Desde Rusia con rigor: el día a día de un corresponsal

Carlos Franganillo es el rostro y la voz de TVE -Televisión Española- en el país eslavo. Lleva dos años enfrentándose a diario al reto mayúsculo que supone llevar la corresponsalía de Moscú, donde se estrenó en este cometido. Antes de aterrizar profesionalmente en Rusia, cubrió como enviado especial el rescate de los mineros chilenos, la crisis política de Tailandia o la económica en Grecia. Conversamos con este asturiano sobre los entresijos de la vida de reportero al otro extremo de Europa.

En estos últimos días el caso Snowden habrá sido la comidilla de los corresponsales extranjeros en Moscú, ¿no? 

Después de varios días en el aeropuerto empiezas a ver a Snowden por todas partes. Lo imaginamos escondido en cubos de basura  o en algún conducto de aire acondicionado. Parece difícil que un tipo logre desaparecer del mapa de manera tan eficiente y sin más ayuda que la de Wikileaks. 

Moscú es su primera corresponsalía. ¿Cómo recibió la asignación de este cargo? 

Recuerdo que me llamaron por teléfono para proponérmelo y no lo dudé. Mi sueño era ser corresponsal y me hubiera ido a cualquier parte. Ese mismo día me apunté a un curso intensivo de ruso y fui a una librería para hacerme con un montón de libros sobre Rusia.

Carlos Franganillo Hernández nació en Oviedo (1980). Licenciado en Comunicación Audiovisual (Universidad Antonio de Nebrija, Madrid 2002) y en Periodismo (Universidad San Pablo-CEU, Madrid 2004). En 2005 entra a trabajar enRadio Nacional de España en Oviedo, En marzo de 2008 ingresa por oposición en Televisión Española. Desde el 1 de enero de 2011 es corresponsal de TVE en Moscú. 

¿Qué libros se llevó en la maleta? 

Viajé con muchos, algunos de ellos estaban relacionados con Rusia, como El baile de Natacha de Orlando Figes (regalo de una buena amiga de TVE),  Historia de la Unión Soviéticade Carlos Taibo, La Rusia de Putin de Anna Politkóvskaya, además de otros libros de historia del país. 

¿Qué recuerdos guarda de los primeros días en Moscú? 

La oscuridad, el frío, el hielo en la acera, los atascos, los imponentes edificios estalinistas, la incomunicación. Llegué un 2 de enero, en pleno invierno, y el país estaba de vacaciones, así que tuve tiempo para una primera inmersión en Rusia. Estaba un poco intimidado por el hecho de llevar una corresponsalía y dominar las claves informativas en un país del que sabía muy poco. 

¿Cuáles son los retos principales para un corresponsal en Rusia? 

El principal obstáculo es la burocracia y la distancia con el poder político. A la hora de solicitar algunas entrevistas los trámites pueden demorarse días o semanas. Eso obliga a planificar con mucha antelación. Por lo demás, no he notado ninguna cortapisa. 

A veces da la sensación de que a Rusia le preocupa bastante poco la imagen que proyecta hacia Occidente. La situación es distinta para los periodistas locales, como ocurre siempre. Están más expuestos y tienen más que perder ante los grupos de poder. 

En cuanto a los retos, pienso que es básico librarse cuanto antes de los prejuicios (no sólo en Rusia), aunque algunos de ellos sean ciertos. Es la única manera de entender por qué Rusia es como es y por qué actúa de una determinada manera en el mundo. 

¿Cuál es el mejor consejo que ha recibido con respecto a su 'nueva vida' en Rusia? 

'Cómprate manoplas', ni punto de comparación para protegerse del frío en las manos. Y también ser consciente de que Moscú y San Petersburgo no son un reflejo de todo el país. 

Lo que la gente piensa en el centro de Moscú sobre la política o la vida puede no corresponderse con lo que la mayoría de la gente piensa en la Rusia rural e industrial. Hay que tener claro el concepto para no ofrecer una visión incorrecta del país. 

¿Qué tópicos se han desmontado? 

Más bien he profundizado y matizado muchos tópicos que tienen una parte de verdad. Rusia es un país extremadamente nacionalista, donde un amplio sector de la población antepone estabilidad política a determinadas libertades, algo que se puede llegar a entender si se conoce el pasado reciente y el caos de la década de 1990 que aún marca a las nuevas generaciones. 

