La burbuja económica del baloncesto ruso

El serbio Milos Teodosic, gran decepción del CSKA en la F4. Fuente: cskabasket.com.

El serbio Milos Teodosic, gran decepción del CSKA en la F4. Fuente: cskabasket.com.

El CSKA de Moscú, que cuenta con uno de los mayores presupuestos de la historia del baloncesto en el viejo continente, 46 millones, cayó eliminado este fin de semana con estrépito en la Final Four de la Euroliga, de nuevo a manos del Olympiakos griego, al que prácticamente triplica en presupuesto.

Es la segunda temporada en que queda sin premio el alarde económico del CSKA, la plantilla más cara de Europa. No cabe duda de que los equipos rusos están entre los mejores, seguro entre los que más gastan, pero el interés por el deporte en el país no corre paralelo a esa inversión. 

Los pabellones registran medias de asistencia bajísimas y las audiencias televisivas son testimoniales: la Euroliga es poco menos que ‘proscrita’, sólo se emite por plataforma de pago. La situación da como plantearse si no existe una burbuja económica con el baloncesto profesional en Rusia.

Contra todo pronóstico los griegos de Olympiakos no sólo ganaron sino que sacaron los colores al CSKA en semifinales, 69-52. ”Es una catástrofe”, comentó tras la derrota el serbio Nenad Krstic, jugador mejor pagado de Europa.

Rusia Hoy ha tenido acceso al presupuesto oficial del CSKA para el curso 2012/13, cuyas principales partidas de gastos serían: 25 millones en salarios de jugadores, 3 millones en entrenadores, 3,3 en pago de impuestos, 2 en personal, 2,3 en viajes (avión privado incluido) y una partida de 5 millones poco precisa bajo la genérica descripción de ‘gastos de organización’.

El pabellón del CSKA acredita una de las medias de asistencia más bajas de toda la Euroliga, alrededor de 4.000 espectadores por partido, cifra que baja hasta poco más de 1.000 en los encuentros de liga nacional y báltica. Como resultado, el club sólo factura 1,4 millones anuales por venta de entradas (cinco veces menos que el Real Madrid). 

Por derechos televisivos ingresa sólo 400.000 euros y el capítulo de merchandising y venta de comida-bebida en el pabellón suma 600.000. Calderilla en comparación con los 46 millones de gasto total. 

Pero entonces, ¿de dónde sale el dinero del CSKA? Si a alguno se le había cruzado la idea de que, al igual que en el Real Madrid y Barcelona, el dinero se desvía de una sección de fútbol rentable, que se olvide. 

Primero porque el CSKA de fútbol es igualmente deficitario y segundo, y más importante, porque en realidad desde la caída de la URSS las secciones del CSKA (fundado en 1923 como club deportivo del Ejército Rojo) son a todos los efectos entidades independientes que únicamente comparten apellido.

El dinero del CSKA de baloncesto procede principalmente del gigante ‘Norilsky Nickel’, la mayor productora mundial de níquel y paladio (volumen de negocio de 7.200 millones de euros anuales), con participación estatal indirecta y cuyo consejo de administración controla desde noviembre el oligarca Román Abramóvich. 

Pese a que ‘Norilsky Nickel’ aporta alrededor de 35 de los 46 millones del presupuesto del CSKA, únicamente encontrarán su logo en tamaño diminuto en el dorso de las camisetas, entre el nombre del jugador y el número. ¿Para qué necesitaría una empresa de níquel publicitarse en el baloncesto? De hecho, en el presupuesto su aportación no aparece en la lista de patrocinadores sino en un capítulo aparte como ‘inversor’. 

Los patrocinadores de cuño tradicional, anunciantes de empresas de consumo, con Rostelekom y Transaero a la cabeza, aportan otros 8,5 millones de euros al presupuesto anual. No es descartable de cara a la próxima temporada una reducción presupuestaria en el CSKA, casi más por estética que por necesidad, pues al fin y al cabo, ¿qué suponen 35 millones para ‘Norilsky Nickel’, que presentó un beneficio neto de 1.800 millones en 2012?

La realidad del CSKA mantiene similitudes con las del resto de clubes de la primera división del baloncesto nacional (PBL), a saber, escasa asistencia a los pabellones y presupuestos inflados. El reciente campeón de la Eurocup, el Lokomotiv de Krasnodar, cuenta con el tercer mayor presupuesto de Rusia, 18 millones anuales, de los que el 77% de los ingresos proceden del patrocinio de la empresa nacional de ferrocarriles (RZD) y el resto, unos 3,9 millones, del gobierno regional y ‘otras donaciones’. 

El cuatro club en discordia sería el Unics Kazan, que este año al no competir en Euroliga ha reducido su presupuesto hasta los 15,5 millones. El 96% y el 94% de los ingresos del Tryumph Liberty (Moscú) y del Enisey de Krasnoyarsk (Siberia), respectivamente, proceden de la subvención directa de los gobiernos regionales.

El Jimki, subcampeón nacional, cuenta con 24,5 millones de presupuesto pese a que ingresa la ridícula cifra de 200.000 euros anuales por venta de entradas. Sin embargo, recibe 14 millones de patrocinadores privados (principalmente del banco OAO), más una partida de ‘otros ingresos’ que asciende a 9,5 millones y esconde la aportación del gobierno de la región de Moscú. 

Hace algunos meses hubo cambio de gobierno y la nueva ejecutiva se desentendió de los compromisos adquiridos con el club. Aunque el Jimki se salvó en febrero de la desaparición por impagos, esa partida de ‘otros ingresos’ se encogerá a partir del verano a la mínima expresión, obligando a una importante reducción presupuestaria. 

Su caso puede entenderse como una primera grieta, un aviso de la fragilidad de las estructuras presupuestarias del baloncesto profesional ruso, dependientes de inversiones de administraciones públicas o enormes empresas privadas sin verdadero interés publicitario. 

Cuando pasen las vacas gordas de la economía rusa y desaparezca el dinero para invertir a fondo perdido, el baloncesto ruso tendrá que mirarse al espejo: redimensionarse en función de la economía real, la que construyen los aficionados, la audiencia televisiva y los anunciantes. Mientras dure la burbuja, que siga la fiesta.