Custodiar el legado de Pushkin

La casa Pushkin no pasa desapercibida para los paseantes que cruzan el puente del río Nevá. Fuente: Marta Rebón.

La casa Pushkin no pasa desapercibida para los paseantes que cruzan el puente del río Nevá. Fuente: Marta Rebón.

La Casa Pushkin, situada en San Petersburgo, reúne todos los manuscritos del poeta además de la mejor colección de retratos de Tolstói, entre pinturas y fotografías, y numerosos dibujos, pinturas y efectos personales de Lérmontov.

San Petersburgo fue el escenario de la muerte de Aleksandr Pushkin. De alguna manera, la ciudad, entonces capital, cuya sociedad Lérmontov definió en La muerte del poeta como “envidiosa y opresiva”, siempre se ha sentido en deuda con la memoria del autor de Eugenio Oneguin. Moscú se adelantó en 1880 con un gran homenaje que coincidió con la inauguración de una escultura conmemorativa a cargo de Aleksandr Opekushin. Fue allí donde brilló Dostoievski, gracias a su célebre “Discurso sobre Pushkin”.

Por eso, cuando se aproximaba 1899 -el centenario de su nacimiento- en San Petersburgo se abrió el debate sobre cómo mantener viva la memoria del escritor. Si bien una escultura en su honor y un programa de actividades fueron las primeras iniciativas en las que se pensó, el proyecto de un centro donde se custodiaran toda su obra y sus efectos personales, asociado a la Academia de las Ciencias, fue cobrando fuerza. La escultura en la calle Púshkinskaya -el anterior acto de homenaje- no había complacido a todos.

La exposición celebrada en el año del centenario, apadrinada por la Academia de las Ciencias –compuesta por libros, documentos y diversa memorabilia procedente de instituciones y colecciones privadas–, ponía de manifiesto la necesidad de un espacio para el estudio y la difusión de su obra.

Este anhelo se concretó en 1905, e inició su andadura con sobrada legitimidad cuando, al año siguiente, adquirió la biblioteca del poeta, dotada con 1.523 títulos que hasta entonces habían permanecido en manos de sus herederos.

Otra de las adquisiciones más importantes fue la colección personal que tenía en París Aleksandr Fiódorovich Oneguin, quien se había consagrado a la tarea de recopilar todo lo relacionado con Pushkin. Su casa de tres pisos constituía una especie de santuario espiritual de la emigración rusa de principios del siglo XX en la capital francesa.

Si bien algunos de los objetos se han repartido entre diversas instituciones, “Casa Pushkin guarda todos sus manuscritos y su biblioteca, lo cual la convierte en el centro de estudio por antonomasia sobre el autor”, nos comenta Vsévolod Bagno, catedrático de la Universidad de San Petersburgo y director del Departamento de Literatura comparada de la Academia Rusa de Ciencias.

“Pero también reúne la mayor colección de manuscritos, dibujos, pinturas y efectos personales de Lérmontov o la mejor colección de retratos de Tolstói, entre pinturas y fotografías; si bien la manera de penetrar realmente en la mente de los escritores es a través de los textos que escribieron, en especial si son de su puño y letra”, añade el académico y actual director de Casa Pushkin.

El centro, que tuvo la suerte de que su cometido se respetara y protegiera durante la época soviética, ha abierto las puertas de sus depósitos a los escritores del siglo XX. El cargo de Vsévolod Bagno antes lo ocuparon Anatoli Lunacharski, Leonid Kaménev o Maksim Gorki.

La sede actual, donde los investigadores pueden tener acceso a todo este legado, se encuentra en la antigua Aduana marítima de la década de 1830. En 1999, frente a la fachada principal, se instaló la escultura restaurada del poeta, que se erguía en la avenida Kamennoostrovski. La silueta del edificio no pasa desapercibida para los paseantes que cruzan el puente del río Nevá, procedentes de Nevski Prospekt. El perfil de la Casa Pushkin rivaliza con el de la Kunstkamera.

“El cometido principal de Casa Pushkin es llevar a cabo la edición académica de los textos, lo cual supone un gran esfuerzo. A veces son totalmente nuevas y, otras, se actualizan ediciones antiguas. Creo que es la labor más importante de esta institución. Incluye las obras completas de Lérmontov, Goncharov, Turguéniev, Dostoievski, Fet, Blok…”, señala el director del centro. En el patio interior y central de Casa Pushkin se encuentra un edificio más moderno donde se aloja la biblioteca.

La Casa Pushkin alberga numersos manuscritos e importantes documentos de autores rusos. Fuente: Marta Rebón.

Vsevolod Bagno, director también de la Fundación Cervantes de San Petersburgo, es un hispanista con una fuerte vinculación con España. Sus trabajos de investigación más importantes han versado sobre dos figuras relevantes de las letras españolas: Emilia Pardo Bazán y Cervantes (El Quijote vivido por los rusos).

“Investigar cómo un pueblo ha leído una obra de un autor extranjero nos habla también de cómo es la sociedad que la lee, no sólo del propio autor. En particular, el Quijote se convirtió en un símbolo de la fe de la intelligentsia rusa. También lo fueron Unamuno y Ortega y Gasset, sobre todo porque estaban prohibidos. Ahora, en cuanto a literatura en español, nos guiamos por las leyes del mercado”. Sus intereses también han abarcado autores catalanes, como Salvador Espriu –del que este año se celebra el centenario de su nacimiento– y Ramon Llull, cuyas obras ha traducido. A él se debe la antología de poesía catalana traducida al ruso de 1984.

Uno de los departamentos más especiales de Casa Pushkin es el de manuscritos antiguos, fruto del esfuerzo de los investigadores que rastrearon Rusia buscando por las casas y las iglesias aquellos libros que guardaban en sus páginas la protohistoria de la lengua rusa.

“Tienen las mismas particularidades que los manuscritos españoles o catalanes antiguos. Lo mismo se puede decir de las personas que los cuidan e investigan. Los primeros años en los que fui director se reanudaron las misiones a las aldeas del norte de Rusia con el fin de hallar más manuscritos y desarrollar estudios folclóricos sobre el terreno. Aunque, como es lógico, los descubrimientos no son tan cuantiosos como hace treinta años. En Casa Pushkin se guardan cuatro de los manuscritos de la versión rusa de Ars Magna y Ars Brevis de Ramon Llull”.

Casa Pushkin, además, ejerce paralelamente a su labor de investigación la de difusión cultural. Por una parte, al estar abierta al público, se puede visitar su museo de literatura, que expone parte del fondo documental, objetos personales y retratos de escritores. Por ejemplo, el contenido del ala dedicada a Lev Tolstói se empezó a reunir en vida del autor, con motivo de la celebración de su octogésimo aniversario.

 

Otros museos literarios se han beneficiado de la ayuda de Casa Pushkin, como el museo Dostoievski en San Petersburgo, el de Garshin en Bulgaria o el de Aleksandr Blok, que está bajo su tutela. “Esta es la parte, la de difusión cultural, que más quiero potenciar. Por ahora se celebran exposiciones, se falla el premio literario “Pushkinskii Dom”, etc.”, explica su director.