Una vida nómada

Dentro de la gran yurta del Museo de las Culturas Nómadas de Moscú. Fuente: Vadim Kantor.

Dentro de la gran yurta del Museo de las Culturas Nómadas de Moscú. Fuente: Vadim Kantor.

Visita al museo de las culturas nómadas de Moscú, donde podemos practicar el tiro con arco, montar a caballo y sentarnos dentro de una yurta kirguís.

En Moscú hay un lugar en el que es posible sumergirse en un mundo completamente desconocido para la mayor parte de nosotros: se trata del mundo de los pueblos nómadas. En el pasado, las comunidades humanas solían desplazarse continuamente, deteniéndose solo algunas veces para reponer fuerzas comiendo y descansando. Con el paso del tiempo, el número de pueblos nómadas se ha reducido y hoy quedan solo poquísimos grupos étnicos que aún conservan este estilo de vida errante, desconocido para la mayoría. El "Museo de las Culturas Nómadas" de Moscú viene a llenar esta laguna en nuestro saber.

El museo lo fundó en 2004 el profesor de geografía Konstantín Kuksin, directamente en el patio de la escuela en la que trabajaba. El primer objeto de la exposición fue una yurta mongola que el maestro construyó junto con sus alumnos a la vuelta de un viaje a Mongolia. Posteriormente, de otras expediciones se trajeron otras yurtas, tiendas, jarangas y viviendas tradicionales, reconstruidas a partir de dibujos. 

Ahora el museo acoge más de 20 tipos de tiendas y viviendas, entre las que se cuentan yurtas para huéspedes, una gran yurta mongola llamada "Gengis Khan", un templo budista, una cabaña de chamán, una tienda de la tribu nenet, una jaranga chuchka, una tienda tuareg y otra beduina y otra yurta kirguís. Están en fase de construcción una barraca gitana, un tipi indio y una tienda tibetana.

Cada una de estas yurtas o tiendas es como un museo en sí misma. El museo es interactivo y es posible tocar y manejar casi cualquier cosa. Además, en cada una de las viviendas se puede saborear una bebida típica de cada uno de estos pueblos. Es posible incluso tirar con arco y montar a caballo, ya que la escuela posee sus propias cuadras.

Una yurta sobre ruedas

Una yurta sobre cuatro ruedas. Fuente: Vadim Kantor

Las ruedas permiten transportar la yurta sin tener que desmontarla, sirviéndose de una yunta de bueyes de tiro. Se trata de una estructura que tiene más de un siglo y que ha llegado a nuestros días gracias a los dibujos de algunos viajeros europeos. Fue precisamente gracias a estos diseños como pudo ser reconstruida. En la actualidad, estas particulares yurtas han vuelto a ponerse de moda en Mongolia, donde a menudo se emplean como cafeterías para atraer a los turistas con su aspecto insólito.

Una cuna janti

 La cuna de los jantis, un grupo étnico que vive en Janti-Mansisk, un distrito autónomo históricamente conocido con el nombre de Yugra, en Rusia. Fuente: Vadim Kantor

En estas particulares cunas los niños de las poblaciones nómadas del norte transcurrían su primer año de vida, hasta que crecían demasiado para dormir dentro. La estructura de la cuna, construida en madera, se cubre durante el invierno de una gruesa funda de piel. Por lo general, el padre la construía para el primogénito. Duran decenios y a menudo niños de varias generaciones duermen en una misma cuna, que perteneció a sus padres cuando eran bebés. Puede colgarse en el interior de una tienda o arrastrarse enganchada a un trineo.

Kisi, calzado invernal típico de los jantis

 Un par de kisi de mujer. Fuente: Vadim Kantor

Las kisi se fabrican con resistentes tiras de cuero, que se sacan de las patas de los renos. Se ponen junto con los kizhi, unos típicos calcetines de piel. La suela se impregna de grasa para impermeabilizarla cuando se camina por la nieve. Los kisi de mujer son diferentes de los masculinos no solo por el tamaño, sino también por la decoración.

Una yurta mongola

Mobiliario de madera de una yurta mongola moderna. Fuente: Vadim Kantor

A diferencia de los ganaderos de renos del norte, que se desplazan buscando pastos cada 3-5 días, los pastores nómadas mongoles mueven su tienda solo cuatro veces al año, según las estaciones. Además de los muebles de madera, en las yurtas mongolas modernas se ven con cierta frecuencia televisores con su antena parabólica al lado. La comida se prepara bien al aire libre, bien dentro de la tienda, sobre un hogar llamado talga. Para lavar la vajilla se utilizan pieles de erizos muertos que los niños encuentran en la estepa.

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Una jaranga chukcha


 Pieles y prendas de piel en las tiendas de Chukotka. Fuente: Vadim Kantor

Los chukchi son una población rusa que habita en la Siberia nordoriental, en el distrito autónomo de Chukotka. La jaranga chukcha se diferencia de las tiendas de otras tribus, como los nenets, tanto por su forma como por su estructura interior. En Chukotka, los inviernos son muy fríos; por tanto, las cabañas invernales son dobles: dentro de la jaranga se levanta otra tienda, hecha de piel de reno. Por tanto, si una vez dentro de esta burbuja de pieles, uno se mete en un saco de piel vuelta forrado de pieles, el kukul, entonces se puede incluso dormir desnudo. Las comidas se pueden preparar en el exterior de la tienda, en una pequeña hoguera rodeada de un círculo de piedras sobre el que se cuelga una olla.

Una yurta kirguís

 La yurta kirguís. Fuente: Vadim Kantor

La yurta kirguí está hecha de fieltro. En invierno, la tienda se recubre con una triple capa de fieltro y en verano, solo con una. El suelo y las paredes se aíslan aún más del frío mediante alfombras. Los utensilios domésticos se guardan en baúles. La yurta kirguí del museo es una tienda de huéspedes y, como tal, se utiliza para acoger a los visitantes y a menudo se celebran fiestas en su interior.

Bastón de un chamán chukcho

Un colmillo de morsa (arriba) decorado con una tradicional escena de caza y pesca, y un baculum (abajo). Fuente: Vadim Kantor

Este bastón está realizado en un material insólito para nosotros, pero bastante común para las tribus de Chukotka: el baculum, un hueso que se encuentra en el pene de muchos mamíferos, entre ellos la morsa.

El baculum de la morsa puede alcanzar el medio metro de longitud y se considera un amuleto, con efectos benéficos sobre la capacidad reproductora masculina. Por este motivo ha sido elegido como material para revestir el bastón de los chamanes de la tribu.

Artículo publicado originalmente en ruso en Moskóvskie Nóvosti