Rusia y la Unión Europea: condenadas a entenderse

La pasada cumbre Rusia-UE celebrada en el mes de diciembre. Fuente: Consejo de Europa.

La pasada cumbre Rusia-UE celebrada en el mes de diciembre. Fuente: Consejo de Europa.

El pasado mes de diciembre se celebró la trigésima edición de la 'Cumbre Unión Europea-Rusia', sin que se produjeran avances significativos en la relación bilateral. Así por ejemplo el 'Acuerdo de Asociación Estratégica' sigue sin ser renovado desde 2007, mientras que las discrepancias sobre el respeto de los Derechos Humanos en Rusia, la supresión mutua de los visados, o la entrada en vigor del 'Tercer Paquete de la Energía' que Moscú considera contrario a sus intereses, dificultan cualquier progreso en las negociaciones.

De ese modo, la UE y Rusia parecen cada vez más sumidas en un diálogo de sordos, en el que Bruselas critica sistemáticamente lo que percibe como una deriva autoritaria del Kremlin, y Moscú cada vez ignora más a Occidente a la hora de definir sus intereses. Sin embargo, y a pesar de esas disputas, la UE y Rusia son en gran parte mutuamente dependientes y complementarias, hasta el punto de que sólo una amplia cooperación en cuestiones de seguridad exterior podría permitirles afrontar el actual panorama mundial.

La coincidencia en la identificación de las amenazas en las Estrategias de Seguridad

El “Concepto de Seguridad Nacional” de enero de 2000, primero aprobado por el presidente Putin, establecía con claridad los principales riesgos y amenazas para la seguridad rusa en el arranque del siglo XXI: proliferación de armas de destrucción masiva, crimen organizado y  tráfico de drogas, conflictos regionales, problemas ecológicos, e inseguridad nuclear.

Por su parte, la “Estrategia de Seguridad Europea” de diciembre de 2003 afirmaba que las amenazas a las que se enfrenta Europa incluyen el terrorismo, la proliferación de armas de destrucción masiva, los conflictos regionales, los Estados fallidos, y el crimen organizado. El “Informe de Seguimiento” de 2008 añadió las amenazas contra la seguridad cibernética y energética, y el cambio climático.

Como se comprueba, la percepción de los riesgos y amenazas es prácticamente idéntica. Tanto Rusia como la UE son blanco del terrorismo internacional de ideología islamista, habiendo sufrido algunas de sus principales acciones indiscriminadas (como en Madrid y Beslan),  participan activamente en el “Tratado de No-Proliferación” nuclear, y sus fuerzas navales colaboran en la lucha contra la piratería en el Océano Índico.

Por tanto, y ante la existencia de esos intereses comunes, sólo la falta de voluntad política impide una mayor cooperación. Véase por ejemplo el caso de la polémica defensa anti-misiles: si Estados Unidos y sus aliados europeos aseguran que tiene por objetivo protegerse del programa nuclear de Irán, que Moscú también percibe como una amenaza, la negativa occidental a desarrollar un sistema único hace que Rusia sospeche que el verdadero objetivo es el anular su propia capacidad de disuasión nuclear.

En todo caso, no se pueden ocultar las importantes discrepancias surgidas recientemente en torno a la guerra civil siria, con la crítica occidental a Rusia por apoyar al régimen de al Asad. Sin embargo, incluso en este caso las posturas comienzan a converger, ya que crece el temor en Europa a la llegada al poder en Damasco de islamistas que potencien el radicalismo religioso, por lo que la propuesta rusa de una transición negociada va ganando adeptos.

Los ámbitos de cooperación de la UE y Rusia en la seguridad internacional

Partiendo de la coincidencia de amenazas, el modo en que Rusia y la UE podrían cooperar en el mantenimiento de la seguridad internacional se ha venido definiendo con los años. Así, en 1999 se formuló la “Estrategia Común de la UE sobre Rusia”, que contemplaba la adopción de iniciativas conjuntas de política exterior y que consideraba necesaria una colaboración bilateral más estrecha en la definición de una nueva arquitectura de seguridad en Europa.

Esos conceptos se ampliaron con la aprobación de los cuatro “espacios comunes” en 2003 y de las “hojas de ruta” que los desarrollan en 2005. Por lo que respecta al espacio común de seguridad exterior, se establecieron como campos de cooperación la lucha contra el terrorismo internacional, las armas de destrucción masiva y sus vectores de lanzamiento, así como la gestión militar de crisis y la protección civil.

Por su parte, la hoja de ruta contempla un gran número de medidas concretas, como los contactos entre expertos, el establecimiento de un marco legal y financiero permanente para facilitar la gestión conjunta de las crisis, la aprobación de un acuerdo de protección de la información, el intercambio de experiencias en logística operativa, la cooperación en navegación marítima e hidrografía, la colaboración del Centro de Satélites de la UE con Rusia, o la formación de una red académica de investigadores en temas de seguridad.

Aunque muchos de esos objetivos están aún por desarrollar, existen posibilidades incluso mayores de colaboración, incluyendo cuestiones como el establecimiento de mecanismos formales de participación de Rusia en las estructuras permanentes de la Política Común de Seguridad y Defensa, el cubrir con medios militares rusos algunas carencias de la UE (como el transporte aéreo estratégico), o el abrir a Rusia los programas de desarrollo de capacidades dirigidos por la Agencia Europea de Defensa.

Conclusión

Aunque el carácter inequívocamente europeo de Rusia debería facilitar que la cooperación en materia de seguridad exterior con la UE estuviese basada no sólo en la descrita coincidencia de intereses, sino también en los valores comunes de una larga Historia compartida, los desencuentros de los últimos años parecen aconsejar el no ser tan ambiciosos y tratar de progresar en base a hitos concretos y eminentemente prácticos.

Para ello, y si bien Rusia debe sacudirse muchos de los recelos que condicionan su relación con la UE, los Estados miembros de la Unión también deberían modificar su actitud hacia Rusia, en especial los países orientales que ingresaron en 2004 y que muchas veces usan a la UE como una herramienta para saldar viejas cuentas con Moscú. En resumen, se trata de un juego de suma variable en el que las dos partes saldrían ganando con la cooperación, siempre que se abandonen las posiciones maximalistas. 

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