Rusia y EE UU: las relaciones vuelven a enfriarse

A pesar de que tras le reelección de Obama parecía que a nivel diplomático no iban a producirse grandes sorpresas, tras la aprobación del “Acta Magnitski”, que prohíbe la entrada a EE UU de una lista de personas que presuntamente han violado derechos humanos; y de la posterior respuesta rusa, la “ley Dima Yákovlev”, que no permite a los estadounidenses adoptar niños rusos, no resulta fácil encontrar muestras de acercamiento entre los dos países.

Dibujado por Niyaz Karim

Haz click en la imagen para aumentarla

En diciembre de 2012, el diario Kommersant anunciaba que el ministro de Asuntos Exteriores, a petición del presidente ruso Vladimir Putin, había diseñado las nuevas líneas generales de política exterior de la Federación Rusa.

Es de suponer que el documento, que todavía no se ha hecho público, fija la agenda internacional de Rusia para el tercer mandato presidencial de Putin.

Según Kommersant el principal objetivo en política exterior de Rusia será la integración política y económica del espacio post-soviético utilizando la Unión Euroasiática propuesta por Putin hace unos meses como principal “aglutinante” para esta integración.

La segunda de las prioridades en la lista serían las relaciones con la Unión Europea, mientras que las relaciones con los Estados Unidos quedarían en tercer lugar. Según parece, en las líneas generales se afirma que Rusia insistirá en que los EE UU proporcionen “garantías legales formales de que el proyecto de escudo antimisiles no será dirigido contra las defensas antinucleares rusas” y que los EE UU “no injerirán en los asuntos internos de otros países”.

No sería descabellado, por lo tanto, decir que las relaciones entre los EE UU y Rusia entran en 2013 en una etapa de profunda incertidumbre. Por otro lado la reelección de Barack Obama para un segundo mandato como Presidente de los EEUU, parece prometer una sana dosis de predictibilidad en las relaciones bilaterales.

Rusia también pareció quedar visiblemente complacida al ver que se le ofrecía el importante cargo de Secretario de Estado de los EE UU al senador John Kerry, un experto veterano en asuntos de política exterior y una persona a la que Moscú considera un interlocutor válido.

Aunque Kerry todavía tiene que enfrentarse a las audiencias del Senado, se espera que sea confirmado. Sin embargo, el final de 2012 quedó empañado con la aprobación, por parte del Congreso, del 'Acta Magnitski',  una enmienda a la ley de comercio que prohíbe la entrada en los EE UU y congela los activos financieros en este país, de los funcionarios rusos sospechosos de violación de los derechos humanos.

Como respuesta al 'Acta Magnitski', que Moscú considera descaradamente antirrusa, el parlamento ruso aprobó rápidamente la ley federal 272, que fue denominada como 'ley Dima  Yákovlev', un niño adoptado por padres estadounidenses y que posteriormente murió en un trágico accidente.

En resumidas cuentas, la 'ley Dima Yákovlev' responde al 'Acta Magnitski' prohibiendo la entrada en Rusia de estadounidenses responsables de violaciones de los derechos humanos de ciudadanos rusos.

Sin embargo, los legisladores rusos añadieron dos cláusulas que hacen que la ley sea mucho más que una represalia estrictamente “simétrica”. En primer lugar se prohíbe la financiación de ONG rusas que realicen “actividades políticas”. En segundo lugar, en una jugada muy polémica, se ha puesto fin, de forma inmediata, a la adopción de huérfanos rusos por parte de familias estadounidenses.

No cabe duda de que las dos leyes enfriarán las relaciones entre los EE UU y Rusia más allá de 2013. Sin embargo hay una notable diferencia entre las dos legislaciones.

La aprobación del 'Acta Magnitski' muestra la presencia de un fuerte lobby antirruso en el Congreso de los EE UU deseoso de tener alguna manera de “influir” en Rusia, una vez que la famosa enmienda Jackson-Vanik fue finalmente rechazada.

Al mismo tiempo, la Casa Blanca se opone al 'Acta Magnitski' y tiene suficientes recursos  a su disposición como para mitigar sus consecuencias. En contraste la ley 'Dima Yákovlev' goza del apoyo, a todos los niveles, del gobierno ruso: fue presentada supuestamente por la administración presidencial (se apunta al subdirector de la administración Vladislav Volodin como la principal fuerza motriz detrás de esta ley) y fue apoyada por todas las fuerzas políticas representadas en la Duma y en el Consejo Federal. Como es ya característico, Putin mostró su apoyo a la ley mucho antes de haberla visto.

Por lo tanto, su aprobación es una triste señal de que la campaña antiestadounidense comenzada por Putin hace un año no estaba destinada a ser una herramienta electoral de corta duración.

Es más, se está convirtiendo en el principal discurso de la política exterior de Rusia. Las élites políticas rusas, dándose cuenta finalmente del daño que ha causado a la reputación de Rusia en el mundo la vuelta de Putin al Kremlin, han decidido que no tenían nada que ganar mejorando las relaciones entre Rusia y los EE UU.

Al contrario, parecen pensar que es más útil para sus fines seguir propagando la imagen del “enemigo a las puertas” para frenar la pérdida de apoyo popular al régimen.

El Kremlin tampoco podía obviar el hecho de que sus críticos dentro del país apoyaron en general el 'Acta Magnitiski' y se opusieron a la 'ley Dima Yákovlev'. Esto le da al Kremlin una razón más para endurecer la postura rusa frente a los Estados Unidos: cuanto peores sean las relaciones de Rusia con los EE UU, más fácil será para el Kremlin tachar a la oposición de “agentes extranjeros”.

Puede que para el Kremlin un enfriamiento en las relaciones ruso estadounidenses parezca como un pequeño precio a pagar para mantener la proverbial estabilidad que tanto desea.

Sin embargo este enfoque tiene un gran peligro. La “mentalidad de búnker” que caracteriza la actual actitud de Moscú hacia Washington puede extenderse con rapidez a otros aspectos de la política exterior rusa. Si esto sucediera no se alcanzará ni uno solo de los objetivos descritos en las líneas generales de política exterior.

Evgueni Ivanov es comentarista político y reside en Massachussets.

Todos los derechos reservados por Rossiyskaia Gazeta.