“Stalin fue también un intelectual, pese a su brutalidad personal”

José María Faraldo, escritor, traductor e historiador español. Fuente: Fran Martínez

José María Faraldo, escritor, traductor e historiador español. Fuente: Fran Martínez

José María Faraldo es un conversador atento, escucha a su interlocutor y habla con pasión, pasando de episodios autobiográficos a incursiones intelectuales, juicios políticos, referencias a autores de ciencia ficción e indagaciones históricas. Nos encontramos en Berlín, ambos invitados por una televisión alemana, y después compartimos mesa en un restaurante de Postdammer Platz (“por el acento, diría que la camarera es rusa”).

En tu último libro, comparas la resistencia a las ocupaciones nazi y soviética alrededor de la  Segunda Guerra Mundial y hallas varios elementos comunes…

Sí, más que comunes, es que se trata del mismo conflicto encadenado: a la ocupación soviética se resistían los pueblos ocupados en el Este de la misma forma que a la de los alemanes. A veces eran las mismas personas, luchando en dos frentes. 

Y qué diferencias había entre la resistencia a la ocupación nazi y la soviética.

La diferencia en las resistencias provenía de las diferencias en la ocupación: el aniquilamiento biológico de los pueblos preconizado por los nazis era muy diferente de la represión estalinista y su ocupación ideológica. Por ello, la violencia fue mayor en la lucha contra los nazis. 

¿Qué te parece la equiparación de Stalin y Hitler? Se habla mucho de las similitudes, pero cuáles fueron las diferencias, en tu opinión.

Yo no veo tantas similitudes. Más allá de ser dictadores sangrientos, el racismo biológico e ideológico de Hitler fue muy diferente de la obsesión estalinista por la modernización y su miedo a la traición, que le llevó a las purgas. Stalin fue también un intelectual, pese a su brutalidad personal, mientras que Hitler no era más que un soldado fanatizado.

José María Faraldo es profesor de Historia en la Universidad Complutense de Madrid, Faraldo ha desarrollado durante años investigaciones en la Europa-Universität Viadrina de Franfurt/Oder, el Centro de Estudios Contemporáneos de Postdam y la Universidad de Leipzig…). La mayor parte de su trabajo está dedicado a la historia ruso-soviética, polaca y de Alemania del Este. Además ha traducido al castellano la obra del autor polaco Andrzej Sapkowski y publicado recientemente ‘La Europa clandestina. Resistencia a las ocupaciones nazi y soviética (1938-1948)’.

¿Y las similitudes entre Stalin y Franco?

Esto es una pequeña boutade que he soltado yo en alguna ocasión pero que se basa sobre todo en el hecho de que tanto Stalin como Franco eran más prácticos que Hitler, menos ideológicos. Hicieron también un uso mayor de la violencia en el interior del país para afianzar sus respectivos regímenes que la de Hitler, que tuvo pronto un apoyo popular más amplio. 

Se habla mucho de la importancia de los 'grandes hombres' en la historia y sus cambios de rumbo ¿Tú te decantas por el peso de una personalidad individual o por las circunstancias que los rodean?

Es evidente que una sola persona no puede cambiar por completo la historia… a no ser que las circunstancias que lo rodean conduzcan a que sus decisiones sean el factor decisivo. Sin Hitler, estoy convencido de que no habría habido Segunda Guerra Mundial y sin Stalin, el Gran Terror no habría existido. Fueron sus decisiones las que condujeron a esto, pero las decisiones son estériles fuera del contexto adecuado. En realidad es lo mismo que en la física de las dinámicas no lineales: un “atractor extraño” focaliza el movimiento de partículas y produce una reacción imprevisible. 

¿Qué te parece que los proyectos de modernización de Rusia reverencien constantemente supuestas grandezas del pasado?

Creo que la referencia a ciertas tradiciones es siempre necesaria, puesto que sirven para estructurar una identidad que da forma y sentido a las propuestas. Ahora bien, una cosa es encuadrar un proyecto en una tradición histórica y otra infundirlo de una supuesta “grandeza” que, por lo general, no es más que megalomanía o ignorancia. Enlazar la modernización rusa de hoy con la de Pedro el Grande, por ejemplo, no significa ir por la calle cortándoles las barbas a quienes quieran llevarlas.  

¿Crees que en la actualidad estamos presenciando un renacer del nacionalismo ruso?

Sí y no. Es decir, hay una evidente radicalización de las posturas de una parte importante de la juventud, que además y pese a su peligrosidad, es aplaudida por ciertos sectores oficiales que creen poder utilizarlos para sus propios fines.

Pero por otro lado hay otra parte importante de lajuventud, sobre todo urbana, que es internacional, europea en sus formas y abierta al mundo. Quien predomine al final es difícil decirlo, aunque tiendo siempre a ser pesimista.

Aun así, ¿Es posible encontrar en el nacionalismo ruso rasgos diferentes al nacionalismo en Occidente?

