoy hemos hecho muchos avances en la colaboración con el mundo anglosajón, especialmente con Estados Unidos, y con el hispanohablante, a través de España. Hemos viajado a Barcelona para dar a conocer de primera mano nuestro programa y acordar posibles colaboraciones con instituciones. También hemos progresado bastante en nuestras actividades en China, aunque se trata de un caso particular porque no existen editoriales privadas, que son nuestros interlocutores en cada país.

¿Cuál es el proyecto más importante que tienen entre manos?

Queremos sacar adelante, en cada una de las nueve lenguas citadas, una selecta colección de literatura rusa, como la Pléyade en francés.

Hablamos de una biblioteca de más de cien obras que abarcaría desde los autores clásicos hasta los contemporáneos. Así que, por una parte, tenemos las propuestas que nos llegan de las editoriales, que compran los derechos de las obras y las publican, y este macroproyecto que queremos iniciar cuanto antes.

Serían ediciones en papel, cuidadas y rigurosas, pero también saldrían en formato electrónico. Es algo que hemos tenido claro desde el principio, pero que, por la envergadura del proyecto, requiere mucha coordinación, además de alcanzar un consenso en la confección de esta lista de obras por parte de un equipo de expertos. Queremos que el español y el inglés sean las dos primeras lenguas en acometer este proyecto.

¿Se va a priorizar la literatura contemporánea?

Sí, aunque siempre confluyen otras circunstancias. El año que viene, por ejemplo, se cumple el bicentenario del nacimiento de Mijaíl Lérmontov, así que estamos abiertos a nuevas traducciones del poeta romántico ruso.

Lo que sí vamos a poner a disposición de las editoriales extranjeras es una lista de títulos recomendados para la traducción y si los editores nos garantizan la publicación de calidad de uno de estas obras con traductores de la talla de Marian Schwartz en inglés o Marta Rebón en español se puede decir que tienen la ayuda garantizada.

¿Qué oportunidades tienen las otras lenguas, al margen de las nueve preferentes, de acceder a estas ayudas?

Hemos empezado con las de mayor proyección en lo tocante al proyecto de la biblioteca de literatura rusa. De las lenguas de menor dominio aún es pronto para hablar. Pero la idea es cubrir el máximo territorio.

Aunque nos estemos centrando en España, nuestra idea es que las traducciones que se subvencionen circulen por toda América Latina, tanto las portuguesas como las españolas. Este año, por ejemplo, hemos recibido diez proyectos concretos para traducciones al catalán. En este caso pasarán por el comité de expertos con los mismos criterios que si se tratase de traducciones al francés o al inglés.

¿Qué otras acciones destacaría del Instituto de Traducción?

Además de estas ayudas, queremos cuidar especialmente a los traductores y su formación. Para ellos organizamos encuentros y jornadas internacionales de carácter bianual, con una temática específica, para tener un lugar de encuentro y discusión.

Luego están los premios a la traducción “Lee Rusia/Read Russia” para traductores y editores. La parte de la formación a estudiantes de traducción es la que está todavía un poco sin desarrollar porque los intercambios de estudiantes dependen de la implicación del Ministerio de Educación.

¿La edición en papel todavía prima sobre la edición electrónica?

En este sentido somos bastante conservadores y privilegiamos la edición impresa. Queremos libros muy bien editados en su contenido, no solo en su diseño. No obstante, no damos la espalda a la edición electrónica.

Analizamos caso a caso. Este año hemos apoyado a una editorial de Estados Unidos enfocada al mercado electrónico, aunque también hizo una pequeña tirada de 1.000 ejemplares.

Y a largo plazo, ¿qué ideas hay sobre la mesa?

Nos gustaría poder abrir una Casa del Traductor en Moscú.

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