Por qué no enterramos a Lenin

22 de febrero de 2013 Fran Martínez, Rusia Hoy
El uso y abuso de la figura de Lenin es conocido, pero no el de su cuerpo como símbolo de legitimación. El ‘leninismo’ requería que el cadáver estuviera expuesto pero callado. De esta forma, el cuerpo de Lenin dejó de ser propiedad de Lenin, o de su familia, y pasó a ser nacionalizado.
Cola para entrar al mausoleo de Lenin en la Plaza Roja. Fuente: AFP.
Cola para entrar al mausoleo de Lenin en la Plaza Roja. Fuente: AFP.

Hace unos meses el ministro de cultura ruso Vladimir Medinski volvió a abrir el debate sobre qué hacer con el cuerpo de Lenin embalsamado y expuesto en la Plaza Roja. Medinski propuso enterrarlo de una vez, argumentando que en realidad lo que se expone no es Lenin, sino “un 10% de Lenin”.

El ministro casi acertó, aunque la cifra exacta sería un 23%, ya que para embalsamar al líder bolchevique los órganos tuvieron que ser retirados (20%), al igual que los líquidos corporales (57%). Como curiosidad cabe decir que el cuerpo está bajo jurisdicción del Instituto Federal de Plantas.

También Vladimir Putin entró en la polémica,llegará un momento en el que el pueblo ruso decida qué hacer, aunque no ve prisa alguna para enterrar a Lenin. Para el presidente ruso, el cuerpo de Lenin es similar a las reliquias de los santos expuestos en muchos monasterios.

En el selecto club de embalsamados Lenin es el rey, aunque está bien acompañado por Ho Chi-Minh, Mao Tse Tung, Mustafá Kemal Ataturk, Eva Perón, Ferdinand Marcos y media docena de líderes norcoreanos.

Además de llevar una vida de efigie, Lenin continúa rompiendo los bordes establecidos entre lo que es un monumento y un cuerpo, un símbolo y un cadáver, lo temporal y lo espacial. Incluso se podría concluir que Lenin anticipó el glamour contemporáneo ruso (trono regentado por Alla Pugachova), siendo el primero en usar bótox.

La decisión política sobre el cuerpo del revolucionario siempre es pospuesta y el cuerpo sigue ahí casi por inercia. Millones de turistas visitan el mausoleo cada año para ver el rostro y dos manos de Lenin, pero lo que está embalsamado es algo más que un cuerpo. El uso y abuso de la figura de Lenin es conocido, pero no el de su cuerpo como símbolo de legitimación. El antropólogo Alexei Yurchak está preparando un libro sobre el tema (Lenin's Two Bodies: The hidden science of communist sovereignty), del cuál ha hablado en Tallinn, contestando a nuestras preguntas tras una conferencia.

Yurchak se fija en el valor legitimador del cuerpo, y recuerda cómo en Europa cuando un rey moría se hacían efigies de su rostro para preservar el poder simbólico hasta que un nuevo rey accediera al trono (siendo la esfinge entonces destruida). De esta manera, el cuerpo del soberano se desdoblaba por un tiempo, aunque su desaparición era necesaria para que el nuevo poder tuviera toda la legitimidad.

El profesor Yurchak lo explica como un desdoblamiento, una separación de Lenin y su cuerpo que sirvió como acto fundacional y legitimador del discurso ideológico soviético. En este sentido, recuerda Yurchak que todo poder político se refiere a un acto fundacional que es presentado como verdad incuestionable.

Para poder ser canonizado el Lenin real tenía que desaparecer… aunque no del todo. El ‘leninismo’ requería que el cadáver estuviera expuesto pero callado. De esta forma, el cuerpo de Lenin dejó de ser propiedad de Lenin, o de su familia, y pasó a ser nacionalizado.

Durante su último año de vida, Lenin se quejó en varias ocasiones del aislamiento al que estaba sometido; siempre rodeado por más de cien soldados. Además, su correspondencia era revisada, las sendas de los paseos establecidas, las visitas que recibía reguladas, la información sobre cuestiones políticas filtrada en gotas dulces y el médico sólo le permitía dictar 10 minutos al día artículos que el Politburó después prefería no publicar.

Por un lado, el revolucionario era exiliado del espacio público, censurado, ignorado, presentado como enfermo… y por el otro Lenin era continuamente referenciado, hasta el punto de crear el ‘leninismo’ y equipararlo con Marx y Engels, además de controlar y editar directamente sus textos y preparar citas que todo buen comunista debía repetir.

El problema, concluye Yurchak, es que cuando los líderes de la Perestroika intentaron volver a las raíces, a Lenin, descubrieron que ya no era posible encontrarlo y la Unión Soviética colapsó.

La decisión de embalsamar al revolucionario ruso no estaba tomada antes de su muerte. De hecho, como reconoció la hermana de Lenin en una entrevista hecha durante la Perestroika, el revolucionario quería ser enterrado junto a la tumba de su madre en San Petersburgo.

Cuando murió el 21 de enero de 1924, el Politburó decidió construir un mausoleo de madera y embalsamar el cuerpo por unos días. Pero la avalancha de visitantes, venidos de todos los rincones del imperio, superó las expectativas. Las autoridades decidieron entonces que el cuerpo se expusieran durante más días y al final ahí se quedó.

Un segundo mausoleo de madera fue entonces construido y el definitivo, de mármol, granito, pórfido y labradorita fue completado en 1930, un año después de que el científico Alexéi Abrikosov confirmara que el cuerpo podía estar embalsamado sin fecha de caducidad.

De hecho, el Lenin que se expone no es exactamente el de su muerte sino una recreación 'leniniana' de Lenin. Es decir, la expresión facial fue retocada, ya que tras la procesión del cadáver por Moscú en aquel frío enero de 1924 la boca y los ojos estaban abiertos (que no atónitos).

El cadáver tiene ciertamente algo de religiosa artificiosidad, ya que sólo unas partes del cuerpo pueden ser expuestas, siendo el resto obligatoriamente escondido para poder preservar la parte expuesta.

De alguna manera, la exposición del cadáver en la Plaza Roja regula el tiempo político y social ruso. El intento de preservar el momento de su muerte requiere una permanente inversión de tiempo presente. Los líquidos tienen que ser cambiados y la parte escondida tiene que estar en constante actualización para poder así enseñar el rostro y las manos.

Posiblemente el entierro de Lenin sea también el entierro del postsocialismo.Pero el Lenin embalsamado es también un caso médico, un experimento en sí mismo. Igual, en vez de enterrarlo convendría llevarlo a la Kuntskamera de San Petersburgo o subastarlo en Sotheby’s.

Los que sí encontrarían hospedaje en ese museo de ciencias naturales y monstruos diversos serían los ‘objetos experimentales’, esos cadáveres utilizados por el Instituto Vilar (encargado del embalsamado) para probar los productos químicos antes de aplicarlos al cuerpo Lenin.

Por cierto, el proceso fue patentado por los doctores Alexander Parfénov y Yuri Lopukhin en Estados Unidos en 1998.

La opinión del autor no coincide necesariamente con la de RBTH.
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