Nueva vida para los parques rusos

Parque Gorki. Entrada. El recinto conoció una transformación radical en 2011. Es la punta de lanza del programa de renovación de los parques de la capital. Fuente: Parque Gorki

Parque Gorki. Entrada. El recinto conoció una transformación radical en 2011. Es la punta de lanza del programa de renovación de los parques de la capital. Fuente: Parque Gorki

Los parques son la nueva moda global del desarrollo urbano. Después de descuidar durante décadas el acervo que habían acumulado, las ciudades rusas han empezado a mirarlo con otros ojos. Moscú lidera la cruzada. El parque Gorki, un éxito con la transformación a medias, es el hito de un programa ambicioso. Aunque hay que revisar algunos aspectos, solo se puede pedir que esta moda, tan elemental, no sea pasajera.

Durante siglos, la calidad de vida urbana se asoció con una compleja estructura de espacios públicos, apuntalada por grandes parques. El Central Park de Nueva York, el Hyde Park de Londres o el Retiro de Madrid son ejemplos clásicos. Obsesionados los urbanistas por la movilidad del automóvil, las plazas y los parques dejaron de concitar interés durante un tiempo. 

Pero han vuelto. Desde hace una década, avenidas, plazas y parques, icónicos y de bolsillo, son el índice de la renovación de las ciudades. El High Line de Nueva York, el Millennium Park de Chicago, Madrid Río en la capital de España... constatan su renacimiento como espacio y estrategia de intervención privilegiada de las grandes metrópolis. 

A lo largo de la historia, las ciudades rusas han ido acumulando un buen número de plazas, jardines y parques. San Petersburgo cuenta con más de 200 y más de 700 plazas arboladas. Moscú dispone de algo más de 100 y cerca 10.000 hectáreas de bosque, lo que la convierte en una de las capitales más verdes de Europa. Además de extenso, el sistema de parques es en ambas muy diverso.

Las dos últimos décadas los parques rusos sufrieron, sin embargo, una muerte lenta. Con la caída de la Unión Soviética, se vieron sitiados por el abandono y la decrepitud, hasta caer en ruinas. El capitalismo primario de principios de siglo tampoco les favoreció. Cientos de puestos ilegales aparecieron en ellos, sin orden ni estándares mínimos de seguridad y calidad.

Pero hace un par de años las cosas dieron un giro extraordinario. Inspiradas en otras metrópolis, las autoridades de Moscú entendieron la necesidad de promover la ciudad a través de la creación de nuevos parques y espacios verdes metropolitanos y la ampliación y, sobre todo, renovación de los existentes. Se aprobó un ambicioso programa para transformarlos hasta 2016.

El parque Gorki, 120 hectáreas (similar al Retiro) a lo largo de tres kilómetros del río Moscú, en el sudoeste del centro, conserva su lugar destacado en el sistema de espacios verdes. Si cuando se inauguró, en 1928, fue el primer parque para la cultura y el descanso, y el prototipo de muchos a lo largo de la URSS, constituye ahora la joya del programa de renovación.

En 2011 el recinto sufrió una transformación radical. Primero, se retiraron o demolieron las viejas instalaciones del parque de atracciones en el que se había degradado el complejo multifuncional original. En el terreno despejado, se recuperó espacio para el deporte (aeróbicos, ping-pong, voleibol, fútbol, ciclismo, la mayor pista de patinaje sobre hielo de Europa...), el ocio (un anfiteatro y un cine al aire libre, con un programa de eventos para todos los gustos) y el relax (una playa artificial, grande extensiones de césped, nuevos cafés y restaurantes...). Acorde con los nuevos tiempos, se instaló Wi-Fi y se incluyeron ciertas referencias a la sostenibilidad ambiental.

Las intervenciones han seguido además las últimas tendencias de diseño. El Festival Mundial de Arquitectura seleccionó el año pasado el cine al aire libre del complejo, firmado por el pujante estudio local Wowhause, como uno de los quince mejores edificios culturales del año.

Al parque Gorki le falta, con todo, la guinda del pastel: la sede del Centro Garage de Cultura Contemporánea. Fundado en 2008 y dirigido por Dasha Zhukova, la mujer de Roman Abramóvich, Garage se ha convertido en pocos años en la décima galería más influyente del mundo. Zhukova trasladó sus exposiciones en octubre del año pasado a un edificio creado para el parque por Shigeru Ban, un fino arquitecto japonés famoso por sus estructuras temporales en papel y cartón.

El pabellón de Ban es solo un abrebocas. Aunque tendrá un uso permanente, dejará de ser la sede principal cuando, a finales de este año, esté concluida la pieza estrella del parque: el inmueble diseñado por el arquitecto Rem Koolhaas, Pritzker en 2000, León de Oro a toda su carrera en 2010 y recién nombrado director de la Bienal de Arquitectura de Venecia de 2014. En abril del año pasado, su oficina (OMA) reveló el diseño. La propuesta renueva un decrépito pero valioso edificio de época soviética, adaptándolo a los tiempos modernos y las necesidades de un centro cultural contemporáneo.

Todavía a medio camino, el año pasado el parque Gorki recibió en temporada alta más de 20.000 visitantes diarios.

Gorki no es, en cualquier caso, sino la punta de lanza de un programa más amplio. Hasta el momento, el gobierno ha renovado 30 parques, incluidos el Sokólniki, en el norte, o el jardín de Alexánder, junto al Kremlin.

El programa prevé renovar otros 74 en los próximos cuatro años. Entre los nuevos proyectos sobresale el parque Zariadie, en el emplazamiento en el que se ubicaba hasta 2006 el Hotel Rossiya, detrás de la Catedral de San Basilio.

Pero, antes de avanzar, sería recomendable afinar algunos aspectos. En primer lugar, la planeación estratégica e integración en el entorno de los parques, que han cambiado de manera radical sin contar con un plan de largo plazo. Se espera que el marco conceptual del parque Gorki esté listo pronto.

En segundo lugar, la conservación de algunos elementos icónicos. Por un lado, de infraestructura dura, como equipamientos públicos de valor histórico-cultural.

Por otro, de la infraestructura verde existente. Con su obsesión por los espacios limpios y claros, el diseño contemporáneo ha hecho estragos en varios de los parques de la ciudad. En el jardín de Alexánder y el parque Tsarítsino se talaron árboles centenarios. La renovación no ha de consistir en la imposición de un estilo homogéneo, ni en la pérdida de paisajes y ecosistemas significativos.

También es vital crear áreas de silencio, sin abusar de instalaciones y actividades de entretenimiento que generan mucho ruido.

Y luego está el polémico concepto de los espacios de libre expresión ciudadana. A finales de 2012 el gobierno aprobó el desarrollo sin autorización de protestas desorganizadas en áreas de los parques Gorki y Sokólniki, mientras multará a quien proteste en otra localización sin autorización. Aunque la entrada sea gratuita y habrá aforo para 2.000 personas, es previsible que las protestas no tengan allí mucho eco. Pero, pese a que se argumente que el sentido es transformar los parques en centros socio-culturales, el problema no son ellos.

El principio, de hecho, es muy loable. Que tras dos décadas los parques lideren la agenda de una ciudad como Moscú es muy positivo. Indica que las ciudades vuelven a recibir atención específica y que se empieza a pensar y trabajar en la calidad de vida de quienes residen en ellas. La renovación de los parques permite atraer turistas e inversión, mejorar el medio ambiente e impulsar la calidad de vida. Hay modas que desempolvan principios, que premian lo esencial. Que esta fiebre se extienda.