La UEFA da la espalda al Cáucaso

El estadio de Majachkalá. Fuente: Ria Novosti

El estadio de Majachkalá. Fuente: Ria Novosti

Se mantiene el veto a los partidos en Daguestán, el presidente del club responde que la decisión se basa en “prejuicios políticos trasnochados”.

Si la UEFA pensaba que valdría con poner paños calientes hasta que el asunto cayese por su propio peso, estaba equivocada. El Anzhi de Daguestán va en serio.

A su dueño, el oligarca Suleimán Kerímov, le quedan millones y paciencia para rato. El proyecto deportivo del club está consolidado y con él parece garantizada su presencia en competiciones europeas los próximos años, enquistando el problema de la sede de sus partidos.

La temporada pasada la UEFA ya vetó por motivos de seguridad la celebración de encuentros en Majachkalá, capital de Daguestán. Hace un par de semanas la organización anunció, mediante un comunicado firmado por su presidente Michel Platini,  que “tras estudiar las circunstancias actuales y las advertencias de varios gobiernos, la prohibición seguirá vigente la próxima temporada y hasta nuevo aviso, siendo extensible a todas las regiones del Cáucaso Norte”.

La decisión supone un fuerte revés institucional para el club, que el 1 de julio reinauguró oficialmente y en loor de multitudes el ‘Anzhi Arena’ tras una apresurada pero ambiciosa reforma para adaptarlo a todos los requisitos de la UEFA.

El evento de reapertura, al que acudieron 30.000 espectadores y contó con las actuaciones entre otros del rapero Flo Rida y la cantante Cher fue una forma indirecta de presionar a la UEFA semanas antes de anunciar si se revocaría o mantendría la prohibición.

“Su decisión se basa en prejuicios y estereotipos trasnochados. Los intereses de la UEFA van más por la política que por el fútbol, está empeñada en que regiones como Daguestán, Osetia o Chechenia sigan pareciendo problemáticas. Esta gente son como búhos: cuanta más luz, menos ven”, espetó al conocer la noticia Ramazán Abdulatípov, presidente de la república de Daguestán.

Unas fuertes declaraciones que tuvieron horas más tarde el respaldo incondicional de Román Kadírov, el heterodoxo presidente de la vecina Chechenia y del equipo de fútbol de la región, el Terek Grozni.

Como principal ventana al extranjero, el Anzhi se ha convertido en orgullo de Daguestán y este año ha reunido más de 22.000 aficionados de media en el estadio en la liga nacional, la mejor cifra de entre todos los equipos rusos.

Cabe señalar que las entradas son muy baratas, incluso para el nivel de precios de la región, entre 35 y 75 euros el abono de temporada. El destierro del Anzhi volverá a ser en Moscú, a 1.600 kilómetros de Majachkalá, aunque esta vez disputará sus partidos de Europa League en el estadio Saturn, a las afueras de la capital, en vez de Luzhnikí y Lokomotiv, los recintos que alternó en el curso 2012-13.

Cabe destacar el esfuerzo ímprobo que realizó el club la pasada temporada para compensar los efectos del veto y llevar una cantidad digna de espectadores al estadio, ya fuesen inmigrantes de Daguestán residentes en la capital o subvencionando el viaje desde Majachkalá.

El resultado fue una media de 6.000 espectadores en los encuentros europeos que, así dicho puede sonar a poco, pero es 10 veces que el otro equipo ruso que por motivos diferentes también sufrió destierro en la capital, el Rubin, y eso que Kazán está a la mitad de distancia de Moscú que Majachkalá.

Puesto en perspectiva, el veto de la UEFA tiene buenos argumentos a favor y en contra. Puede que Daguestán no sea la región más segura del mundo, ni se acerque, pero el criterio de la seguridad es parcial, máxime cuando la propia UEFA se niega incluso a realizar un viaje de inspección a la región.

¿Cómo se mide la inseguridad? Otras zonas como Irlanda o País Vasco, que sufrieron atentados con relativa frecuencia algunas décadas atrás, nunca fueron vetadas. ¿Cuál es la frecuencia de atentados a partir de la que la UEFA considera insegura una región?

El único precedente similar fue el veto a los partidos en Israel durante dos años y medio, entre octubre 2001 y abril 2004, coincidiendo con una escalada de violencia del conflicto palestino-israelí.

Lo cierto es que el Anzhi lleva años jugando sus partidos de liga rusa en Majachkalá sin ningún incidente reseñable. Sucede sin embargo que el argumentario del club para defender la seguridad de los partidos en su estadio tiene un gran agujero negro, el hecho de que precisamente por motivos de seguridad el propio equipo entrena y reside durante la semana en Moscú y sólo viaja a Daguestán para los partidos, un día cada dos semanas. Difícil predicar sin dar ejemplo.

¿Se atrevería el Anzhi a desplazar la residencia de su plantilla a Daguestán para presionar a la UEFA? ¿Qué opinarían sus estrellas, que actualmente viven como sultanes en el centro de Moscú? Sea como fuere, la UEFA se enfrenta a un conflicto institucional sin visos de solución. Es más, dado el plantillón que el Anzhi lleva gestando ya tres años, es probable que se clasifique más pronto que tarde para jugar la Champions League, un altavoz que sólo haría que multiplicar la dimensión del problema.

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