El mercado de la fotografía rusa

La fotografía rusa está de moda. O al menos un número importante de nombres rusos está en boca del mercado internacional del arte. La nueva generación de fotógrafos llevaba años queriendo darse a conocer en el extranjero y lo ha conseguido. Ahora sólo queda el reconocimiento en su propio país. Detrás de algunos de ellos hay agencias o galerías que surgieron a finales de la década de 1990, sin contar las que son herencia de la Unión Soviética.

Conversamos con Vladímir Dudchenko, después de que su agencia de fotografía, Grinberg Agency, y la galería asociada, ambas ubicadas en el recinto de Winzavod y con menos de diez años de existencia, exhibieran una selección de los fotógrafos que representan en la reciente feria de arte de París, en la que Rusia fue el país invitado. Su papel en el conocimiento y difusión de la fotografía contemporánea rusa no solo se trabaja para un público extranjero. Actualmente acoge en su sede la exposición colectiva “Krasnodar, transformando la realidad”, que presenta en la capital los trabajos de Leo Bugaev, Serguéi Lutsenko, Elena Saenko, el grupo Hmeli-Suneli. 

La fotografía rusa atrae cada vez más la atención de publicaciones, críticos y festivales gracias a una nueva generación de artistas y fotógrafos. ¿Cómo valora este hecho, como galería y agencia de fotografía?

Estamos muy contentos con este reconocimiento creciente. Como galeristas representamos a algunos artistas rusos en todo el mundo gracias al convenio con otras galerías, por lo que este reconocimiento es algo que hemos estado persiguiendo todo este tiempo.

Pero hay que ir con cuidado con el exceso de optimismo, porque el mercado local aún se considera emergente y los autores que más vendemos fuera luego no tienen un mercado en Rusia.

Nosotros, como agencia, dependemos mucho del interés internacional que pueda haber por Rusia y todo lo que pase en el país. La nueva generación que nació después de 1980 ha bebido más influencias de la fotografía internacional que de la rusa, ya sea del fotoperiodismo oficial, del disidente o de los autores independientes.

La década de 1990 marcó el nacimiento del mercado del arte, de las galerías. Ahora contamos con unas cuantas galerías especializadas en fotografía solo en Moscú. Hay instituciones importantes que acogen docenas de exposiciones cada año. También hay una escuela de fotografía. No somos la única agencia de fotografía y también hay que contar con todos los fotógrafos independientes.

Se publican más libros, se organizan más seminarios y clases magistrales. Crece la educación de la gente en cuanto a la imagen y la fotografía. Y a pesar de este auge aún nos falta una cultura visual en el gran público y un mercado local más amplio. Son pocos los coleccionistas y los museos no crean una colección propia. De todas formas se trata de un proceso gradual.

¿Entonces no hay ninguna institución pública que esté construyendo una colección que explique el panorama fotográfico ruso?

Depende de lo que se entienda por pública. La colección del MAMM es enorme, pero no son compradores en la misma escala. Las políticas nacionales no promueven el coleccionismo, privado e institucional, mediante exenciones fiscales. Eso es lo que se acostumbra a hacer en otros países.

El hecho de empezar desde cero debe de haber sido un obstáculo y un aliciente a la vez.

Sí. En la actualidad hay una fuerte competencia con grandes agencias como RIA e ITAR-TASS, que son de propiedad estatal y están ahí desde los tiempos de la Unión Soviética. Pero sí, desde que abrimos las puertas hemos tenido que emplear muchos esfuerzos en hacer pedagogía en los derechos de reproducción, la autoría, etc., y todo lo que se refiere al uso de las imágenes. Es un proceso continuo.

¿Y cómo se presenta el futuro de las agencias?

El negocio de las agencias está encogiendo en todo el mundo. No todo el mundo va a sobrevivir como agencia. La lógica que hay detrás de una agencia es muy simple: vende y promueve mientras el fotógrafo se encarga de realizar sus proyectos. Si el fotógrafo prefiere vender su propio trabajo, invertir una parte de su tiempo haciendo eso… entonces ya no necesita a las agencias.

¿Hay estilos reconocibles en la fotografía rusa contemporánea, o internet y la mayor posibilidad de viajar al extranjero ha unificado esos estilos?

No considero que haya escuelas rusas que puedan ser presentables al mundo y tampoco creo en las unificaciones. Creo que cada fotógrafo que se haya ganado aplauso es un hecho individual, lo menos importante es su procedencia. Puede haber nacido en Rusia, educado en Alemania y vivir en Londres. O viceversa. Estamos en un mundo cada vez más conectado y pequeño.

En ese sentido, ¿han mejorado los estudios de fotografía en Rusia?

Sí, desde luego. Al menos ahora contamos con la Escuela Ródchenko. Pero la gran pregunta ahora es: “¿Y ahora qué?”. ¿Hay alguna industria que necesite a tantos fotógrafos jóvenes? No en Rusia, al menos.

¿Y cómo se ve la fotografía rusa desde fuera?

No hay una visión unificada. El arte ruso en general no genera mucho interés, en parte porque ni los propios coleccionistas rusos lo apoyan mucho (siempre con alguna excepción). Por otra parte, tenemos que recuperar un periodo de siete décadas en lo que al entendimiento del lenguaje y el mercado contemporáneo se refiere. Cada fotógrafo se tiene que ganar el interés de forma individual, aunque, por ejemplo, el año pasado, el FotoFest de Houston estuvo dedicado a la fotografía rusa y en marzo de este año, la feria de arte de París tuvo a Rusia como país invitado. Los fotógrafos rusos deben tener paciencia con este largo proceso de reconocimiento.

 ¿Destacaría a algunos de los fotógrafos que representan?

 Como galería representamos a Alexander Gronsky (ganador del Aperture Portfolio y del WPP de 2012), Rena Effendy (finalista del Prix Pictet de 2012, cuyo nuevo libro Liquid land ya está a la venta internacional), Nikolái Bakharev (fotógrafo de una generación mayor, que estuvo en la exposición “Ostalgia” del New Museum de Nueva York y cuyo último libro ha publicado Dashwood, editorial también de Nueva York).

También representamos a fotógrafos no tan jóvenes que hasta ahora no habían asomado al mercado internacional, como Serguéi Chilikov y Mijaíl Ladeischikov, y otros nombres nuevos como Saenko, Bugaev y Lutsenko. Como agencia también representamos en Rusia a las más importantes agencias internacionales de fotografía.

Nuestra agencia incluye los trabajos de Jana Romanova, Kirill Ovchinnikov, Ígor Moukhine, Anna Skladmann, Vlad Sokhin, Yuri Toroptsov, por solo nombrar algunos. No hay un proceso de selección establecido para pertenecer a nuestra agencia. Preferimos la variedad y así poder escoger, como hacen los pintores con los colores de su paleta.

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