La historia de Borís Shajlin, pionero de la gimnasia soviética

Borís Shajlin. Fuente: Dutch National Archives / olympic.org

Borís Shajlin. Fuente: Dutch National Archives / olympic.org

Rusia lucha hoy en día por mantenerse como una de las potencias mundiales de la gimnasia artística, aunque en categoría masculina cualquier tiempo pasado fue mejor. Con la retirada hace ya algunos años de la última generación heredada de la URSS concluyó un periodo de aproximadamente medio siglo de claro dominio.

Aquella hegemonía a la que los estamentos deportivos rusos apelan ahora con nostalgia comenzó allá por la década de los 50 del siglo pasado y tuvo a un tal Borís Shajlin como punta de lanza, el espejo en el que después se miraron los Vitaly Scherbo o Alexei Nemov, nombres que por cercanía temporal nos son más familiares.

La historia de Shajlin arranca en 1932 en Ishim, una pequeña ciudad de la Siberia occidental, casi frontera con Kazajstán. Con diez primaveras recién cumplidas Borís quedó huérfano de padre y madre. 

Durante una infancia complicada Shajlin forjó un carácter de hierro que le ayudaría en el deporte de élite. Fueron su abuela y su hermano mayor los que se hicieron cargo de su educación, Borís les guardaría eterna gratitud.

Shajlin se inicia en la gimnasia en 1948, una vez terminada la guerra, atraído principalmente por la barra fija. Aquel año conoció a Vasili Profiriev, un antiguo gimnasta frustrado por una lesión medular, pero una persona de voluntad inquebrantable que guió a Borís en su ascenso a la élite del deporte soviético.

La primera parada del camino fue la sociedad deportiva Lokomotiv (su padre había trabajado en la empresa de ferrocarril), donde paradójicamente le auguraron escaso recorrido en la gimnasia artística por su escasa capacidad de salto, su tren inferior estaba mucho menos desarrollado que el superior. Obviamente se equivocaron, Borís no había llegado tan lejos para amedrentarse por un mal augurio.

Con trabajo duro se convirtió en un gimnasta completo, siendo sus especialidades la barra fija, el caballo con arcos y las anillas, de esta última inventó un movimiento de salida que aún hoy se utiliza y lleva su nombre.

Aconsejado por su mentor, Borís abandonó su Ishim natal y se mudó a Ucrania para continuar su formación en Kiev con el gran maestro Alexander Mishakov, el mismo que por entonces entrenaba a Laryssa Latinina (18 medallas olímpicas). A los 22 años Borís barrió en los campeonatos de la URSS y pasó a formar parte del equipo nacional, entonces comienza la borrachera de títulos internacionales en que se asienta su leyenda.

Nada menos que trece medallas olímpicas le contemplan, incluidas siete de oro. Ganó al menos una medalla de oro en tres JJOO consecutivos, un gran logro en general, pues implica al menos una década en la élite, pero más aún en una disciplina como la gimnasia en que la vida útil del deportista es tan corta.

Aunque conviene aclarar que los tiempos han cambiado, Shajlin se retiró con 35 años, cuando en la actualidad un gimnasta de 28 está ya para el desguace.

Su fortaleza residía en la concentración previa y la seguridad con que ejecutaba las rutinas, nadie recuerda haberle visto caerse de un aparato en competición oficial en toda su carrera.

Desde 1964 y durante 16 años permaneció como el deportista con más medallas olímpicas de la historia (13), hasta que en 1980 le superó su compatriota y también gimnasta Nikolái Adrianov (15).

A los logros de Borís en JJOO hay que sumar 14 medallas en campeonatos del mundo, la mitad de oro y en individuales, y hacemos hincapié en lo de disciplinas individuales porque la medalla por equipos se daba casi por descontado en aquella época de claro domino soviético de la gimnasia, con permiso de Japón.

En 1967 Shajlin, tras una tarde de entrenamiento, sufrió un infarto, al parecer relacionado con su adicción al tabaco. Tenía 35 años y, a instancias de los médicos, aquel mismo día puso fin a su carrera profesional… aunque no dejó de fumar, de eso sólo se convenció diez años más tarde tras un segundo infarto.

Una vez retirado Borís mantuvo una estrecha vinculación con la gimnasia. Un año después, en 1968, se sacó el título de juez internacional, gracias al que participó en ocho JJOO, trabajo que compaginaría con el de profesor del Instituto de Educación Física de Kiev, su segunda casa.

En 1999, al conocer la muerte de su hermano mayor y las penurias económicas de la familia que había dejado, Borís decidió ayudar por todos los medios. 

La gimnasia no es un deporte especialmente lucrativo, menos en la URSS, así que pese a sus logros Shajlin nunca fue un hombre acaudalado y tuvo que recurrir para ayudar a lo más valioso que tenía en casa… las medallas.

Vendió las 99 preseas de sus días de gloria (entre títulos nacionales, europeos, mundiales y olímpicos), a excepción de dos que guardó para su propia hija.

Borís falleció una tarde de mayo de 2008 en Kiev, en cuyo cementerio una estatua de bronce señala el lugar donde descansa la leyenda. Entre las muchas personalidades del deporte mundial que acudieron a su entierro se encontraba Bruno Grandi, presidente de la Federación internacional: “Con la muerte de Shajlin se cierra un capítulo glorioso de la gimnasia internacional. Como gimnasta fue un símbolo, como hombre, la esencia de la sencillez”.