El otro Rasputín

Uno de los personajes más misteriosos y controvertidos de la historia moderna rusa tiene un museo privado en su pueblo natal. Fuente: wikipedia / Focus Storia n. 68, p. 30

Uno de los personajes más misteriosos y controvertidos de la historia moderna rusa tiene un museo privado en su pueblo natal. Fuente: wikipedia / Focus Storia n. 68, p. 30

Antiguamente la carretera de Tobolsk atravesaba el pueblo de Prokóvskoie. Las ventanas de la casa de Grigori Rasputín daban a esa carretera que ahora queda fuera de las lindes de la aldea. Tampoco existe la casa del místico, que llegó a ser consejero del zar Nicolás II, pero muy cerca de ese lugar, existe un museo dedicado a unos de los rusos más famosos del mundo.

En la entrada del museo hay una piedra grabada con una cita del diario del último emperador ruso: “En el pueblo Prokóvskoie engancharon de nuevo a los caballos. Estuvimos mucho rato parados, precisamente delante de la casa de Grigori (Rasputín)”.

Transcurridos dos meses de aquella parada real, Nicolás II, su querida esposa Alexandra, cuatro princesas, el zarévich Alexis, y tres de sus criados fueron asesinados en el sótano de la Casa Ipatiév en Ekaterimburgo.

En el año 1991, Vladímir y Marina Smirnov abrieron un museo privado, después de adquirir la vieja casa de dos plantas en el pueblo Prokóvskoie (en la región de Tiumen), donde vivieron los padres del "ruso más conocido del mundo",  en palabras de los Smirnov.

El museo tiene dos habitaciones no muy grandes, que alberga una colección heterogénea y numerosa de objetos, fotografías y documentos únicos, que desde 1970 los Smirnov han ido localizando en distintos archivos. Otras reliquias las han adquiridos en subastas de Sotheby’s y  algunas han sido donaciones de antepasados y personas que conocieron al “gran místico ruso”.

Cuando murió Grigori Rasputín, su familia fue desterrada a Salejard, y sus pertenencias fueron confiscadas por el Comité de la pobreza rural que se encargó de repartir el botín entre los “suyos”. Los museólogos Smirnov encontraron el listado de personas que habían compuesto aquel comité y fueron visitando a los descendientes que se quedaron en Prokóvskoie. De esta manera localizaron varios objetos singulares propiedad de la familia Rasputín: una mesa vienesa, un espejo, una fuente con el monograma de Alexandra Fiódorovna, una campana para llamar a la puerta y otras cosas que habían formado parte de la vida cotidiana del starets (místico y consejero) imperial.          Además, en la colección del museo hay botellas de vodka “Rasputín” y varios volúmenes que versan sobre su vida, algunos estudios científicos, y hasta recetas de cataplasmas y pócimas, cuya autoría también se le atribuye. Todo lo relacionado con su vida ha sido siempre fuente de leyendas y  especulaciones literarias.

Los Smirnov descubrieron la fecha exacta del nacimiento del starets. Vladímir Smirnov recurrió al Registro civil de Yarkovski, en la región de Tiumen. En el libro de registro de nacimientos, con fecha del 9 de enero del 1869, hay una anotación del sacerdote Titov: “En el pueblo Prokóvskoie, en la familia del campesino Yefim Yakovlevich Rasputín y su esposa, los dos ortodoxos, ha nacido el hijo Grigori”. Vladímir nos cuenta muy orgulloso:  "La Enciclopedia Británica nos envió el certificado que confirmaba que habían corregido su fecha de nacimiento"

Lo más anecdótico del trabajo del matrimonio Smirnov es la cantidad de falsos descendientes de Rasputín que les han ido a ver. Se han dado por vencidos y han dejado de registrar la tipología de “descendientes”, “directos” y “fuera del matrimonio” del barbudo místico ruso. Vladímir Smirnov habla de ello con ironía: "Después de la saga Romanov, con Marías, Anastasias y Alexis, que se salvaron de manera milagrosa, ahora les toca el turno a los descendientes de Rasputín.

De los tres hijos que tuvo el matrimonio Rasputín, tan solo María tuvo descendencia. Dmitri y su mujer no tuvieron hijos, murieron durante el asentamiento de la familia en Salejard. La otra hija, Varia no llegó a casarse, murió en Moscú de tifus en 1925, está enterrada en el cementerio de Novodévichi. 

María Rasputina y su marido, oficial de la guardia blanca, huyeron a París. Tras la muerte de su marido, para mantener a sus dos hijas pequeñas,  María trabajó como domadora de circo. Al público le gustaba ver su nombre en la cartelera “María Rasputina”.

En el año 2005, la biznieta de Rasputín, la francesa Lorans Io-Solovioff, que vive en París, viajó hasta Prokóvskoie para donar al museo álbumes de fotografías y documentos auténticos. Es curioso que Lorans esperara a cumplir 60 años para hacer pública la identidad de su abuelo paterno.

La opinión de Vladímir Smirnov sobre Rasputín está muy alejada de la imagen “cliché” de bebedor y libertino que en general se tiene de él. “Rasputín construyó con su dinero una iglesia en Prokóvskoie, fundó una sociedad de abstemios, ayudó a los pobres, enseñó a sus hijos a dar limosna, no utilizaba en la alimentación carne ni productos lácteos, realizó peregrinajes a muchos lugares sagrados cristianos, entre los cuales el Monasterio de las cuevas de Kíev y el Santo Sepulcro en Jerusalén. Siendo una persona iletrada, se sabía de memoria la escritura sagrada y la interpretaba de forma tan metafórica que dejaba estupefactos a los jerarcas eclesiásticos y a la familia real...”

Al igual que su vida, también su muerte está salpicada de datos contradictorios llenos de misterio. Grigori Rasputín fue asesinado en Petersburgo la noche del 17 de diciembre de 1916, víctima de una conspiración urdida por Félix Yusúpov, el gran duque Dmitri Pavlovich, el miembro de la Duma, Vladímir Purishkiévich y el espía británico MI-6, Oswald Rainer, entre otros. Al principio se pensó que lo habían envenenado echándole cianuro en la comida, pero en la autopsia no se encontraron restos del veneno en cuestión. En opinión de Smirnov, a Rasputín le golpearon con brutalidad y le dispararon en la cabeza, en el abdomen y en la espalda. Después de muerto, lo maniataron, lo envolvieron en una cortina, y lo arrojaron al río Neva desde el puente de los suicidas.

Cuando por orden del emperador, rescataron el cuerpo del agua, dicen que sus manos estaban desatadas, y que tenía la mano derecha en alto como si hubiera querido santiguarse. Según otras fuentes, para cuando los asesinos lanzaron el  cuerpo al agua, Rasputín ya estaba muerto.

Precisamente días antes de morir, Rasputín tuvo la suerte de encontrarse con el propio San Juan de Kronstadt. El padre Juan preguntó al starets: “¿Cuál es tu apellido?”. Y cuando él contestó: “Rasputín” el padre le dijo “Mira, tu apellido te traerá tu destino”. Y así fue.