También es una sociedad muy culta, con una fuerte inclinación hacia el arte, y los rusos más jóvenes viajan cada vez más y son más cosmopolitas. Creo que esa intensa conexión con el exterior puede ser muy interesante para desarrollar la Rusia del futuro. 

La principal amenaza es la corrupción que aquí alcanza niveles muy difíciles de gestionar y que llega a todos los rincones de la vida del país. 

¿A qué personalidad le gustaría entrevistar y aún no ha tenido la oportunidad? 

Ahora mismo a Alexéi Navalni. Hemos recogido sus testimonios en manifestaciones, pero siempre que hemos tratado de entrevistarlo ha sido imposible. 

Sigue siendo un líder poco representativo si atendemos a que poca gente le conoce fuera de Moscú, pero su labor denunciando casos de corrupción en la Administración rusa le convierte en una especie de Quijote.

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¿Se le siguen escapando muchas cosas de Rusia? 

Me sigue sorprendiendo la relación de los rusos con el poder. Por un lado, muchos parecen niños gamberros que se divierten saltándose las normas. Eso se aprecia en la manera de conducir, por ejemplo. 

Por otro, existe un gran respeto, a veces irracional, a la cadena de mando. Existe un refrán ruso que dice algo así como: “si tú eres el jefe, yo soy el idiota. Si yo soy el jefe, tú eres el idiota”. Todo se basa en quién lleva el silbato en ese momento y las órdenes no se cuestionan. 

También me llama la atención el desprecio por el peligro. No es una sociedad que tienda al pánico y a la histeria, cosa más frecuente  en Occidente. 

Y por último, me indigna la insolidaridad de muchos moscovitas. Empujones en el metro, agresividad al volante, indiferencia ante el dolor ajeno… Afortunadamente hay muchas excepciones. 

¿Cree que se entienden en el exterior las posturas de Rusia en ciertos conflictos internacionales, como el de Siria? 

Desde Occidente se tiende a demonizar la postura de Moscú en estos asuntos. Creo que al fin y al cabo sólo hay intereses estratégicos, como los tiene EE UU, España o Suecia. Todos son igual de repugnantes o igual de legítimos. 

Ahora Rusia quiere perfilarse como el garante de la soberanía de los estados frente al intervencionismo de EE UU y sus aliados y en el caso de Siria se niega a perder a un socio que le compra armas y le permite utilizar una base naval en el Mediterráneo. 

Lo triste es que todos estos intereses nacionales impidan una acción internacional que pueda defender la vida de los civiles. 

¿Cómo ha cambiado el oficio de un corresponsal con las nuevas tecnologías? 

Para mí Twitter es muy importante. Me facilita el trabajo y me permite enterarme de muchas cosas a las que no llegaría (análisis, ruedas de prensa online a las que no puedo acudir, comunicados,….). La cuestión es saber elegir a quién seguir. 

Muchos corresponsales critican el uso de estas herramientas pero en casos como el de Snowden son fundamentales para seguir fuentes muy alejadas y que en muchos casos se pronuncian a través de Twitter. Hoy en día, un periodista no debería permitirse vivir al margen de Twitter. Todo depende de cómo se utilice. 

Cuando van a visitarle, ¿a qué lugares lleva a quienes no conocen la ciudad? 

Al margen de las citas obligadas  como la Plaza Roja, la tumba de Lenin, la galería Tretiakov, el mirador de Lomónosov, en el terreno gastronómico suelo recurrir al Café Pushkin -el menú ejecutivo no es caro, la comida es realmente buena y el entorno reproduce una mansión rusa del siglo XIX-,   la terraza de Strelka o algún restaurante georgiano  como Jachapuri, Madame Galifé o Jinkálnaya. 

Dependiendo del tiempo y de los intereses del visitante, también solemos ir a alguna cantina típicamente soviética. El parque Gorki es otro lugar interesante, tanto en verano como en invierno. Se ha convertido en un espacio muy cosmopolita, con terrazas, cine al aire libre, conciertos y pista de patinaje sobre hielo en invierno. Por la noche hay una gran oferta de terrazas y clubs que merece la pena visitar.  

¿Qué no quiere dejar de hacer antes de cambiar de corresponsalía? 

Tengo muchas cuentas pendientes. No he viajado a Siberia, me gustaría conocer el lago Baikal, Kamchatka. Es un país enorme y el presupuesto es limitado. 

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