¿Cómo era Moscú en el Siglo XXIII?

Entre las innumerables habilidades del Ser Humano está la de proyectar su mente en el espacio y el tiempo. De la primera dimensión tenemos ejemplos clarísimos en la exploración espacial, de la segunda sirva de muestra este artículo.

Antes de la revolución, hacia 1914, los moscovitas fueron invadidos por una serie de postales que mostraban como sería el aspecto de su querida ciudad en 300 años. Por supuesto, esta proyección temporal partía de una base tan sólida como la organización social y los conocimientos científico-técnicos del momento en el que fueron dibujadas por un artista (desgraciadamente) desconocido.

Pero vayamos sin más dilación a conocer Moscú en el Siglo XXIII… tal y como fue imaginada hace casi 100 años.

Estación Central (arriba) y puente Moskvoretsky (abajo). Fuente: Wikipedia

“El invierno seguirá siendo el mismo que para nosotros hace 200 años. Blancanieves y el mismo frío.”, así reza el reverso de la postal de la Estación Central. Dicha estación, ubicada en la zona de Kalachevskaya, se ha convertido en un intercambiador de rutas terrestres y aéreas en toda regla. La postal destaca además que “las personas pueden moverse con la velocidad de los telegramas”… algún día veremos tal portento.

La postal del puente Moskvoretsky destaca la belleza del Kremlin (ubicado al fondo), así como la creación de nuevas empresas dedicadas a un sinfín de actividades varias y cuyos edificios han alterado el perfil de la ciudad. El transporte aéreo (monorraíl y vagones colgados) se postula además como una alternativa a la gran cantidad de tráfico.


Plaza Lubianka (arriba) y río Moscova (abajo). Fuente: Wikipedia

La postal de la plaza Lubianka fue una modificación o bien una nueva creación usando el conjunto original como referencia. Y es que años después de la aparición de las postales, la empresa chocolatera Eyinem las utilizó para acompañar sus dulces productos. Esto lo podemos saber debido a que el nombre de la chocolatera aparece anunciado en un dirigible, un medio no poco utilizado con fines publicitarios en la actualidad. En la esquina inferior derecha se puede apreciar el metro, el cuál no sería inaugurado hasta 1935.

En la otra postal, puede apreciarse el poderío naval destinado exclusivamente al comercio y transporte de pasajeros, considerando a la capital rusa como un núcleo de referencia mundial. La descripción en el reverso añade que “el ejército fue abolido tras el tratado de paz de la Haya”, a pesar de que en la anterior postal aparezcan desfilando hasta 23 cosacos.

 

Parque Petrovski (arriba) y Plaza Roja (abajo). Fuente: Wikipedia

Los dos aspectos que más sobresalen de la vista del Parque Petrovsky son la restauración de los edificios emblemáticos y la recuperación de espacios naturales. De hecho, la descripción de la postal hace clara una referencia a la eliminación de la contaminación ambiental (una gran lacra de nuestra era), así como la recuperación de las tradiciones y costumbres de “los tatara-tatara-tatara-abuelos”.

La postal de la Plaza Roja predice que este lugar tan emblemático de Moscú será un lugar con más tráfico que la M-40 de Madrid un lunes por la mañana. Aunque en la descripción del reverso, añadida por la empresa chocolatera, se habla de “un policía (que dirige el tráfico) con una espada”, me aventuraría a afirmar que realmente el agente de la ley sostiene un cilindro luminoso como el empleado en la actualidad.

 

 Carretera a San Petesburgo (arriba) y Plaza del Teatro (abajo). Fuente: Wikipedia

Si en la anterior postal se destacaba el tráfico interior de la ciudad, en la siguiente se muestra como se solventará el problema del hielo en carreteras como la actual M10/E105. La respuesta es tan sencilla como un trineo motorizado (nótese la hélice frontal) y hay que tener en cuanta que la moto de nieve no fue inventada hasta 1923. Por si fuera poco y como una muestra más de la conservación del estilo ruso, ahí están los diseños tan espectaculares de los vehículos, dignos del gran Pininfarina, que no nacería hasta 1930.

La última postal de la colección es una muestra más de la diversificación del transporte urbano del Moscú del Siglo XXIII. El tráfico transcurre a nivel del suelo, por debajo y por encima (atención al diseño de los aviones). En primer plano puede apreciarse un camión de bomberos en el cual hay dos detalles muy interesantes: el primero es la cantidad de personas que puede transportar, indicando un aumento de la potencia de este tipo de vehículos, que además debían ser rápidos; el segundo es la ausencia de un depósito de agua, lo que indicaría el uso generalizado de las bocas de incendio disponibles por toda la ciudad (la primera patente conocida de esta invención se remonta a 1836).

Estas imágenes tienen sin duda una estética que parece extraída de las novelas de Julio Verne. De hecho, este furor por lo que se encontrará la Humanidad ha sido compartido por el país galo a través de obras como las ilustraciones de Villemard (1910), aunque él apuntaba al un año más cercano y más conocido para nosotros, el 2000.

 

Dibujo de Villemard en el que se muestra la videoconferencia usando el sistema telefónico convencional. Fuente: Pixfans.com 

¿Y cómo nos imaginamos el Siglo XXIII? A diferencia de las imágenes rebosantes de optimismo, hay que decir que en la actualidad debemos añadir la vertiente post-apocalíptica, teniendo a Tarkovski y Glukóvski entre sus exponentes.

Dos visiones muy distintas del futuro de Moscú: una Plaza Roja desolada (izquierda) y una moderna y espectacular basílica ortodoxa (derecha). Fuente: RussiaTrek.org y Fishki.net

En cualquier caso, el Siglo XXI, que es el que nos atañe ahora mismo, será lo que nosotros queremos que sea. Solo a través de la determinación de mejorar el mundo con nuestro trabajo del día a día, por muy simple que nos parezca, podremos generar un mañana mejor. Hay un proverbio ruso que dice que “añorar el pasado es correr tras el viento”, pero está claro que “quien trabaje el presente, el viento le traerá su recompensa”.

 

 

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