¿Sirve de algo el Consejo OTAN-Rusia?

A pesar de los intentos de cooperación entre Moscú y la Alianza Atlántica, el déficit de confianza sigue estando muy presente en la relación bilateral. Fuente: Reuters / Vostock Photo

A pesar de los intentos de cooperación entre Moscú y la Alianza Atlántica, el déficit de confianza sigue estando muy presente en la relación bilateral. Fuente: Reuters / Vostock Photo

A pesar de la gran cantidad de iniciativas conjuntas hay dificultades inherentes a la relación entre la Federación y la Alianza Atlántica, que impiden la consolidación de una auténtica asociación estratégica entre ambas.

El pasado 19 de abril las naciones del Consejo OTAN-Rusia (NRC, NATO-Russia Council) participantes en la 'Iniciativa de Cooperación Aeroespacial' se reunieron en Bruselas para evaluar sus progresos y preparar el ejercicio Vigilant Skies-2013 a realizar el próximo mes de septiembre. Se trata de un sistema de control del tráfico aéreo para hacer frente a un posible secuestro terrorista de aeronaves civiles, compartiendo información radar y procedimientos, para lo que se dispone de dos centros principales de coordinación en Moscú y Varsovia. 

Esta iniciativa es una más de las desarrolladas en el marco del NRC, que más recientemente han incluido la publicación el 14 de mayo de un “Glosario de Desmilitarización de Munición” (documento elaborado por el Grupo de Expertos en Terminología), la reunión los días 16 y 17 de mayo del “Grupo Asesor Político” en Eslovenia, la visita el 21 de mayo de un grupo de parlamentarios rusos a la sede de la OTAN en Bruselas, o la celebración del 21 al 24 de mayo en Madrid de la conferencia logística sobre interoperabilidad de combustibles 

Todo ello demuestra un alto grado de actividad, conforme al objetivo del Consejo de trabajar conjuntamente en áreas de interés común, pero no deben enmascarar las dificultades inherentes a la relación entre la Federación y la Alianza Atlántica, que impiden la consolidación de una auténtica asociación estratégica entre ambas. 

Los antecedentes de la cooperación 

Cabe destacar que las relaciones OTAN-Rusia tras el final de la Guerra Fría no comenzaron con la creación del NRC, ya que ésta no se produjo hasta 2002. 

Tras la caída del Muro de Berlín en noviembre de 1989, muchos preveían una disolución de las dos alianzas militares antagónicas, el Pacto de Varsovia y la propia OTAN. Pero si bien el primero se derrumbó en 1991 con el bloque comunista, la segunda pervivió a pesar de que había desaparecido la amenaza frente a la cual se había creado. 

La principal razón de esa paradoja es que Estados Unidos estaba interesado en mantener su huella estratégica en Europa, para controlar el proceso de transición y hacer frente a las inestabilidades que inmediatamente surgieron en el continente. 

Por ello, la OTAN pasó de ser un instrumento a ser un fin en sí misma, y Washington impulsó su politización añadiendo a la tarea fundamental de la defensa colectiva nuevas funciones como el diálogo político y la cooperación. 

De ese modo, cuando nació la nueva Rusia en diciembre de 1991 las autoridades de Moscú, que aspiraban a definir una nueva arquitectura de seguridad europea en el marco de la Conferencia para la Seguridad y la Cooperación en Europa (CSCE), vieron como la OTAN, lejos de desaparecer, pasaba a ocupar el lugar central del sistema. 

Tras una primera etapa en que llegó a plantearse incluso un ingreso en la OTAN, el gobierno de Yeltsin optó por una doble vía en la relación con la Alianza, ya que mientras seguía apelando a su desaparición por considerarla un vestigio de la Guerra Fría, Rusia se fue incorporando a las diversas iniciativas de colaboración ofrecidas, comenzando en diciembre de 1991 con el 'Consejo de Cooperación del Atlántico Norte' y siguiendo en junio de 1994 con la 'Asociación por la Paz'. 

Precisamente esta última fue interpretada por Yeltsin como un modo de evitar que los antiguos miembros del Pacto de Varsovia llegaran a unirse a la OTAN, pero la Administración Clinton no tardó en plantear una primera ampliación de la Alianza. 

Ello motivó que el Kremlin exigiera un estatus especial, objetivo cumplido con la firma en mayo de 1997 del 'Acta Fundacional sobre las relaciones mutuas, cooperación y seguridad entre la OTAN y la Federación de Rusia'. 

El nacimiento y desarrollo del Consejo OTAN-Rusia 

Sin embargo, ese avance cualitativo en la relación quedó en nada en 1999, año en que la OTAN culminó su primera ampliación (Polonia, República Checa y Hungría) y bombardeó Yugoslavia durante el conflicto de Kosovo,a pesar de la oposición rusa. 

Esa crisis pareció superada tras los atentados terroristas del 11 S de 2001, cuando EE UU y Rusia se aliaron frente al enemigo común del terrorismo islamista. 

Como consecuencia, en la cumbre de mayo de 2002 en Roma se estableció el Consejo OTAN-Rusia para promover el diálogo político sobre seguridad, la adopción de enfoques comunes, el desarrollo de la cooperación práctica, y la conducción de operaciones conjuntas.

En el NRC participan en pie de igualdad 29 Estados (los 28 aliados de la OTAN más Rusia), pero en la práctica se reproduce el formato “OTAN+1” del Acta Fundacional, ya que Moscú se enfrenta a posiciones consensuadas en bloque. 

El Consejo se organiza en una serie de grupos de trabajo sobre cooperación antiterrorista, proliferación de armas de destrucción masiva, operaciones de paz, defensa antimisil, gestión del espacio aéreo, emergencias civiles, logística, y cooperación  científica. 

Pero al igual que en 1999, la tensión no tardó en volver a la región, por las denominadas 'revoluciones de colores' de 2003-2005, por la iniciativa estadounidense del escudo antimisiles, y por el reconocimiento occidental de la declaración unilateral de independencia de Kosovo en febrero de 2008. 

Todo ello culminó con la breve guerra entre Rusia y Georgia en agosto de ese mismo año, durante la cual el NRC ni siquiera fue convocado. 

Situación actual y perspectivas 

Tras la guerra de Georgia la OTAN suspendió unilateralmente las actividades del Consejo, y la cooperación no se relanzó hasta la Cumbre de la Alianza de noviembre de 2010 en Lisboa. 

Allí se alcanzaron importantes acuerdos sobre la modernización del régimen de control de armamento convencional en Europa, la aprobación de la 'Revisión conjunta de los retos comunes a la seguridad del siglo XXI', la autorización del tránsito de materiales no-letales por territorio ruso con destino a Afganistán, la colaboración antiterrorista, y la coordinación de la lucha contra la piratería marítima en el Índico. 

Pero a pesar de las buenas intenciones la cooperación se ha visto dificultada por los desacuerdos sobre el escudo antimisiles de la OTAN, precisamente aprobado en Lisboa y al que por su importancia dedicaremos un artículo independiente. 

En todo caso, es importante mantener un foro formal de discusión entre la Alianza Atlántica y Rusia que sirva para el desarrollo de iniciativas prácticas como las mencionadas, pero se trata de una relación formalista y de poco alcance.

A fin de cuentas, Rusia no ha dejado de cuestionar la misma razón de ser de la OTAN, al considerar que debería haber desaparecido hace dos décadas, y está más interesada en desarrollar sus relaciones bilaterales en este ámbito con EE UU y la propia Unión Europea, por lo que la utilidad del Consejo Rusia-OTAN seguirá siendo marginal.