El nuevo “Concepto de Política Exterior” de Rusia: una evaluación crítica

Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia. Fuente: PhotoXpress

Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia. Fuente: PhotoXpress

El 14 de marzo se ha hecho pública la versión en inglés del nuevo “Concepto de Política Exterior de la Federación de Rusia”. Como se afirma en su introducción, se trata de una descripción sistémica de los principios básicos, prioridades y objetivos de la acción exterior, y por ello su evaluación critica, más allá de la mera exposición de sus contenidos que ya se ha hecho en artículos previos, resulta clave para prever el modo en que Rusia se relacionará con el resto del mundo en los próximos años.

Los objetivos de la política exterior rusa 

De entrada, se constata que el principio rector de la acción exterior rusa permanece invariable: asegurar la protección de los individuos, la sociedad y el Estado. Esta división en tres niveles refleja la tradicional cultura política rusa, por la que los intereses de los individuos se suelen supeditar a lo que se entiende como el superior interés del Estado.

Por lo que respecta a los objetivos derivados, se aprecia que Rusia adopta un concepto amplio de la seguridad, ya que además de la defensa tradicional (preservación de la soberanía e integridad territorial), se tienen en cuenta factores económicos y humanos (modernización de la economía y mejora de las condiciones de vida), además de incluir la cooperación con los restantes Estados (en especial los vecinos), ratificar la legitimidad única de la ONU, y proteger a los rusos en el extranjero. Con todo ello se busca, según el Concepto, consolidar a Rusia como uno de los polos más influyentes del mundo actual.

Sin embargo, en esa enumeración de objetivos es también posible identificar algunas de las cuestiones que han configurado la cultura estratégica rusa en las últimas décadas, como la percepción de un déficit de seguridad, la intención de evitar un “cerco estratégico” (que se manifiesta en la oposición a la ampliación de la OTAN), el recuerdo de la herencia socioeconómica de la etapa Yeltsin, el hacer valer su condición de miembro permanente con derecho a veto en el Consejo de Seguridad de la ONU, y la preocupación por los 20 millones de rusos étnicos que quedaron fuera de sus fronteras tras la desaparición de la URSS.

La visión rusa del mundo

Si el anterior apartado está relacionado con las fortalezas y debilidades de la propia Rusia, a continuación el Concepto identifica las oportunidades y amenazas que se derivan del entorno. En positivo destaca la visión del Kremlin de que no es previsible un conflicto armado a gran escala, y que la globalización supone una mayor interdependencia entre Estados y un menor peso del factor militar en las relaciones internacionales.

En todo caso, son muchos más los factores de riesgo, entre los que destaca la tendencia de “determinadas naciones” a gestionar las crisis por fuera del marco de la ONU mediante sanciones unilaterales, medidas coercitivas, e incluso el empleo de la fuerza armada. Se trata de una clara crítica, sin nombrarlos explícitamente, a Estados Unidos y sus aliados, potenciada por el descontento ruso con la intervención militar de 2011 en Libia.

Por otra parte, el catalogo de amenazas identificado por Rusia es muy detallado, e incluye la proliferación de las armas de destrucción masiva, el terrorismo internacional, el crimen organizado, el extremismo religioso y las tensiones entre etnias, la corrupción, los conflictos regionales, la escasez de productos básicos, los problemas demográficos, la pobreza global, y los retos medioambientales.

Este análisis es un calco del realizado por la Unión Europea en 2003 y 2008, lo que debería facilitar la cooperación para afrontar estos riesgos, especialmente en el vecindario común.

Las líneas maestras de la política exterior de Rusia

Para cumplir los objetivos enumerados y afrontar el entorno mundial descrito, el Kremlin incluye en el Concepto una amplia descripción de las prioridades de su política exterior. Partiendo una vez más del papel central del Consejo de Seguridad de la ONU, se hace una destacada mención a que es inaceptable intervenir en los asuntos internos de otro país.

En este caso Rusia se posiciona a favor del modelo westfaliano de Estados-nación soberanos, consagrado en la Carta de la ONU, frente a quienes afirman que existe un derecho de injerencia por razones humanitarias, la llamada “responsabilidad de proteger”. La posibilidad de una intervención exterior en Siria,  a la que Moscú se opone rotundamente, está en la base de esta posición.

En el campo del control de armamentos, no es previsible que se produzca un nuevo acuerdo con EE UU para la reducción de los arsenales nucleares, ya que los niveles actuales están cerca de lo que Rusia considera el mínimo imprescindible para mantener su capacidad disuasoria. Además, las discrepancias sobre el escudo antimisiles que Washington está desarrollando no favorece la confianza mutua, como tampoco lo hace el que se haya suspendido la aplicación del Tratado de Fuerzas Armadas Convencionales en Europa (FACE).

Por último, se dedica un apartado completo a establecer las prioridades regionales para Rusia, que se citan en el siguiente orden: espacio postsoviético, regiones del Mar Negro y el Mar Caspio, Estados euro-atlánticos, Asia-Pacífico, Oriente Medio y Norte de África, América Latina, y África.

Con los objetivos establecidos para cada región y del peso que se les otorga en el Concepto, se constata que para Rusia las antiguas repúblicas soviéticas siguen siendo su “área de especial interés”, y que no renuncia a lograr la máxima integración posible en diversas organizaciones, como la Unión Euroasiática. Por otra parte, y a pesar del eterno debate sobre el carácter de la nación, del documento se desprende la inequívoca pertenencia de la Federación a la civilización común europea, mientras que la dimensión asiática se contempla más en función de los beneficios materiales que pueda reportar.

Últimas reflexiones

El nuevo Concepto no es especialmente innovador con respecto a los aprobados en 2000 y 2008. Tal vez la principal novedad sea la omnipresente crisis económica y el retroceso que ha supuesto para el poder relativo de Occidente, con quien Moscú marca distancias autocalificándose como un puente hacia la pujante región del Asia-Pacífico.

Las principales discrepancias con Estados Unidos pueden surgir por la defensa rusa del Consejo de Seguridad de la ONU como la única fuente de legitimidad para el uso de la fuerza, ante lo que se percibe como una tendencia a la actuación unilateral. La gestión de la crisis en Siria representará, sin duda, una primera prueba de fuego para el nuevo Concepto.