Dos musas rusas para dos pintores españoles

Si recordamos a las musas de Salvador Dalí y Pablo Picasso, es fácil reparar en que existía un paralelismo entre la potente sexualidad del autor de El Guernica y la musa del ampurdanés, Gala. Ante lo que surge la incógnita de qué habría ocurrido de haber existido una relación entre estos dos singulares personajes.

En la vida de Picasso las mujeres ejercieron una influencia decisiva en su obra, casi como las guerras que le tocó vivir. En cantidad de parejas, se puede decir que compitió con Iván el Terrible o Enrique VIII.

Pablo Picasso. Fuente: Happy-drive.ru

Olga Jojlova, nacida en Niezin, en la actual Ucrania, se presentó al malagueño como sobrina de zares, altiva, orgullosa y sensual, le sedujo y se insinuó en el primer momento en que se vieron. Por aquel entonces ya era famoso y rico.  

Pero no fue ella su primera mujer, sino Fernande Olivier. Picasso enlazaba una pareja con otra, se dice que era monógamo y no era su intención alternarlas pero parece ser que eran ellas las que no le querían dejar. Así pues, a Fernande, le siguió Eva Gouel, y a esta, Gaby Depreye. Por diferentes razones, Fernande y Depreye rechazaron la propuesta de matrimonio del artista. 

Con la primera que se casaría legalmente sería con la rusa, Olga Jojlova, bailarina del famoso por aquel entonces y novedoso ballet de Diaguílev y como a casi todas, la abandonó. Pero la Jojlova le hizo olvidar muy pronto a algunas amantes circunstanciales. 

El día 12 de julio de 1918 Olga y Picasso se casaron en la iglesia ortodoxa rusa de París. Olga era bella, pero también muy ambiciosa, intransigente, testaruda y arrastraba esa languidez eslava en el alma, ese misterio del alma rusa. Max Jacob fue testigo de la boda junto con Apollinaire, al que le contó una antigua creencia rusa, según la cual el primero de los contrayentes que pise la alfombra después de haber dado las tres vueltas obligadas al altar, dominará al otro de por vida…

Olga le dio a Picasso su primer hijo y en los más de diez años de matrimonio que estuvieron juntos, según los expertos, tuvo una gran influencia en el arte del pintor que experimentó en ese momento uno de los giros más drásticos en su manera de crear. 

Parece que de alguna manera cada relación nueva en la vida del creador del cubismo marcaba un nuevo giro en su pintura o quizá era él quien buscaba nuevas musas que le llevaran a dar ese giro. 

Y con la bailarina rusa, todo fue estupendamente durante su estancia en Londres durante la cual Picasso trabajaba para el ballet de Diaguílev. En ese periodo, Picasso despliega su faceta de escultor y el nacimiento de su hijo Paul impregna de ternura su obra.

Olga con mantilla (1917). Fuente: Museo Picasso de Málaga

Es al volver a París cuando el idilio decae. A Olga le interesa solo la alta sociedad parisina y a Picasso le interesa la bohemia de Montmartre y coquetea con el surrealismo. Por ese interés también se desvincula de los gustos estéticos de Diaguílev y dejan de colaborar. 

La compañía de ballet se traslada a Sudamérica y Olga decide quedarse con Picasso, lo que solo serviría para acabar con la relación. Jamás llegaron a divorciarse para evitar la separación igualitaria de bienes según la ley francesa ya que en ese caso Picasso perdería una fortuna, no ya en dinero sino en obras. 

Un día, a finales de los años 20, Picasso, huyendo de las peleas con Olga, paseando por París, conoció a Marie-Thérèse Walter de 17 años. A ella le sucedió la fotógrafa Dora Maar, la joven pintora Françoise Gilot, la poetisa Geneviève Laporte y Jacqueline Rocque en cuyos brazos murió. 

Dalí y Gala Dalí

Dalí y Gala Dalí. Fuente: http://sal-vador-dali-i-gala.koggalan.ru/

Y si las innumerables mujeres de Picasso hicieron de musas, modelos e influyeron en su obra, para Dalí, solo hubo una musa, una mujer y un amor en su vida: Yelena Dimítrievna Diakónova. 

