Rusia toma posiciones en África

Fuente: flickr / United Nations Photo

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China se expande vertiginosamente en el continente desde hace un decenio. Antigua aliada de muchos países de la región, Moscú ha activado recientemente esfuerzos para recuperar su influencia. ¿Qué ha hecho? ¿Ha tenido éxito? ¿No es, como temen algunos, demasiado tarde? ¿Cuáles son las perspectivas? África es el índice global del desarrollo.

En la sala de juntas de la Unión Africana sólo tienen asiento delegados de África. China no lo necesita: tiene todo el edificio. La nueva sede general de la UA, en Addis Ababa, es una dádiva china. Y un regalo de los que se pagan caro. El lazo es una colección de facturas y favores, recursos extraídos e injerencias.  

Gracias a las relaciones fluidas con gobiernos de la zona, en 2011, el comercio entre China y África sumó más de 120.000 millones de euros. Hoy los productos chinos inundan los mercados africanos, mientras el continente es el segundo proveedor de petróleo a China y sus bienes se encuentran en las tiendas del país asiático. 

Además, la inversión acumulada de China en África alcanzó 300.000 millones de euros a finales de 2011. El continente es el segundo mercado de contratación para las firmas de ingeniería chinas y el cuarto destino de su inversión extranjera, que abarca todos los sectores. 

China no es, en cualquier caso, el único de los BRICS en extenderse en África. Brasil e India han celebrado cumbres de alto nivel con el bloque africano y avanzan terreno en el continente. 

Rusia está a años luz 

La posición de Rusia en África es mucho más precaria. En 2011, el comercio entre Rusia y el continente no sumaba 4.500 millones de euros, ni siquiera el 4% del chino. Además, está muy concentrado en algunos países y productos. 

El año pasado, África representaba, por otra parte, sólo 1.5% de la inversión rusa en el extranjero, mientras ésta era para el continente insignificante. 

Raíces antiguas 

La relación de Moscú con África no siempre fue, sin embargo, tan débil. Durante la Guerra Fría, la Unión Soviética disfrutó de una influencia política y económica mayúscula en la región. Una veintena de países africanos era considerados oficialmente socialistas. 

Pero con la caída de la URSS, África desapareció de la política exterior rusa y la Federación perdió su influencia, echando por la borda posiciones estratégicas ganadas durante décadas con notable esfuerzo. Mientras EE UU y la Unión Europea (especialmente, Reino Unido y Francia) conservaban considerablemente su poder en la región, China ocupó el vacío dejado por la URSS. Hoy, se habla de China, India y Brasil, e incluso de Arabia Saudí, Japón y Corea del Sur, pero poco de Rusia. 

Oportunidades bilaterales 

Desde hace unos años, Moscú intenta recuperar, no obstante, el terreno perdido. No le faltan razones. África es un continente lleno de oportunidades para la Federación. 

Por un lado, en términos de recursos naturales, tanto de gas y de petróleo como de otros minerales escasos en su territorio, como el cromo, el cobalto, el uranio o la bauxita, y otros que, aunque abundantes en Rusia, puedan reportar beneficios significativos, como el níquel o el platino. 

Además, Moscú tiene interés en ayudar al continente a crecer, proveyendo los elementos que concretan el desarrollo: infraestructura, bienes y servicios financieros.  

El FMI predice que siete de las diez economías con mayor crecimiento en los próximos años se ubican en el continente. Además, pese a que persisten riesgos económicos y políticos, la región se ha estabilizado. ¿Quién no quiere un trozo del pastel?  

Postura rusa respecto a Mali

Rusia apoyó la intervención militar liderada por Francia, dado que nacía de una petición del gobierno y contaba con la aprobación de Naciones Unidas.

Recuperado el control sobre las ciudades del centro y norte del país, a Rusia le preocupa la consolidación del gobierno nacional. El regreso permanente de Francia lesionaría la soberanía de Mali y haría todavía más difícil la expansión rusa en el continente.

Para África, Rusia también concita interés. Muchos países de la región están ansiosos por diversificar sus socios en un mundo bipolar. Los más interesados en Rusia son, precisamente, los países donde la dependencia de China es mayor. 

Esfuerzos de recuperación 

Los esfuerzos del gobierno ruso por reactivar la influencia en África se robustecieron a partir de 2009, cuando Medvédev encabezó la visita de la élite corporativa rusa a Egipto, Namibia, Angola y Nigeria. 

En 2011, nombró incluso un enviado especial para asuntos africanos, Mijaíl Margelov, con el objetivo de activar las relaciones bilaterales. 

Desde entonces, se han celebrado foros (en 2011 tuvo lugar el primer foro de negocios Rusia-África), visitas bilaterales y misiones comerciales. 

La ayuda oficial al desarrollo ha sido otra de las estrategias de aproximación. Desde que la cooperación rusa se reactivara formalmente en 2006, el África subsahariana ha sido un destino habitual (en 2011 recibió casi una tercera parte). 

La Federación ha cancelado hasta el momento unos 27.000 millones de euros de vieja y difícilmente recuperable deuda de los países del sur de África. Además, varias naciones han recibido 37.000 millones de euros a través de canales bilaterales, los más efectivos en términos diplomáticos. La salud, la seguridad alimentaria, la educación y las operaciones de mantenimiento de la paz concentran la mayor parte de los fondos. 

Avances 

Gracias a estos esfuerzos, el comercio bilateral creció un 16% entre 2002 y 2010. En 2011 las exportaciones rusas al continente se multiplicaron por 1,6. 

La inversión rusa en África también ha aumentado en los últimos años. Además de los antiguos aliados soviéticos, hay aproximaciones con países, como Malawi, Ghana o Uganda, que nunca estuvieron en la esfera soviética. 

Instaladas inicialmente en minería, las empresas rusas se están expandiendo asimismo por distintos sectores. Además de empresas de explotación de reservas naturales, se identifican compañías industriales y de infraestructura. En los últimos años, también han desembarcado en el continente empresas de telecomunicaciones y bancos de la Federación. 

Dificultades 

Pese a los avances, y el gran potencial comercial y económico en el medio y largo plazo, las perspectivas no son halagüeñas en el corto plazo. 

Primero, por las debilidades propias de la política exterior rusa con respecto al continente. Según distintos analistas, el gobierno carece de una agenda política concreta para África. El uso de la diplomacia cultural es tímido y las políticas de promoción comercial, débiles. 

Segundo, por la competencia china. Mientras el país asiático tiene abundantes recursos financieros a bajo costo para casi todos los proyectos de inversión en África, las empresas rusas tienen dificultades para lograr fondos baratos y de largo plazo del gobierno y las instituciones comerciales. 

Tercero, por la distancia con los países africanos. Muchos países del continente albergan serias dudas sobre la conveniencia del mercado ruso, comparándolo con destinos conocidos (EE UU y la Unión Europea) o nuevos y atractivos, sobre todo China. Muchos lo perciben como un mercado cerrado, desconocido y difícil, del que les separa, además, el lenguaje y la cultura. 

Hay razones para pensar que Rusia dejó pasar una gran oportunidad. Pero hay camino por delante. Y hay sitio para todos. La pregunta, en realidad, es si habrá espacio para todos los géneros, para todas las etnias, para todas las clases, o solo para unas pocas élites, corporativas y políticas, que extraigan el oro del crecimiento económico. África es el pálpito vital del desarrollo. 

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