Si te refieres al eurasianismo, no es más que un pan-nacionalismo muy parecido a la ideología de la Hispanidad del franquismo: como Europa no nos quiere –o parece no querernos-, nosotros no queremos a Europa y buscamos nuestro modelo en otros ámbitos geopolíticos. En realidad yo no veo a Rusia para nada distinta del resto de Europa en lo esencial. 

¿Qué época de la historia rusa te estimula más?

Depende de para qué: como investigador, la época soviética en su conjunto, aunque cada vez me interesan más los años 70 del siglo XX, porque creo que en ellos está la clave para entender todo lo que ha pasado después.

Si me preguntas por épocas que me fascinen personalmente, me parece que los años 20, hasta el comienzo del primer Plan Quinquenal, o incluso hasta su final. El arte, la literatura, la arquitectura de la época son verdaderamente increíbles.

En sólo 15 segundos ¿Qué supuso el comunismo en el siglo XX?

La destrucción del sueño de que se podía transformar la realidad por completo.

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Mijaíl Gorbachov. Fuente: AFP / EastNews

Aún así, el comunismo se practicaba de forma diferente en el llamado 'bloque del Este'...

Sí, sobre todo en países como Polonia o Hungría. Pero las bases del sistema eran las mismas y eso creó muchos vicios.

Has traducido del polaco al castellano las obras de ciencia ficción de Andrzej Sapkowski… ¿Eres también seguidor de los hermanos Strugatski? 

Sí, también he traducido algo de ellos para alguna revista española, así como de Lukiánenko, y he propuesto otros para editar como Kiril Yeskov. Aunque mi escritor ruso de fantasía favorito es sin duda Kir Bulichov, del que traduje alguna cosa también, gracias a su viuda, que nos dio los permisos.

En tu trabajo como historiador introduces muchos elementos de la antropología y la literatura. ¿Está basado en un interés personal o lo consideras como una forma de modernizar el estudio de la historia?

La verdad es que la escritura de la historia en los últimos veinte años ha cambiado muchísimo y yo me he beneficiado de esa libertad que hoy tenemos. Cuando defendí mi tesis doctoral todavía algún miembro del tribunal me recriminó mi estilo literario y el uso de herramientas literarias para desplegar mis argumentos. Hoy día eso ya no es posible.

Últimamente he leído varios artículos sobre la necesidad de modernizar la universidad en Rusia para que éstas entren en los principales rankings internacionales. ¿Qué cambios debería emprender en tu opinión?

Hay muy buenos académicos en la universidad rusa, como demuestra el que pese a las repetidas crisis de financiación y a la debacle de los años noventa sigue produciendo excelentes licenciados y doctores.

Habría, eso sí, que reducir las jerarquías –que impiden que los más jóvenes puedan prosperar- y cimentar la libertad de investigación. Rusia no es una dictadura, pero el Estado todavía se inmiscuye demasiado en lo que la gente enseña e investiga. Y esto no debería ser una amenaza para nadie.

Has estado trabajando muchos años como investigador en otros países europeos, sobre todo en Alemania. A pesar de tener una posición estable en este país decidiste hace un par de años volver a España, ¿Qué te sorprendió, tanto a nivel social como académico?

Debo ser el único investigador que volviera al país en vez de irse, muchos no se lo creen. Pero es cierto que, pese a las carencias económicas y a las frustraciones que siguen produciendo las prácticas endogámicas y la corrupción en la universidad española, hay una libertad para trabajar en la forma que se quiere y en lo que se quiere, que no era así en Alemania –donde desde los financiadores hasta la presión del medio académico, conspiran para evitar que uno no haga lo que quiere hacer.

Como tantos otros, empezaste a estudiar ruso para poder leer su literatura en la lengua original, particularmente a Nabokov… ¿Qué tiene la literatura rusa que engancha tanto?

Pues imagino que debe ser un poco el exotismo. Pero un exotismo a la vez cercano. No soy muy fan de las literaturas africanas o asiáticas, por ejemplo, que también son muy exóticas. Pero Rusia es parte de mi/nuestra cultura occidental y a la vez posee características culturales muy marcadas.

Descúbrenos, por favor, un personaje ruso injustamente tratado u olvidado.

Pues te va a sorprender: Mijail Gorbachov, creo que Rusia lo ha tratado muy injustamente. Independientemente de sus errores de gobierno, es uno de los grandes estadistas europeos del siglo XX y un hombre valiente, que se atrevió a cambiar un sistema en el que, pese a todo, creía.

Conoces la historia rusa, pero ¿cómo ves el presente y los posibles futuros de este país?

Rusia sólo tiene que liberarse de sus complejos –tanto de inferioridad como de superioridad- y comprender que es parte fundamental de Europa.

Si Rusia es capaz de abrir los ojos y ver que en realidad nadie la odia ni la menosprecia, sino que se la admira y hasta se la ama, podrá asumir el lugar que le corresponden en el liderazgo de nuestro continente.

Rusia tiene que abrirse, en todos los sentidos, hacia dentro –eliminando la corrupción y asegurando la libertad de sus ciudadanos- y hacia fuera, siendo permeable a quienes quieren colaborar a transformar su sociedad. El peligro que corre Rusia es aislarse, lo que conduciría de nuevo a un desastre.