Esta intuitiva y misteriosa mujer nace a finales del siglo XIX en Kazán, Rusia. Criada en una familia de intelectuales, era una mujer por naturaleza inspiradora y descubridora de talentos, de vida sexual muy agitada, impulsiva, mantenía romances con pintores y escritores que se sucedían uno tras otro. 

No tenía ningún inconveniente en fotografiarse desnuda ni en compartir su cama con dos hombres, no se sometía a la sociedad de su época. Estuvo casada con uno de los poetas más importantes del siglo XX, Paul Éluard, a través del cual, conoció a los surrealistas para los que se convirtió en una musa y tuvo algunas aventuras con André Breton, el líder del movimiento, Max Ernst y algunos más. 

A pesar de las infidelidades de su esposa, el poeta se mantuvo a su lado. Y no solo eso sino que además fue quien le descubrió a quien sería su compañero inseparable, quien preparó su imaginación para que conociera a Salvador Dalí, al que le presentó en Cadaqués, en la propia casa del pintor. Al verla, en Dalí todo fue inmediato y surgió un único interés neurótico: conseguir a Gala. 

Según palabras textuales de Dalí en una entrevista en España en 1979: “Gala viene con Paul Éluard a Cadaqués, yo abro la puerta y me la encuentro ya desnuda. Me enamoró automáticamente. Y como era muy tímido e histérico porque nunca me había masturbado, llevaba un gran retraso, una cantidad de esperma acumulado incalculable, entonces me enamoré y reaccioné al fenómeno ese del amor, con unos ataques histéricos de risa que me dolía todo y tenía que tenderme en el suelo...” 

Hay que decir que sin embargo, la primea impresión que se llevó ella del genio surrealista es que se trataba de un coprofílico desequilibrado. Gala era once años mayor que Dalí y su vida tan liberal seguramente le traería problemas al pintor, que era de familia adinerada y tradicional —y se los trajo. 

A pesar de lo cual, para llamar la atención de Gala hizo todo tipo de cosas extravagantes pero habituales en Dalí como untarse de estiércol de cabra, hacerse sangre en  las axilas para manchar la camisa, o ponerse collares de perlas y un geranio rojo en la oreja, lo que parece ser que a Gala le encantó y dio resultado (si bien, no se aconseja imitarlo). 

Gala se separó de Éluard y se fue con Dalí. El pintor quedó desheredado por su padre, perdidamente enamorado de ella y ella de él. Esto provocaba una clase de relación amorosa muy especial y bastante extraña considerando la picassiana sexualidad de Gala y el hecho de que Dalí fuera un onanista nato y un voyeur. 

Se convirtió en su única musa, esposa-madre, representante y administradora. Se casaron en 1932, incluso por la iglesia y el matrimonio jamás se consumó. Es decir, Dalí y Gala nunca mantuvieron relaciones sexuales con penetración, y esta 'no consumación' del matrimonio, según el pintor, se debía a que ella era una diosa y no podía ser mancillada. 

Para contrarrestar, mientras Dalí no tocaba a su mujer-diosa, ella se acostaba con una gran cantidad de hombres y de mujeres. Pero nunca lo engañó, siempre le decía con quién se acostaba e incluso Dalí presenciaba muchos de sus actos sexuales, le deleitaba sobremanera ver cómo penetraban a su mujer y Gala siempre le presentaba a sus jóvenes amantes. 

Quizás resulte difícil entender un matrimonio así o tal vez fuera una interpretación surrealista del mismo. Surrealista o no, se quisieron intensamente, vivieron juntos 50 años aunque no muy bien avenidos los últimos cinco y solo se separaron cuando Gala murió, en 1982. 

Puede que descubrieran así el secreto de las relaciones duraderas, al contrario que las caprichosas y agitadas relaciones de Picasso. En cualquier caso, unas y otras eran fin para y motor del arte.

La cuestión queda abierta, ¿qué movimiento habría surgido de una relación entre aquella 'mujer surrealista', inspiradora nata  y el cubista malagueño?

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