Misiles contra el escudo antimisiles

Misil más potente del mundo R-36M2 Voevoda. Fuente: mil.ru

Misil más potente del mundo R-36M2 Voevoda. Fuente: mil.ru

Mientras Estados Unidos construye un Sistema de Defensa Antimisiles global Rusia se prepara para una renovación capital de sus arsenales de misiles nucleares estratégicos.

Parece ser que los militares rusos y el Complejo Militar Industrial han decidido prepararse en serio para superar al sistema global de defensa antimisiles norteamericano. Actualmente se está trabajando a la vez en dos nuevos misiles estratégicos de diferentes clases. 

Según la información del coronel Serguéi Karakayev, comandante de las Fuerzas Estratégicas de Misiles de Rusia, se trata de un misil balístico intercontinental pesado (ICBM), de 100 toneladas, con propulsor líquido que tendría que superar al misil más potente del mundo R-36M2 Voevoda (llamado Satán en los documentos occidentales) y de un ICBM con combustible sólido ideado para reemplazar los sistemas Yars de quinta generación, Yars –RS-24 y Topol-M. 

“Ya que el potencial de los ICBM con combustible sólido podría ser insuficiente para superar al sistema antimisiles norteamericano, un ICBM con combustible líquido podría cumplir esta misión. 

Este misil ICBM permitirá crear un arma estratégica no nuclear de alta precisión y de alcance prácticamente global, si Estados Unidos no renuncian a su programa”, informó el comandante. 

Rusia empezó a hablar por primera vez sobre la creación de un nuevo ICBM de combustible sólido. Según el general Karakayev, en el año 2012 ya se realizaron unos cuantos lanzamientos del prototipo de este misil; el último fue el 24 de octubre. 

De esta forma se pone fin a las discusiones sobre si las Fuerzas  Estratégicas de Misiles de Rusia necesitan o no un misil de combustible sólido de clase pesada. 

En los años 90 Rusia llevó a cabo una modernización a gran escala de la familia 'Topol' y en el año 2000 adoptó el Topol-M emplazado en un silo de misiles (SS-27 según la clasificación de la OTAN), al que le siguió la variante móvil, “Topol-M2” puesto en servicio hace unos años. 

Precisamente los nuevos “Topol” y los RS-24 “Yars”,  puestos en servicio recientemente, irán sustituyendo gradualmente a los misiles de combustible sólido de primera generación que quedaron fuera de servicio. 

De todas formas, la base de las fuerzas  estratégicas de disuasión continua siendo los misiles de combustible líquido UR-100N (según la clasificación de la OTAN, SS-19 Stiletto) y R-36M (MO según la clasificación de EEUU y SS-18 Satan según la de la OTAN) pero ya han quedado anticuados y habrá que sacarlos de servicio en los próximos años. 

Los nuevos misiles entran a formar parte de las tropas lentamente. Según la valoración de Leonid Kaláshnikov, vicepresidente de la comisión de defensa de la Duma Estatal, Rusia podría recibir unos 100-105 nuevos ICBM para el 2015. 

Si se conserva la apuesta por los ICBM “Topol-M” que llevan una cabeza nuclear y los Yars-24 con tres, estos misiles llevarán un total de 110-115 ojivas. 

Por su parte para el 2015 EE UU planea desplegar  por todo el mundo 900 misiles balísticos interceptores. 

En el año 2001 EE UU salió del acuerdo sobre Defensa antimisil del 1972 y actualmente no hay ninguna limitación en el incremento de la cantidad y calidad de este tipo de medios. 

Según el comandante de las Fuerzas Estratégicas de Misiles de Rusia, el general Karakayev, no está descartado que los estadounidenses desplieguen medios de defensa antimisiles espaciales.

Las autoridades militares y políticas de Rusia confiaban que las negociaciones con EE UU sobre defensa antimisiles serían un éxito. 

Sin embargo, éstas llegaron a un callejón sin salida, y la insistencia de Washington en el despliegue de antimisiles de tierra y mar y el empeoramiento general de las relaciones bilaterales obligaron a los autoridades rusas a considerar acciones más decisivas. 

De aquí es de donde salió la idea de crear misiles capaces de cargar ojivas divididas con una gran cantidad de bloques guiados individualmente y de gran alcance. De hecho Rusia ya dispone de este tipo de misiles, los citados anteriormente UR-100N y R-36M. 

Sin embargo, fueron puestos en servicio a finales de los años 80 y sus periodos de explotación están llegando a su fin. El desarrollo de nuevos misiles se interrumpió en los años 90, cuando se suponía que con el tiempo se pasaría a equipar las Fuerzas Estratégicas de Misiles rusas solo con sistemas de misiles de combustible sólido ligero. 

Sin embargo, los misiles de clase ligera no han conseguido ser el sustituto total de los gigantes líquidos. Yuri Zaitsev, experto de la Academia de Ciencias Ingenieras de la Federación, considera que “difícilmente los ligeros Topol-M y Bulava (el nuevo misil de emplazamiento marítimo y combustible sólido creado en base al Topol-M) podrán reemplazar a los misiles que están quedando fuera de servicio”.

 A pesar de todo, Rusia no planea renunciar a los misiles de combustible sólido ya que éstos son los mejores para emplazar en los sistemas móviles. Lo que significa que Rusia continuará desarrollando ambos tipos de misiles.