Shevardnadze pide la dimisión del presidente georgiano Saakashvili

"Qué sentido tiene ser presidente cuando tu entorno no te apoya. Pero lo más importante es que el pueblo georgiano no reconoce a Saakashvili como su presidente", afirma Shevardnadze en declaraciones a la prensa local.

Shevardnadze, que fue derrocado por el actual presidente en la Revolución de las Rosas de 2003, opina que "si él (Saakashvili) tuviera conciencia, después de todo esto él mismo debería presentar la dimisión".

Saakashvili, que dejará el cargo tras las elecciones presidenciales de este año, "es especialmente peligroso en estos momentos, ya que todos sus actos están dictados por el odio hacia el actual primer ministro (Bidzina) Ivanishvili", dijo.

"Recientemente, los medios de comunicación difundieron una de mis entrevistas concedida dos semanas antes de la llamada Revolución de las Rosas, en la que llamaba a Saakashvili una figura muy peligrosa. Lo ven, ya entonces intuía quién es Saakashvili", añadió.

Shevardnadze, exministro de Exteriores soviético que aboga desde hace años por normalizar las relaciones con Rusia, reconoció que prefería como sucesor al fallecido primer ministro, Zurab Zhvania, que a Saakashvili, entonces ministro de Justicia.

Cerca de 200 presos políticos salieron el domingo en libertad por decisión del Parlamento, decisión a lo que se oponía Saakashvili, que acusa a muchos de los liberados de ser espías rusos.

Doce personas condenadas a penas de entre 11 y 20 años de cárcel por espionaje en favor de Rusia salieron de la cárcel, entre ellas el que fuera número dos de la representación georgiana ante la OTAN, Vajtang Maisaya.

Saakashvili, al que la victoria de sus adversarios políticos le ha dejado apenas sin ninguna prerrogativa como jefe de Estado, vetó la ley de amnistía, pero ésta salió adelante gracias al apoyo de las tres quintas partes de todos los diputados del Legislativo.

Georgia está actualmente en un proceso de transición de un régimen político presidencialista a uno parlamentario, en el que el presidente continúa siendo el jefe del Estado, pero el poder ejecutivo lo concentra en sus manos el primer ministro, designado por el Parlamento.

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