El tiempo vale más que el dinero en el nuevo Moscú

El café ‘Tsiferblat’ cobra por minutos y no por consumición, paradójicamente el tiempo se desacelera.

Entre al café Tsiferblat y permanezca sentado tranquilo. Pagará 2 rublos por minuto (5 céntimos / 3 euros la hora).

Tras la primera hora, el precio del tiempo baja a un rublo por minuto, y tras cinco seguidas el tiempo es gratis. Al final, no pagará más de 10 euros... ¡en un café de Moscú!

“¡Toma tu tiempo! Los filósofos se deberían de saludar así”, escribió Ludwig Wittgenstein en Cultura y valor. Igual los clientes del Tsiferblat también se saludan como filósofos, o incluso se dedican a leer el Tractatus o Guerra y Paz mientras disfrutan de un té, o de mil, les va a salir por el mismo precio.

Paradójicamente, la vida se desacelera en un café que cobra por tiempo.

Aquí no comemos como depredadores, agitados, de pie, mirando el reloj, de hecho los diferentes cafés Tsiferblat están llenos de relojes muertos. Aquí el tiempo se reconstruye hablando, socializándote, en los encuentros, con un ambiente distendido...  muy diferente del ritmo del metro, de la calle y de las instituciones. Es como una porción de calma que irradia al resto de la ciudad, aunque no lo visitemos, sólo el saber que existe nos hace pensar.

Relojes en el café ‘Tsiferblat’. Fuente: Propia.

Este es un café de migajas sobre las mesas y pequeños sorbos, en el que cuando entras desconoces a qué hora saldrás. Aquí el tiempo no corre y cada vez te hundes un poquito más en el sillón.

Antes de abrir el café (hace un par de años), Ivan Meetin imprimió extractos de las obras de Pushkin y los distribuyó por el metro de Moscú… quería que los habitantes de la ciudad se parasen a reflexionar en plena hora punta… y de alguna manera fracasó.

Tras esa experiencia decidió abrir el primer café con la ayuda de familiares y amigos: “Hemos hecho tanto por tanto tiempo y con tan poco, que ahora somos capaces de lograr todo sin nada”, reconoce Meetin al periódico alemán Die Zeit.

Iván Meetin es un artista de 28 años. Ya cuenta con nueve cafés ‘Tsifrenblat’ (7 en Rusia y dos en Ucrania) y quiere abrir el décimo en Londres. El modelo ha funcionado pero ahora es él quien no tiene tiempo. Cada vez es menos artista y más un hombre de negocios. Iván ha creado un lugar único pero suele estar demasiado para disfrutarlo.

 

Además, en el último año han aparecido 14 lugares en Moscú imitando la idea. Los otros cafés ofrecen video-juegos, karaoke, o música más comercial, lo cuál Meetin describe como “matar el tiempo”.

Meetin ha probado con diferentes artes en la vida, con el teatro, la música y la literatura. Una de sus novelas ha sido nominada al premio ‘Debut’ de literatura,  el más importante en Rusia para autores noveles.

El nombre del café significa ‘esfera de reloj’ y originalmente viene del alemán ‘Zifferblatt’… según confiesa Meetin, el verano pasado tuvo que pedirle a sus amigos que trajeran gente porque los ingresos no eran suficientes para pagar los altos alquileres de Moscú.

La clientela suele tener entre 18 y 30 años. Bastante relajada y, normalmente, con más ganas de hablar que de abrir el computador. Incluso pueden traer su propia comida, por lo que es común celebrar cumpleaños, fiestas, lecturas, conciertos o talleres varios en el lugar. No obstante, no se puede ni beber alcohol ni fumar.

Recuerda un poco a las viejas tertulias vienesas, o parisinas, en las que los comensales dedicaban tiempo y energías a entender el mundo. El tiempo se ha acelerado desde entonces… más rápido que la capacidad de asimilación de las personas.

Una reunión en paz, o entre risas, se ha vuelto exótica en la frenética y acelerada Moscú, una ciudad mediatizada, en la que casi todo parece tener precio, acostumbrada a las colas y al ‘face-control’, mercantilizada, atascada de coches y cuerpos… como acontece en la mayoría de las metrópolis actuales.

Pero no nos confundamos, no se trata de comprar tiempo, ni siquiera de ahorrarlo… hablamos de vivirlo y de que sea accesible. Así que entrar en un café como Tsiferblat tiene algo de experimento sociológico o antropológico. Igual llegó el momento de pensar en desacelerar la vida.

Otros ‘anti-cafés’ en Moscú

Y cerramos con un pequeño texto de Julio Cortázar, ‘Instrucciones para dar cuerda al reloj’, publicado en Historias de cronopios y famas de 1962:

Instrucciones para dar cuerda al reloj

Allá al fondo está la muerte, pero no tenga miedo. Sujete el reloj con una mano, tome con dos dedos la llave de la cuerda, remóntela suavemente. Ahora se abre otro plazo, los árboles despliegan sus hojas, las barcas corren regatas, el tiempo como un abanico se va llenando de sí mismo y de él brotan el aire, las brisas de la tierra, la sombra de una mujer, el perfume del pan.

¿Qué más quiere, qué más quiere? Átelo pronto a su muñeca, déjelo latir en libertad, imítelo anhelante. El miedo herrumbra las áncoras, cada cosa que pudo alcanzarse y fue olvidada va corroyendo las venas del reloj, gangrenando la fría sangre de sus rubíes. Y allá en el fondo está la muerte si no corremos y llegamos antes y comprendemos que ya no importa.

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