El extranjero en el cine ruso

Fragmento de la película "Las increíbles aventuras de los italianos en Rusia". Fuente: Kinopoisk

Fragmento de la película "Las increíbles aventuras de los italianos en Rusia". Fuente: Kinopoisk

Recientemente las autoridades rusas han lanzado una campaña masiva de registros en ONG e instituciones civiles para inspeccionar sus lazos con organizaciones internacionales. Aquellas que -como Human Rights Watch o Amnistía Internacional- tengan fuentes de financiación fuera de Rusia recibirán la denigratoria etiqueta de ‘agente extranjero’.

En un intento de explorar cuál es el significado de extranjero en la cultura rusa (dejamos lo de agente para los interesados en historias de espías y represiones estalinistas), repasamos una serie de películas en las que personajes foráneos juegan un rol principal y representan un estereotipo ruso de ‘el Otro’.

La participación de extranjeros en el cine ruso cesó abruptamente en 1917 con la Revolución bolchevique, pero la obsesión con occidente continuó e incluso se acentuó. Un ejemplo de ello es la película de Lev Kuleshov ‘Las extraordinarias aventuras del Sr. Occidental en la tierra de los bolcheviques’ (Neobychainie prikliuchenia Mistera Vesta v strane Bolshevikov, 1924), la cuál marcaría un referente para futuras representaciones de los ‘visitantes capitalistas’, bien como avaros o bien como producto humano de una ideología errónea.

Otro ejemplo de la época es ‘Los descendientes de Gengis Khan’ (Potomok Chingis-Jana, 1927) de Vsevolod Pudovkin, en la que en un supuesto enfrentamiento entre rusos y británicos por el control de Asia Central, un modesto mongol, descendiente de Gengis Khan, se alía con los rusos, enseñándoles los secretos locales y trazando una línea histórica entre la horda de oro y el ejército rojo.

Probablemente el ejemplo más conocido es ‘Circo’ (Tsirk, 1937) de Grigorii Aleksandrov, película en la que la estrella de la época, Liubov Orlova, aparece acompañada de un niño negro y ayudada por un judío anciano, quienes encuentran su redención en la URSS después de haber sido reprimidos en Estados Unidos y Alemania.

Esta película ya demuestra una importante influencia del cine de Hollywood, también manifiesto en filmes como el musical Volga, Volga (1937, Grigori Alexandrov), la película favorita de Stalin, y Chapaev (1934, hermanos Vasilev), que reproduce los cánones del emergente cine western de pistoleros norteamericano.

No obstante, las influencias fueron recíprocas, y pocos discutirán que Serguéi Eisenstein y Dziga Vertov avanzaron las técnicas después utilizadas en muchos anuncios publicitarios de occidente.

Para Yuri Lotman, profesor pionero en los estudios semióticos, el desarrollo de una sociedad tiene como base el diálogo intercultural. En este sentido, la adaptación y traducción de libros, comportamientos y conocimientos extranjeros a pautas y prácticas locales convierte el diálogo y la abertura en un motor de desarrollo intracultural.

Desde que en el 988 el príncipe Vladímir adoptara el cristianismo bizantino como la religión oficial de la Rus’, el diálogo entre Rusia y Occidente ha sido un perenne tema de debate y discusión. Ejemplos de ello es la autodesignación de Moscú como ‘la tercera Roma’; las reformas de Pedro el grande; el enfrentamiento entre eslavófilos y europeístas del XIX; la importación del Marxismo; la vuelta a ‘la casa europea’ de Gorbachev; o el rechazo de Putin a una democracia según el canon europeo (imponiendo en su lugar una ‘soberana’).

Las representaciones que los extranjeros han hecho de Rusia tampoco han sido especialmente positivas desde que el Marqués de Custine describiera en el siglo XIX las retrógradas costumbres de la aristocracia rusa, lo cual sirvió de inspiración para la película de Alexander Sokúrov ‘El arca rusa’, de 2003. Así, Rusia ha aparecido casi siempre ligada a la Guerra Fría, el comunismo, el sexo, la prostitución y la violencia, como en ‘From Russia with Love’ (1971), de Terence Young, ‘Lilja 4-ever’ de Lukas Modysson (2002), Birthday Girl (2001) de Jez Butterworth, o Dr Zhivago de David Lean (1965).

La representación del extranjero en Rusia es particularmente compleja por contar además con sus propios ‘otros’ internos, como el Cáucaso (‘Prisionero del Cáucaso’, 1996, Sergei Bobrov –Kavkazkii Plennik), el extremo oriente (‘El barbero de Siberia’ -1999- y ‘Urga’ -1991- de Nikita Mijalkov), y los musulmanes (‘El musulmán’, Vladímir Jotinenko -1994-).

Incluso hay africanos, como los ancestros de Pushkin, representados en la película de Alexandr Mitta ‘La historia de cómo el Zar Pedro casó a su negro’ (Skaz Pro To, Kak Tsar Petr Arapa Zhenil, 1976), película en la que por cierto aparece Vladimir Visotski haciendo de Ibrahim.

Otros importante representación del extranjero es el cine bélico, con películas como ‘El cuco’ (2002, Kukushka) de Alexander Rogozhkin, en la que un soldado ruso, uno finlandés y una mujer de Laponia acaban siendo amigos durante la guerra salvando la mutua desconfianza y las barreras culturales y de lengua.

El propio Rogozhkin exploró el tema de las distorsiones culturales en sus tres películas previas, llamadas ‘Las peculiaridades de la caza nacional’ (1995), ‘Las peculiaridades de la pesca nacional’ (1997), y ‘Las peculiaridades de la caza nacional en invierno’ (2000).

Por supuesto, también se hicieron películas de humor, como ‘Las increíbles aventuras de los italianos en Rusia’ (Neveroyatnye priklyucheniya italyantsev v Rossii, 1973), de Eldar Riazanov y Franco Prosperi.

Por cierto, durante el largo mandato de Brezhnev, se hizo popular un chiste: un hombre suspira y dice “Oh, otra vez tengo ganas de ir a París”. Su amigo, con cierta envidia, le pregunta si ya ha visitado París, a lo que el hombre responde: “No, pero ya tuve ganas de ir otras muchas veces”.

Igual Yuri Mamin conocía ese chiste cuando hizo la película ‘Una ventana a París’ (Okno v Parizh, 1994), en la que un individuo entra a la capital francesa a través de la ventana de su apartamento peterburgués.

Pero no todas las representaciones eran tan simpáticas. Sólo hay que recordar ‘La maniobra turca’ (Turetskii gambit, 2005) de Dzhanik Faiziev, adaptación de la novela de Borís Akunin en la que presenta a un grupo de turcos como intrigantes, salvajes y crueles.

Y acabamos con una de mis favoritas, ‘Chica internacional’ (Interdevochka, 1989), de Piotr Todorovsky, en la que Tatiana, una enfermera de Leningrado, echa horas extras en un hotel de extranjeros para conseguir dinero. Al final decide casarse con un ingeniero sueco y probar suerte en el país escandinavo. La comedia agridulce se vuelve poco a poco más amarga, acabando con un tono moralista y descorazonador que sugiere ‘¿Por qué te has ido si en las sociedades capitalistas no hay alma, nunca te acabarás adaptando y echarás terriblemente de menos a Rusia?’

Para saber más sobre el tema:

‘Russia and Its Other(s) on Film’ de Stephen Hutchings, 2008.