Las relaciones Rusia-China en el ámbito de la energía

Ambos países han establecido importantes acuerdos de cooperación en los últimos años. Fuente: AP

Ambos países han establecido importantes acuerdos de cooperación en los últimos años. Fuente: AP

Como parte de su asociación estratégica, Rusia y China han establecido en los últimos años diversos programas de cooperación en el ámbito de la energía y acuerdos de suministro de petróleo y gas. De ese modo, Moscú intenta disponer de un cliente alternativo a la Unión Europea, y Pekín intenta obtener una fuente de suministro fiable y geográficamente próxima para sus crecientes necesidades energéticas.

 Rusia como suministrador de China 

En el ámbito del petróleo, Rusia ha hecho un gran esfuerzo de desarrollo en su Lejano Oriente, tanto para la explotación de nuevos yacimientos en Siberia Oriental como para hacer llegar esos recursos a los potenciales clientes. 

Entre esos proyectos destaca el oleoducto “Este de Siberia-Océano Pacífico”, que sirve tanto para exportar a Japón y Corea del Sur por vía marítima desde Vladivostok como a China por medio de un ramal intermedio que parte de la refinería de Skovorodino en Amur y llega hasta  Daqing en Manchuria. En servicio desde enero de 2011, por ese ramal Rosneft y Transneft pretenden suministrar a China 15 millones de toneladas de petróleo durante 20 años, a cambio de créditos por valor de 25.000 millones de dólares. 

China no quiere fomentar una excesiva dependencia energética de Rusia que la limite políticamente, por lo que también se ha garantizado suministros desde Iberoamérica, África y, sobre todo, el Golfo Pérsico, de dónde recibe un 60% del petróleo que consume

En todo caso, es en el mercado del gas donde las oportunidades de cooperación entre Rusia y China son mayores. Según datos de 2012, Rusia dispone de las mayores reservas probadas (un 21,4% del total mundial), y su producción anual de 607.000 millones de m3 representa el 18,5% del total mundial, con un 70% dedicado al consumo interno y el restante 30% disponible para exportación. 

En lo que respecta a China, sus reservas probadas de gas sólo representan el 1,5% del total mundial, y con una producción de 102.500 millones de m3 no alcanza a cubrir su consumo de 130.700 millones de m3, que continuará creciendo ante la necesidad de reemplazar las contaminantes plantas eléctricas de carbón por otras de ciclo combinado, lo que podría triplicar el consumo chino de gas de aquí a 2030. 

Por ello, en octubre de 2009 se firmó un acuerdo entre la rusa Gazprom y la china CNPC para el suministro anual de 38.000 m3 a Manchuria desde Siberia Oriental y la isla de Sajalín, y de otros 30.000 m3 a Xinjiang desde Siberia Occidental, comenzando en 2015. 

A día de la fecha continúan las negociaciones para determinar a qué precio pagaran ese gas los chinos, y no se espera un acuerdo sobre precios hasta finales del presente año, con lo que el trasiego de gas no comenzaría al menos hasta 2017. 

Además, China ha comenzado a mostrar su preferencia por recibir de Rusia Gas Natural Licuado (GNL) por vía marítima en lugar de por gaseoducto, desde Sajalín o incluso desde la península de Yamal en el Ártico. Por ello, los nuevos acuerdos bilaterales firmados recientemente han supuesto el descarte del suministro a la región china de Xinjiang, por lo que Gazprom y CNPC sólo siguen negociando sobre el precio de los 38.000 m3 a suministrar en el Lejano Oriente. 

Las dificultades prácticas de la relación 

A pesar de todo lo expuesto hasta el momento, la colaboración energética entre Rusia y China tiene unas importantes limitaciones, en algunos casos meramente de carácter técnico, y en otros casos de carácter político. 

En primer lugar, la Unión Europea sigue siendo el mercado preferente para el gas ruso. Por ello, los proyectos preferentes de gaseoductos rusos son el North Stream en el Mar Báltico y el South Stream en el Mar Negro. Estas infraestructuras precisan de grandes volúmenes de gas para ser rentables, y además pueden enlazar fácilmente con la red de gaseoductos al oeste de los Urales, mucho más densa que la oriental. 

En el este, Rusia necesita grandes inversiones para desarrollar redes de transporte similares a las de su zona europea. Además, las prioridades de Moscú están más relacionadas con el desarrollo socioeconómico de la región (refinerías, plantas petroquímicas y de proceso del gas, almacenamiento de reservas) que con la exportación al mercado chino, lo que a su vez reduce el interés de este país por financiar las mencionadas inversiones. 

Además, y al igual que Rusia busca diversificar sus clientes, China no quiere fomentar una excesiva dependencia energética de Rusia que la limite políticamente, por lo que también se ha garantizado suministros desde Iberoamérica, África y, sobre todo, el Golfo Pérsico, de dónde recibe un 60% del petróleo que consume, a pesar de los retos que supone su transporte por mar a través de los Estrechos de Ormuz y Malaca

Mención aparte merecen las repúblicas centroasiáticas, dado que en esa zona China y Rusia compiten por los recursos. En 2009 se completó el oleoducto que une la costa kazaja del mar Caspio con la región de Xinjiang, mismo año en que entró en servicio el gaseoducto Turkmenistán-Uzbekistán-Kazajstán-China. En esta compleja partida de ajedrez, la simple existencia de ese gaseoducto posibilita a Pekín el negociar a la baja el precio de los futuros suministros de gas ruso en el Lejano Oriente. 

Conclusiones 

En principio, se puede afirmar que la relación bilateral en el ámbito de la energía tiene un valor estratégico mayor para Rusia, ya que China puede financiar las enormes inversiones que requieren la explotación de nuevos yacimientos y la actualización de las vetustas infraestructuras. 

Además, en el plano político, el aumentar las sinergias mutuas serviría para contener la creciente influencia china en Asia Central, así como para limitar los riesgos asociados a la compleja situación del Distrito Federal del Lejano Oriente ruso, sometido a una gran presión demográfica desde Manchuria.  

Para China, esa asociación energética con Rusia no es tan importante, ya que Pekín desconfía de una excesiva dependencia de Rusia. El crecimiento de la economía china está basado en unas exportaciones que dependen de los bajos costes de producción, y por tanto de un bajo precio de los recursos energéticos; dado que Rusia tiene la opción de vender su gas a Europa a un precio mayor, es poco probable que se consolide como suministrador preferente de China. 

Por último, el valor de esta asociación para Rusia también debe ponerse en cuarentena, ya que incluso en el Lejano Oriente parece mucho más factible, rentable y seguro enfocarse en los mercados de la energía japonés y surcoreano, exportando a esos países GNL por barco desde la isla de Sajalín a precios que China no quiere asumir y con una mayor flexibilidad que lo que permite la exportación por oleoducto.

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