Dzagoev y Kokorin, la esperanza de una nueva Rusia

En primer plano, Aleksánder Kokorin, una de las grandes esperanzas del fútbol ruso. Fuente: RFS.com

En primer plano, Aleksánder Kokorin, una de las grandes esperanzas del fútbol ruso. Fuente: RFS.com

La selección rusa de fútbol está dando paso a una nueva generación que camina firme hacia el Mundial de 2014 de la mano de Fabio Capello.

Andréi Arshavin, el estandarte de aquella Rusia que alcanzase semifinales en la Eurocopa del 08, ha sepultado en el banquillo del Arsenal su talento y el poco norte de competitividad que le quedase. Tiene 31 años y su carrera deportiva en la élite asoma al ocaso. Este verano termina contrato en Inglaterra y probablemente regresará a Rusia, donde su fama y condición de jugador nacional le asegurarán un contrato por encima de valor de mercado.

De su misma generación es Román Pavlyuchenko, que volvió del Tottenham para terminar aburguesado en el Lokomotiv, como el mejor pagado de la plantilla (2 millones de euros), pero ni siquiera titular habitual. Ninguno de los dos cuenta para el seleccionador nacional, Fabio Capello, y su ausencia en las convocatorias ya ha dejado de ser noticia en Rusia. Los resultados acompañan, la selección camina con paso firme hacia la clasificación para el Mundial del año que viene y dos nombres se configuran como relevo generacional en la punta:. Alán Dzagóev y Aleksánder Kokorin

Aunque ambos tienen la misma edad (22 años), Dzagóev es más conocido que Kokorin fuera de Rusia gracias a sus tres goles en la Eurocopa del pasado verano y a su participación en la Champions League con el CSKA de Moscú. Nacido y criado en Beslán, República de Osetia del Norte, Dzagóev se mudó a Moscú con sólo 17 años para firmar por el poderoso CSKA. No es nada fácil que un chaval de provincia caucásica se plante en la capital y se abra camino en uno de los grandes del fútbol ruso como el CSKA. Más aún en la zona de ataque, habitualmente copada por delanteros brasileños y africanos de cierto prestigio.

El camino habitual en estos casos suele ser una larga penitencia de cesiones por equipos de clase baja. Pero el talento no entiende de geografía ni prejuicios y Dzagóev se asentó directamente en el CSKA, marcando 13 goles ya en su primera temporada, pese a ser más bien mediapunta que delantero. A día de hoy es el único jugador ruso que suena con frecuencia para recalar en las grandes ligas europeas. Dzagóev no es nuevo en la selección, pues ha sido ya 27 veces internacional, sin embargo su rol pasa a ser de actor principal una vez desaparecidos del mapa Arshavin y Pavlyuchenko. Algo parecido sucede con Aleksánder Kokorin, 11 veces internacional, pero del que ahora se espera un paso al frente en la selección, como el que ha dado en su club, el Dinamo de Moscú.

Kokorin es el ‘wonderboy’ del fútbol ruso: descarado, guapo y sobrado de talento. En 2008 se convirtió en el jugador más joven de la historia en marcar un gol en la liga rusa, tenía sólo 17 años. Entonces se generaron unas expectativas desmesuradas y Kokorin pasó varias temporadas de barbecho, regañado con el gol. Esta temporada se ha reencontrado con su mejor fútbol y con el gol, 12 en 21 partidos, las puertas de la selección vuelven a estar abiertas para él. Aunque formado en la cantera del Lokomotiv de Moscú, su carrera profesional se desarrolla toda en el vecino Dinamo, que por ahora se niega a negociar su venta, pese a la insistencia del Zenit.

El cambio generacional en la selección rusa que marcan Dzagóev y Kokorin cuenta con la complicidad del nuevo seleccionador, Fabio Capello. El italiano, que reside desde hace 6 meses en un céntrico piso de Moscú, representa para la Federación una apuesta clara por la profesionalidad y la mano dura con las estrellas de mucho ego y poco esfuerzo (no hace falta dar nombres), una apuesta por los resultados y el cortoplacismo con la vista en el próximo Mundial. Y la apuesta funciona. Más allá del estilo de juego, algo rácano como buen equipo de Capello, Rusia ha ganado los cuatro partidos oficiales que ha disputado con el italiano en el banquillo y marcha líder destacado de su grupo de clasificación para el Mundial, objetivo prioritario tras dos ediciones de ausencia. Tras suspenderse el sábado su encuentro en Irlanda del Norte debido a la nieve, el equipo ruso empató ayer a uno con Brasil en Stamford Bridge (Londres) ante 45.000 espectadores, un encuentro amistoso pero de gran prestigio dado el rival y el escenario. Rusia dominó el partido, sólido en defensa y creando peligro esporádico. Fayzulin marcó en el 73’, pero Fred empató para los brasileños en el descuento. Más allá del resultado importan las sensaciones competitivas, que volvieron a ser buenas, esta vez sí, ante un rival de entidad. La nueva Rusia carbura y apunta al Mundial de Brasil.