Sherlock Holmes y el doctor Watson inmortalizados en Moscú

En Moscú, junto al nuevo edificio de la embajada británica, se alza un monumento a los famosos personajes. Fuente: Culture.ru

En Moscú, junto al nuevo edificio de la embajada británica, se alza un monumento a los famosos personajes. Fuente: Culture.ru

En Moscú, junto al nuevo edificio de la embajada británica en Smolénskaya Naberezhnaya, se alza un monumento insólito dedicado a la famosa pareja de personajes de la literatura inglesa: Sherlock Holmes y el doctor Watson.

Su inauguración, en abril de 2007, coincidió con el 120º aniversario de la publicación del primer libro de Arthur Conan Doyle, “Estudio en escarlata”, protagonizado por el genial detective. 

El autor de la escultura, Andréi Orlov, se inspiró, por una parte, en las originales ilustraciones de Sidney Paget, que fue el primero en dibujar a Holmes con su legendario sombrero de cazador de ciervos y, por otra, en las imágenes de los actores rusos Vasili Livánov y Vitali Solomin, que dieron vida a estos célebres personajes en una serie de televisión soviética. 

Entre 1979 y 1986 se filmaron cinco capítulos sobre las aventuras de Sherlock Holmes. Dirigidos por Ígor Máslennikov, se ganaron el amor y el reconocimiento no sólo en Rusia sino también en Inglaterra. En 2006, la reina Isabel II concedió a Vasili Livánov el título de Caballero de la Orden del Imperio Británico por interpretar “al Holmes más convincente del cine internacional”. 

En Rusia, la famosa pareja de Conan Doyle siempre ha sido considerada la personificación del irreprochable estilo inglés. Una mente brillante, un humor sofisticado, un sentido de autocrítica, una visión aristocrática del mundo, una integridad a prueba de bombas, un estilo sublime. Esta imagen del gentleman británico se convirtió en un referente para muchos.

 Rusia e Inglaterra. Una larga historia. 

A lo largo de los siglos, contribuyeron a la comprensión mutua entre rusos e ingleses no solo las figuras literarias y los vínculos culturales sino también la proximidad de los puntos de vista sobre ciertas cuestiones de política internacional. 

1698, año en que Pedro el Grande visitó las islas británicas, marcó el inicio de una nueva época de relaciones diplomáticas y comerciales entre ambos países. Después de firmar un acuerdo comercial en 1736, Inglaterra y Rusia lucharon juntas durante la Guerra de los Siete Años. 

Las relaciones se enfriaron durante el reinado de Catalina la Grande, pues la soberana no veía con buen ojo la “campaña americana” de George. 

 

 

Más tarde, sin embargo, volvieron a unir fuerzas para luchar contra la Revolución Francesa y de nuevo en la guerra contra Napoleón.  Todo ello dio origen a una ola de anglofilia en los círculos diplomáticos rusos, y el entusiasmo por “todo lo inglés” se desató en el seno de la alta sociedad de San Petersburgo. 

Pero, a principios del siglo XIX, la simpatía mutua dio paso otra vez a la desconfianza. Acababa de volver de Europa Alejandro I, donde lo habían honrado como el vencedor de Napoleón, cuando en Londres estalló una oleada de rusofobia por la intervención de Rusia contra la insurrección polaca de 1830-1831. 

Para Inglaterra, Rusia se convirtió durante un tiempo en el principal enemigo. Pero no tardó mucho en aparecer un enemigo común en la forma del Imperio Otomano. Y también las giras de los Ballets rusos en Londres contribuyeron al acercamiento de ambas potencias y anularon el mito de una Rusia bárbara y despiadada que amenazaba Europa. 

El viaje a Europa de Nicolás II y su esposa Alejandra en 1896 fue coronado con una visita a la reina Victoria, abuela de Alejandra. Como resultado del acuerdo anglo-ruso de 1907, ambas potencias se convirtieron en aliadas en el bloque militar y político de la Entente, que las unió durante la Primera Guerra Mundial. 

Sherlock Holmes. Fuente: culture.ru

Todavía hoy Rusia y Gran Bretaña son dos figuras relevantes y socios potenciales en el escenario mundial. Prueba de ello es este monumento erigido en honor de Sherlock Holmes y el doctor Watson, que permanece apostado frente a la embajada británica. 

¿Qué hacer cerca del monumento? 

  1. Si necesitas tomar una decisión importante o resolver un problema complejo, siéntate entre los dos detectives y coloca la mano sobre el cuaderno de Watson. Por el contrario, no se debe tocar la pipa de Sherlock Holmes: conforme a la superstición de Moscú, podría acarrear desagradables consecuencias.
  2. Pasea a lo largo del edificio de la embajada y observa el minimalismo del proyecto arquitectónico diseñado por Richard Burton. La idea principal del monumento es poner de manifiesto la proximidad entre las culturas rusa e inglesa, que se expresa, por ejemplo, mediante la mezcla de materiales tradicionales, como la madera y la piedra, con materiales ecológicos utilizados por diseñadores británicos en el diseño de interiores. A la inauguración oficial del 17 de mayo de 2000 asistió la princesa Ana de Inglaterra. El primer ministro de Inglaterra, Tony Blair, dijo sobre el edificio: «No solo será una ventana británica a la Europa oriental, sino también una ventana rusa a Gran Bretaña». 

 

Anglófilos rusos y dandies.

 En el siglo XIX, una ola de anglofilia se desató en las capitales de Europa, incluidas San Petersburgo y Moscú. Desde la década de 1840, no solo se puso de moda leer a Walter Scott y Dickens, sino también viajar a las Islas Británicas. A su regreso, los condes Piotr Shuvalov, Mijaíl Vorontsov, y los príncipes Golitsyn crearon jardines ingleses, llenaron sus residencias de objetos británicos coloniales e invitaron a personalidades británicas a sus salones. 

Después del incendio del barrio alemán de Moscú en 1812, los protestantes se reunieron en casa de la famosa anglófila Anna Golitsyna, en Tverskaia. En la misma época, a los jóvenes nobles, siguiendo los pasos  de Pushkin, les gustaba asombrar a la sociedad imitando a los dandies ingleses Byron y Brummell. 

Algunos extravagantes, al volver de Londres vestidos con fracs elegantes y corbatas almidonadas, llevaban las botas de montar al revés y hablaban con acento inglés, representando a los extranjeros, de lo cual habla M. Pyliaev en su libro sobre la aristocracia rusa, “Admirables extravagantes y originales”. 

Artículo publicado originalmente en Culture.ru