El agua, un recurso para vivir mejor

Baikal, el lago más grande del mundo. Fuente: shutterstock / Legion Media

Baikal, el lago más grande del mundo. Fuente: shutterstock / Legion Media

Mientras la escasez hídrica preocupa en todo el mundo, Rusia juega con la idea de reemplazar el petróleo con la exportación masiva de sus vastos recursos. Su disponibilidad en el país no premia, sin embargo, lecturas tan sencillas. En realidad, el agua constituye un desafío que exigirá inversión pública y privada, cambios en los esquemas tarifarios y apuestas espaciales. El agua es mucho más que el soporte de la vida.

Como cada año, hace unas jornadas se celebró el Día Mundial del Agua. En esta ocasión, la efeméride hacía parte de una conmemoración más larga. La Asamblea General de Naciones Unidas proclamó el 2013 como el Año Internacional de la Cooperación en la materia.

La llamada de atención está justificada. Según los cálculos de Naciones Unidas, 1.200 millones de personas (el 20% de la población mundial) vivían en 2007 en zonas con escasez hídrica, mientras 800 millones carecían de acceso a agua mejorada (no necesariamente segura) y 2.500 millones de sistemas de saneamiento básico en 2010. 

Las proyecciones son, además, descorazonadoras. La misma institución calcula que en 2030, 4.000 millones de personas, casi la mitad de la población mundial, vivirán en zonas con escasez hídrica. 

En Rusia, como otros años, el día pasó mayormente desapercibido. O no del todo. Porque la disponibilidad de recursos hídricos en el país es más compleja de lo que podría parecer en un principio. 

El oro azul 

El país más extenso del mundo, la Federación Rusa, posee la tercera parte del agua dulce del planeta, sólo por detrás Brasil. El país cuenta con cinco grandes cuencas hidrológicas, el lago más grande del mundo (Baikal) y millones de ríos, incluido el más largo de Europa (Volga). 

En los últimos años, políticos de primera fila han jugado seriamente con la idea de exportar masivamente agua al resto del mundo. Con las reservas fósiles agotándose y el déficit hídrico global acentuándose, los recursos del país podrían convertirse en estratégicos: un nuevo oro, esta vez, azul.

A día de hoy, esta expectativa resulta, sin embargo, irrisoria. Primero, por los problemas domésticos. Con todos sus activos, Rusia tiene dificultades para proveer agua de calidad a sus propios habitantes. 

Distribución y estado del recurso 

La Federación es rica en recursos hídricos en la vertiente oriental de los Urales. El 80% de su población y buena parte de su economía se concentran, en cambio, en la zona europea, con el 8% de los activos nacionales. Las regiones del centro y el sur del país sufren escasez hídrica cuando llueve poco, hasta poner en riesgo la seguridad nacional. 

Además, buena parte de los recursos hídricos en la zona europea están seriamente contaminados. De acuerdo con las instituciones regulatorias, el 40% de los recursos en superficie y el 17% de los subterráneos no son potables, debido a los vertidos sin tratamiento pasados y presentes. 

Calidad del servicio 

No basta, en cualquier caso, con eso. Se necesita infraestructura para traer agua limpia a casas, oficinas y fábricas y llevarse el agua gris y negra de ellas. 

Según el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, en 2008, el 23% de los hogares rusos no tenía acceso a agua potable, y el 27% carecía de saneamiento básico. En las zonas rurales las coberturas eran dos o tres veces menores que en las urbanas, y en algunas regiones el 70% carecía de los dos servicios. 

En términos globales, el 70% del agua residual, gris o negra, unos 16.500 millones de metros cúbicos anuales en 2010, era evacuada sin ningún tratamiento. 

Además, según la OCDE, el 20% del agua consumida se perdió entre 2004 y 2008 en el camino. El Instituto de Asuntos Hídricos sostiene que Rusia pierde en transporte cada año recursos equivalentes a todos los de Dinamarca y Hungría. 

Pero quizás lo más grave es la pésima calidad del agua para el consumo humano. Según las entidades reguladoras, entre el 35 y el 60% del agua potable, sobre todo en la más poblada parte europea, no cumple con los requisitos sanitarios. 

Sólo la mitad de los rusos (85% de media en la OCDE) afirma estar satisfecho con la calidad de su agua potable. Quienes pueden, compran botellas de agua; los que no pueden permitírselo, usan filtros purificadores o hierben el agua del grifo antes de beberla.

Viabilidad económica 

La viabilidad económica de exportar agua es, además, escasa, tanto por su volumen, inmanejable, como por su precio, módico en relación con el coste de transportarla, directamente o a través de infraestructuras. 

Por el momento, como cabe esperar, las compañías extranjeras se interesan por vender agua limpia, no por comprarla. Para que el consumidor foráneo confíe, parece imprescindible que los rusos lo hagan. Sin estándares internacionales vender internacionalmente es una quimera. 

Inversión pública 

El oro azul es, de hecho, más un desafío local que una fuente de divisas externas. El primer gran reto radica en mejorar la infraestructura. Según el gobierno, la reparación, renovación y extensión de los sistemas de acueducto y alcantarillo exigirá al menos 360.000 millones de euros hasta 2020. 

Este aprobó en 2009 la Estrategia Hídrica Nacional para 2020 y puso en marcha en 2010 el programa Agua Pura, con el fin de que la cobertura de acueducto sea del 95% y la de recolección y tratamiento del 84% en 2017, mejorando también la calidad del agua. 

La inversión pública creció de manera significativa en la última década. Entre 2000 y 2010, los recursos destinados al sector agua se multiplicaron por 5,6, hasta sumar 1.150 millones de euros en 2010. Pero no es suficiente con la inversión pública. 

Participación privada 

El Programa Agua Pura prevé que los fondos de los distintos niveles de gobierno cubran apenas el 6% del presupuesto. Se espera la concesión de prestamos a largo plazo de organismos financieros internacionales. El resto le corresponde a la inversión privada. Según la OCDE, entre 2003 y 2006 actores privados, sobre todo rusos, empezaron a participar activamente en el mercado hídrico. 

La sanción de un marco legislativo que promueve procesos competitivos y transparentes frenó la dinámica y desde 2006 no se han vuelto a firmar contratos importantes. Ante las dificultades para asegurar su financiación, el gobierno no incluyó el programa dentro de los 37 prioritarios de 2011-2013. 

Precios, normas y espacios 

No todo, no obstante, serán infraestructuras. También habrá que revisar aspectos del modelo de gestión, como las tarifas. Fijas y comparativamente exiguas impiden a los operadores cubrir el costo operativo y elevan el consumo. De la mano de campañas de educación, éstas deben informar sobre el valor inmenso del recurso y estimular una cultura del ahorro. 

Pero hay otro aspecto a tener muy presente. El agua es un activo local en un sentido más pleno: articula el territorio, desde su nacimiento a su desembocadura. A plantas, tuberías y esquemas tarifarios, hay que sumar normas y mecanismos que protejan y espacios que celebren el recurso. 

Con excepciones, la ley federal atribuye a los gobiernos locales la responsabilidad de organizar, mantener y desarrollar la infraestructura de acueducto y alcantarillado municipal. También, se olvida, a veces, la potestad de planificar los usos de su territorio. Y de invertir en equipamientos y espacios públicos. El agua es el soporte de la vida, y una oportunidad para vivir mejor.